Médicos acusados de contagiar a miles con HIV y Hepatitis C, sobreseídos en Argentina

El juez federal Claudio Bonadio volvió a sobreseer a cuatro médicos de la Fundación de la Hemofilia en la causa que se los investigaba por el contagio de miles de pacientes con HIV y Hepatitis C.

Para Bonadio la situación no se trató de un “delito continuado” ni de lesa humanidad, con lo cual se habilitaría la permanencia de la causa.

En tanto, el abogado Gonzalo Giadone denunció penalmente al juez Bonadio por prevaricato (tomar decisiones contrarias a derecho), desobediencia por no acatar un fallo de la Sala I de la Cámara Federal de Casación Penal que en 2015 había dicho que se debía investigarse la causa y elevar a juicio oral.

Fuentes judiciales informaron que el magistrado volvió a sobreseer al considerar que pese al número de pacientes afectados, no se trataba de un “delito continuado” ni de lesa humanidad con lo cual habilitaría la permanencia de la causa.

Bonadio consideró que la causa estaba prescritpo por el paso del tiempo.

La causa se inició en 2006 donde y el Cuerpo Médico Forense informó que sobre los factores analizados “se detectó el virus de la Hepatitis C y no se detectó HIV”, aunque este último dato “podría ser por el tiempo transcurrido y el modo de conservación de las muestras”.

La contaminación se produjo durante la década del ´80 y ´90, cuando los médicos Raúl Pérez Bianco y Miguel De Tezanos Pintos; y los directos de la Fundación de La Hemofilia, Eduardo Cordero Biedman y Eduardo Alfredo Díaz, sabían ya en ese momento que los preparados coagulantes sanguíneos a bases de miles de donantes estaban contaminados con HIV y Hepatitis.

Todo ello pese a que existía una advertencia de la Federación Mundial de la Hemofilia y de la Agencia Federal de Salud de los Estados Unidos para que no se utilizaran esos concentrados.

Los afectados, según la querella, fueron unos 1200 por Hepatitis C y por otro lado unos 497 infectados con HIV, más allá que los imputados reconocieron poco más de 200 afectados.

“Pido que el juez Bonadio sea apartado de la causa porque estaba violando garantías constitucionales de enfermos terminales y del derecho a la verdad, pese a que hay una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por denegación de Justicia”, dijo el abogado Giadone.

“De la causa madre solamente quedan dos hemofílicios con HIV vivos, pues todos los demás fallecieron con el paso del tiempo esperando que el juez hiciera Justicia, lo que nunca hizo”, agregó el letrado que representa a todos los afectados junto con Máxima Medina.

Edición : Hepatitis 2000

Fuente:Agencia Nova

Fibrosis hepática se podría revertir con tratamiento

Investigadores españoles han descubierto mecanismos involucrados en la progresión de la fibrosis hepática –asociada a cirrosis y cáncer de hígado– e identificado inhibidores farmacológicos que ayudarían a combatirla.

Una investigación realizada por científicos españoles ha descubierto que determinados cambios químicos de las proteínas del hígado están involucrados en la progresión y regresión de la fibrosis hepática como condición clínica previa al desarrollo de cirrosis y cáncer de hígado. Además, los estudios que se han llevado a cabo para concluir este trabajo han permitido identificar inhibidores farmacológicos de este mecanismo –algunos de los cuales actualmente incluidos en ensayos clínicos en fase II para el tratamiento del cáncer– que podrían emplearse para combatir la fibrosis hepática.

El estudio, cuyo objetivo era avanzar en el tratamiento de la fibrosis hepática (una acumulación de tejido cicatricial en el hígado) y paliar sus graves consecuencias, se ha publicado en Hepatology, una prestigiosa revista médica, y ha sido realizado por investigadores de CIC bioGUNE y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD), gracias a la colaboración de organizaciones sin ánimo de lucro y de numerosas donaciones anónimas, entre otras fuentes de financiación.

La doctora María Luz Martínez Chantar, una de las investigadoras que ha liderado el trabajo, ha señalado que la fibrosis hepática es una enfermedad compleja que afecta a muchos tipos de células presentes en el hígado. En el nuevo estudio –explica la experta– han observado que se producía un incremento de algunos cambios químicos de las proteínas hepáticas de estos distintos tipos de células durante la progresión de la fibrosis, por lo que el empleo de inhibidores químicos que previniesen dichos cambios conllevaría una mejoría generalizada de los hepatocitos –el principal tipo de células hepaticas–, junto a un descenso de la producción de sustancias nocivas por parte de las células estrelladas del hígado.

La fibrosis hepática se asocia a la progresión de la enfermedad crónica del hígado, que puede desembocar en cirrosis, o cáncer de hígado, un tipo de tumor que se estima que causa alrededor de 600.000 muertes al año en el mundo. En la actualidad, además, este tipo de cáncer no solo se relaciona con la hepatitis vírica, que hasta ahora constituía el principal factor de riesgo para su aparición, sino también con la diabesidad, o combinación de obesidad y diabetes tipo 2, que ha provocado un significativo aumento del cáncer de hígado en los países desarrollados, a pesar de los avances farmacológicos en el tratamiento de la hepatitis C.

Edición Hepatitis 2000

Fuente:inmedicohospwebconsultas

Después de los AAD para hepatitis C, negativizado y en purgatorio MELD

Las personas en lista de espera para trasplante hepático y que negativizan con los antivirales de acción directa ( AAD), generalmente mejoran la función hepática y se reduce la puntuación que le da prioridad en la lista. Este momento se conoce como “purgatorio MELD”, ya que la persona sigue necesitando el trasplante.

Como considerar estas situaciones ante la lista de espera para trasplante , cuando es el mejor momento para administrar el tratamientos, antes o despues del trasplante y el impacto real sobre la disminución de mortalidad de personas en lista de espera luego de la llegada de los AAD, fueron analizados en estudios que se presentaron en 67 Encuentro Anual de la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas que se realizó en Boston a fines del año pasado.

En este encuentro concluyeron que las personas que han logrado curar la infección por el virus de la hepatitis C (VHC) con los nuevos tratamientos basados en antivirales de acción directa (DAA, en sus siglas en inglés) y que se encontraban en fases muy avanzadas de la enfermedad hepática experimentarían una reducción notable del riesgo de tener que recibir un trasplante hepático y/o de fallecer mientras permanecen en la lista de espera. Un análisis relacionado identificó el mejor momento para recibir el tratamiento frente al VHC cuando una persona está en lista de espera de trasplante.

Tras una larga evolución que puede llevar décadas, la infección por el VHC puede conllevar el desarrollo de cirrosis hepática (que puede progresar hasta una descompensación hepática) y/o la aparición de cáncer hepático. Ambas condiciones pueden precisar de un trasplante hepático. Sin embargo, curar la infección por el VHC tras un tratamiento exitoso puede ralentizar, detener e incluso revertir la progresión de la enfermedad hepática.

La llegada de tratamientos altamente efectivos libres de interferón, acaecida en los últimos dos años, ha supuesto un cambio de paradigma en el campo de la hepatitis C. No obstante, a pesar de su fuerte impacto sobre las tasas de curación, es de esperar que su capacidad para reducir las tasas de trasplante hepático o las de fallecimiento por descompensación hepática sea más visible a medio que a corto plazo. Aun teniendo en cuenta este razonamiento, un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford (EE UU) se propuso evaluar las tasas de mortalidad de las personas con cirrosis hepática descompensada en lista de espera de trasplante antes y después de introducir las terapias libres de interferón.

El análisis incluyó a más de 20.000 candidatos a trasplante hepático con enfermedad hepática terminal que se encontraban registrados en la base de datos de la Red para la Obtención y Trasplante de Órganos de EE UU (OPTN, en sus siglas en inglés).

Los participantes fueron clasificados en 3 cohortes:

Cohorte 1 (6.002 integrantes, de los cuales 2.410 tenían el VHC): Personas en lista de espera de trasplante a 1 de enero de 2004.

Cohorte 2 (6.598 integrantes, de los cuales 2.416 tenían el VHC): Personas en lista de espera de trasplante a 1 de enero de 2009.

Cohorte 3 (8.779 integrantes, de los cuales 2.783 tenían el VHC): Personas en lista de espera de trasplante a 1 de enero de 2014.

Solo en el caso de los integrantes de la última cohorte existían los regímenes de antivirales de acción directa.

Globalmente, el 35% de los candidatos a trasplante tenía el VHC. Cerca del 30% de cada una de las cohortes estaba formada por personas con hepatopatía alcohólica y la proporción de personas con esteatosis hepática no alcohólica (NASH, en sus siglas en inglés) aumentó de la primera a la tercera cohorte (0,3 y 17,2% de los participantes de las dos cohortes, respectivamente).

La puntuación promedio según la escala MELD (siglas en inglés de modelo de enfermedad hepática terminal, una herramienta que permite calcular y clasificar la gravedad de los candidatos a trasplante de hígado en lista de espera) fue superior -lo cual indica un peor estado de salud- en la cohorte 3 que en las otras dos cohortes.

El porcentaje de personas con el VHC que abandonaban la lista de espera de trasplante aumentó cuanto más tiempo llevaban las personas esperando (6,3% de las personas de la cohorte 1; 4,2% de aquellas de la cohorte 2; y 2,7% de aquellas de la cohorte 3). El 0,3% de las personas con el VHC integrantes de la cohorte 1; el 1,6% de las de la cohorte 2; y el 2,2% de las personas con el VHC de la cohorte 3 abandonaron la lista de espera por no necesitar ya el trasplante.

La mortalidad a 1 año fue un 10% inferior en la cohorte 2 a la registrada en la cohorte 1 y un 22% inferior en la cohorte 3 a la observada en la cohorte 2. Ambas diferencias fueron estadísticamente significativas. Como la reducción de la mortalidad a 1 año fue muy inferior entre las cohortes al tener únicamente en cuenta los datos de personas sin el VHC, los investigadores concluyeron que las mejoras en los tratamientos frente al VHC serían los principales causantes de la reducción de la mortalidad observada entre personas con el VHC .

La tendencia a una menor mortalidad fue más evidente entre aquellas personas con peor función hepática (puntuaciones más elevadas en la escala MELD). Así, en personas con puntuación superior a 20 la reducción de la mortalidad a 1 año fue del 43% al comparar la cohorte 3 con la cohorte 2.

Entre las personas con el VHC de la cohorte 1, la pérdida de función hepática anual fue de 4,39 puntos en la escala MELD; en la cohorte 2 dicha pérdida anual fue de 3,70 puntos; y el la cohorte 3 fue de 2,40 puntos. Ello apunta hacia una progresión de la enfermedad hepática más lenta cuanto más reciente fuera la cohorte Dado que en personas sin el VHC no se observó dicha tendencia, las mejoras en los tratamientos frente al VHC serían, como en el caso anterior, los principales responsables de la ralentización de la progresión observada.

En un segundo estudio relacionado, investigadores estadounidenses analizaron las tendencias en la lista de espera de trasplantes para explorar el impacto potencial del tratamiento con DAA.

Los autores del estudio usaron datos del Registro Científico de Receptores de Trasplantes, un organismo de apoyo al OPTN. Finalmente fueron incluidas 47.500 personas que estuvieron en lista de espera de trasplante en algún momento del periodo comprendido entre 2003 y 2015. Se definió enfermedad hepática descompensada si la persona tenía una puntuación superior a 15 según la escala MELD o recibía el diagnóstico de cáncer de hígado.

Los participantes fueron reagrupados en tres grupos en función de si estuvieron en la lista de espera entre 2003-2010 (época del interferón pegilado), 2011-2013 (época de los inhibidores de la proteasa [IP] de primera generación) o 2014-2015 (terapias con DAA sin interferón).

La probabilidad de que las personas con el VHC se encontraran en lista de espera por enfermedad hepática descompensada disminuyó en un 5% en la época de los IP de primera generación y en un 32% en la época de los DAA sin interferón (ambas diferencias alcanzaron valores estadísticamente significativos).

En el caso de las personas con VHB se observó una disminución del 24% en el número de personas en lista de espera por enfermedad hepática descompensada (debido, probablemente, a las mejoras en el tratamiento acaecidas durante la última década), mientras que en el caso de personas con NASH dicho porcentaje aumentó en un 81%.

El último de los estudios sobre los trasplantes hepáticos asociados a la hepatitis C en el contexto actual de los DAA se centró en establecer el momento óptimo para tratar a las personas con cirrosis hepática descompensada.

La perspectiva de una mejora en la función hepática tras curar la hepatitis C con DAA, que podría llevar a una reducción de la puntuación según la escala MELD, es, en ocasiones, una dificultad añadida para las personas con cirrosis hepática descompensada, ya que dicha mejora retira prioridad a su trasplante pero sin eliminar la necesidad de realizarlo.

Para evitar quedarse en ese estadio -conocido como el “purgatorio MELD”- el estudio intentó identificar qué personas con cirrosis hepática descompensada se beneficiarían de un tratamiento con DAA antes del trasplante.

Los investigadores utilizaron un modelo matemático para simular los hipotéticos resultados del tratamiento en diversos escenarios, tomando como datos de partida los ensayos clínicos que llevaron a la aprobación de sofosbuvir/ledipasvir (Harvoni®).

El modelo desarrollado, conocido como SIM-LT, tomó en cuenta diversas variables tales como las de tipo demográfico, tasas de eficacia del tratamiento, cambios en la puntuación MELD derivados del tratamiento, probabilidad de trasplante, cambios en las listas de espera, tasas de mortalidad, calidad de vida y disponibilidad de órganos.

Los perfiles de paciente utilizados fueron los de personas con una mediana de la edad de 50 años; VHC de genotipo 1 o 4 y una puntuación en la escala MELD comprendida entre 10 y 40.

El modelo predijo que la esperanza de vida posterior al trasplante se incrementaría en personas con puntuaciones entre 10 y 27 según la escala MELD si recibían el tratamiento antes del trasplante . En cambio, si se trataba antes del trasplante a personas con puntuaciones entre 30 y 40 se observaría una reducción en la esperanza de vida tras el trasplante hepático .

El tratamiento previo al trasplante también incrementó los años de vida ajustados por calidad de vida tras el trasplante en personas con una puntuación de hasta 27 según la escala MELD.

El punto de corte en la escala MELD para decidir si tratar a la persona antes del trasplante varió en función de la región sanitaria estadounidense por causa del tiempo de espera hasta el trasplante previsto en cada una de ellas. Así, en la región 3, con tiempos de espera más cortos, el punto de corte sería de 23 y en la región 9, con tiempos de espera más prolongados, el punto de corte sería de 27.

Edición: Hepatitis2000
Fuente: AASLD Liver Meeting Abstract 55- Abstract LB-23. Gttvih

Muchas personas con enfermedad renal crónica pueden tener también hepatitis C

La prevalencia de personas con enfermedad renal crónica y hepatitis C alcanza el 80% en algunas regiones del mundo.

Estudiar la mejor opción de tratamiento para las personas con enfermedad renal crónica y HCV y analizar como encontrar a las personas no diagnosticadas aún con hepatitis C, han sido los temas centrales de un encuentro de expertos que tuvo lugar el 4 de febrero en Valladolid.

La Asociación Castellano Leonesa de Hepatología y la Sociedad Castellano-Leonesa-Cántabra de Medicina Interna reunieron por primera vez fuera del ámbito hospitalario a los profesionales de ambas especialidades con el objetivo de revisar las novedades sobre el estado de las infecciones víricas que afectan al hígado.

La realidad de estos especialistas ha estado marcada estos dos últimos años por los nuevos antivirales de acción directa del virus de la hepatitis C (VHC). Con una capacidad para eliminar de forma sostenida la replicación viral en el 85-100% de los casos, la importancia de estos tratamientos se puede comparar con “los tratamientos antibióticos que se desarrollaron con el descubrimiento de la penicilina”, según el doctor Carlos Dueñas, presidente de la Sociedad Castellano Leonesa Cántabra de Medicina Interna y co-director de la jornada. Además, estos medicamentos aportan mayor comodidad para los pacientes, ya que su duración es más corta y apenas tienen efectos secundarios.

Después de la llegada de los nuevos tratamientos, el nuevo reto de los hepatólogos pasa por “tratar a todos los pacientes diagnosticados y localizar a los no diagnosticados”, tal y como indica el doctor Federico Sáez-Royuela, presidente de la Asociación Castellano Leonesa de Hepatología y co-director de la jornada.

Para aflorar esta “infección oculta” es clave concienciar a las poblaciones prioritarias que hayan podido estar en contacto con el VCH- sobre la necesidad de realizarse una prueba de detección, así como formar a los médicos de atención primaria para que puedan detectar posibles casos ocultos de hepatitis C y derivarlos al especialista. De esta manera se podría estar más cerca de la erradicación de la hepatitis C, un objetivo ya contemplado por el Plan Estratégico para la hepatitis C y la Organización Mundial de la Salud.

El diagnóstico precoz es fundamental si se tiene en cuenta que una hepatitis C crónica no controlada adecuadamente puede avanzar a estadios más graves. Cuando la hepatitis C progresa, produce fibrosis en el hígado. Entre el 10% y 20% de los pacientes desarrollan cirrosis a los 20-30 años desde el momento de la infección. Asimismo, la hepatitis C es la causa del 25% de los casos de cáncer de hígado.

Enfermedad renal crónica
La jornada ‘Juntos hacia la erradicación de la hepatitis C’ también abordó la situación de los pacientes infectados por el VHC con enfermedad renal crónica, que alcanza tasas de prevalencia de hasta el 80% en algunas regiones del mundo.
Estos pacientes representan un problema complejo para los médicos, sobre todo aquellos en los que la enfermedad renal está avanzada y el virus es de los genotipos 2 ó 4 o tiene cirrosis compensada.
Actualmente, algunos pacientes con hepatitis C crónica y ERC grave, en particular los infectados por los GT2 y GT3 del VHC, no tienen acceso actualmente a antivirales de acción directa (AAD). Por ello, los especialistas coinciden en que sigue siendo un objetivo el desarrollo de nuevos tratamientos capaces de tratar a estas personas.

Nuevas opciones de tratamiento estarán disponible para este segmento de personas con enfermedad renal crónica en los próximos años, ya que se está investigando intensamente y hay algunas combinaciones que se podrían disponer el próximo año en algunos países.

Edición: Hepatitis 2000
Fuente: 20minutos.es

Mitos y pseudoterapias para el cáncer

Las pseudoterapias alejan a los pacientes del tratamiento del cáncer

“Estaba harta de ver cómo engañaban a las personas con cáncer”.dijo en una entrevista, Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac) .

Cuando se recibe el diagnóstico de una de estas enfermedades, lo que menos se necesita es interferencias, falsos consejos y, mucho menos, timadores. Con esa idea la asociación ha publicado Mitos y pseudoterapias, un compendio en el que analiza 28 pseudoterapias (al menos en lo que se refiere al cáncer) y hasta 78 mitos (esa supuesta sabiduría popular que, con más o buenos buena intención, todos los afectados oyen alguna vez y que no tiene base científica alguna).

“Para los mitos nos basamos en nuestro conocimiento, porque son cosas que se oyen en la calle. Para las pseudoterapias hemos buscado a expertos de la Asociación para Proteger al Paciente de Terapias Pseudocientíficas, de la que soy miembro a título individual”, explica Barragán. “Por eso esa parte está referenciada, con citas que avalan cada una de las informaciones”, añade.

La relación parece exhaustiva: desde la homeopatía a la acupuntura, del reiki a la naturopatía, con inclusiones llamativas como el psicoanálisis –”una aproximación filosófica al estudio de la mente humana que nunca se ha comportado como un programa de investigación científica”, cita Ángelo Fasce, filósofo de la Ciencia, máster en Neurociencia Básica y Aplicada–, la osteopatía o la programación neurolingüística, entre otros.

En la mayoría de ellas, la conclusión es que no han demostrado ser de ninguna ayuda. En alguna otra, como la terapia neural, se recogen posibles daños. Pero hasta las más inocuas aparentemente tienen sus riesgos. “El otro día vino a la asociación un hombre con un cáncer de pulmón que había ido a un acupuntor y había salido con una sepsis generalizada“, cuenta Barragán. “Traía una bolsa llena de hierbas y otros productos, muchos de ellos muy caros”, afirma.

La presidenta de Gepac insiste en dos tipos de terapias: las dietas anticáncer –”no por peligrosas, sino porque son una moda sin sentido”– y las de tipo neurológico, como la de bioemoción, que afirman que el cáncer es una manifestación de desequilibrios del paciente. “Encima, resulta que tenemos la culpa de estar malos”, se irrita Barragán.

Además de este repaso a pseudoterapias, el libro recoge muchas frases hechas que no tienen fundamento. En línea con el aspecto mental que preocupa a Barragán, están el de que “tener una depresión aumenta el riesgo de tener cáncer” y que “una actitud positiva o negativa determina el riesgo de cáncer o las posibilidades de curación”, por ejemplo.

“Y la lista suma y sigue. Ahora se ha recuperado el antiguo Bio-bac, llamándolo Renoven”, sin más aval que el que le dan los propios fabricantes, dice Barragán. Se trata de un falso medicamento prohibido en 2003. “Las pseudoterapias salen como setas”, asegura, y por eso ya están preparando una segunda edición del libro.

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Edición : Hepatitis 2000
Fuente: elpais