Una enfermera y una doctora padecen cáncer y ayudan a sus pacientes

Su experiencia con la enfermedad les permitió tener mayor empatía con los enfermos y ayudarlos durante el diagnóstico y tratamiento

Cuando las nuevos pacientes se preocupan por no saber cómo superarán el cáncer de mama, Cindy Davis toma su mano y les dice: “Lo sé, pero quiero decirte que realmente lo sé, porque pasé por esto hace dos años“.

“Sus ojos se iluminan y me preguntan ¿En verdad?’“, dice Davis, de 54 años. “De repente, soy un ser humano. Ya no sólo la enfermera“.

Tener cáncer de mama no detuvo a Davis para que siguiera con su trabajo en el Departamento de Oncología Médica del Centro de Cáncer Anderson en la Universidad de Texas, en Houston. Tampoco detuvo a la doctora Kimberly Allison, una patóloga de la Universidad de Washington a quien se le diagnosticó cáncer de mama, una condición por la que pasan una de cada 8 mujeres.

Estas dos mujeres continuaron con sus esfuerzos para mejorar la salud de otros mientras pasaban por una terapia de cáncer ellas mismas. La enfermedad cambió la forma en que ven su trabajo y les permitió entender a los pacientes de una nueva forma.

“Hubo momentos en que lloré con los paciente. Lloras con ellos, rezas con ellos, compartes su esperanza. Rezas por sus familias. Es un trabajo difícil, pero es muy gratificante“, dice Davis.

¿Qué voy a hacer?

El viaje a través del cáncer de Davis inició en el año 2000, cuando trabajaba como gerente de casos en una importante aseguradora, a los 43 años. Su primera mamografía identificó un pequeño tumor en primera fase. Ella se asustó porque en ese tiempo no sabía mucho acerca del cáncer, pero los médicos la tranquilizaron y le dijeron que era tratable, pues se diagnosticó en una etapa temprana. Tuvo una lumpectomía, una biopsia del ganglio linfático, radiación y medicamentos, que al parecer eliminaron la enfermedad.

Su carrera la condujo al centro Anderson hace unos 10 años, donde trabajó en varias divisiones antes de llegar al centro de mama, que se convirtió en su lugar favorito para ser enfermera.

En 2009 se tomó una radiografía y, por solicitud del médico, una tomografía computarizada. La tomografía encontró un posible cáncer metastásico de pecho, en etapa cuatro, en su cadera.

Davis sabía lo que eso podría significar: morir en dos años.

El día posterior a su primer tratamiento de quimioterapia su novio la llevó al bar donde tuvieron su primera cita, se arrodilló, abrió un estuche de joyería y le enseñó un anillo, y comenzó a cantar la canción That’s All de Michael Bublé.

“Yo dije, “˜No, no entiendes lo que significa el cáncer en etapa cuatro. No sabes lo que se avecina y yo sí. Es más de lo que sabes. Él seguía diciendo “˜no me importa. Te amo. No tengo una vida sin ti’“, recuerda Davis.

Dennis y Cindy Davis se casaron mientras ella pasaba por los tratamientos de quimioterapia y tuvo que usar una peluca en su boda.

Davis no notó que su cabello se caía hasta que viajaron en un crucero a México. Mientras se peinaba, se comenzaron a caer por puñados, y comenzó a llorar. Pero Dennis ya lo sabía, y lo limpiaba para que su esposa no lo viera.

“Eso es lo que te hace ser una mujer: tener senos, cabello, uñas. Cuando te los quitan, te sientes como una cosa’“, dice. “Cada vez que te ves al espejo es un recordatorio: “˜tengo cáncer’“.

Ahora Davis se relaciona muy bien con sus pacientes. Los insta a comprarse pelucas bonitas y les recomienda la tienda donde compró la suya, y la tienda de bufandas de Anderson.

“Sólo tienes que mantener tu cabeza erguida e intenta reír“, dice. “Así es como pude pasar por esto: con muchas oraciones y muchas risas“.

Hubo días durante el tratamiento en los que apenas podía caminar, mientras que otros días, iba al trabajo y lloraba por sus pacientes y por ella en su camino a casa. Su esposo le sugirió renunciar, pero, más allá del dinero y de los beneficios del seguro, Davis quería dejar de pensar en sus propios problemas ayudando a los demás.

“No eres la enfermera que sólo dice: ‘está bien, esto es lo que hacemos para los efectos secundarios’. Puedes decir: “˜bueno, esto es lo que hice: cuando mis uñas comenzaron a cambiar, me puse barniz para uñas’. Les doy consejos“.

Su tratamiento terminó en diciembre de 2009. Las citas para la quimioterapia eran los viernes a las cinco de la tarde, para que ella pudiera seguir en su trabajo y tener los fines de semana para recuperarse, a pesar de que tuvo que faltar algunos días, cuando se sentía mal.

Actualmente, las tomografías de Davis sugieren que derrotó al cáncer. Está emocionada, pero no puede evitar tener una sensación de culpa.

“Cuando veo a mis pacientes y uno de ellos no va bien, pienso “˜¿Por qué a mí me va tan bien y a ellos no?“, dice. “Pero lo acepto, cualquiera que sea la razón. Lo agradezco todos los días“.

El lado amable de la quimioterapia

Era uno de los tumores más grandes que la doctora Kimberly Allison había visto como patóloga. Y era en su propio pecho.

El hijo de siete meses de Allison todavía estaba siendo amamantado cuando notó en la parte superior de uno de sus pechos se veía ligeramente más firme que el otro.

“Mis pobres colegas tenían que venir y darme la noticia“, dice. “Me sentía como Alicia en el país de las maravillas. Era raro, no es algo que esperas que te ocurra a ti, menos cuando te especializas en diagnosticar algo“.

Resultó que la enorme masa era cáncer en etapa tres y ya abarcaba gran parte de su pecho, por lo que sólo extirparlo no era una opción. Requirió de seis meses de quimioterapia para poder reducirlo antes de pasar a cirugía.

“Mi director me preguntó después del diagnóstico: “˜¿Todavía te quieres especializar en cáncer de mama?’“, recuerda. “’Podemos hablar acerca de cambiarte a otro campo diferente si esto es demasiado difícil. ¿No prefieres el área de próstata?’“.

Pero Allison se negó a abandonar su trabajo.

“Quería seguir con la investigación que realizaba. Me sentía todavía más comprometida para continuar con el cáncer de mama porque ahora sabía lo que era pasar por el tratamiento y a través de toda la experiencia desde el lado del paciente“, dice.

El tratamiento contra el cáncer es difícil, pero no fue tan terrible como pensaba  que sería.

“Intenté pensar que era como mi tratamiento de spa“, dice sobre la quimioterapia. Y los tratamientos se volvieron oportunidades para pasar tiempo de calidad con su esposo, quien había estado ocupado con su restaurante que había abierto poco antes de su diagnóstico.

El diagnóstico inicial de Allison fue en marzo de 2008, y ahora está libre del cáncer. La experiencia la hizo buscar el contacto con los pacientes, ya que sus primeras interacciones como patóloga son con los médicos. Escribió un libro con sus recuerdos que fue publicado recientemente, Red Sunshine, como una forma de llegar a los pacientes, y se reúne regularmente con supervivientes de cáncer mientras realiza lecturas de su libro.

Ahora le enseña a sus residentes a que obtengan resultados que sean precisos y rápidos, ya que Allison recuerda la ansiedad de tener que esperar el reporte en donde se le informó del cáncer que crecía en su cuerpo.

“Ahora sé por lo que pasan, y mientras escribo el informe en donde les doy el diagnóstico les quiero decir que sé que les va a cambiar totalmente su vida y que me gustaría poder estar ah퓝.

Por Elizabeth Landau – En CNN Salud – 07 de noviembre de 2011 – nota completaFoto: Cindy Davis/Ryan Allison

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