La hepatitis C en la vida de una estrella del Rock de EEUU

Alejandro Escovedo, estrella del rock de Texas – EEUU, cuenta su historia de vida con la hepatitis C.

Alejandro Escovero – Foto Matt Condon

Desde que se desmayó en el escenario en 2003 a causa de la hepatitis C, Alejandro Escovedo ha pasado tanto tiempo hablando de su salud como de su música en las entrevistas.
Pero ahora su voz tiene un tono optimista y hasta alegre.
Luego de un largo y difícil camino de varios tratamientos,muy caros en su país; hoy  y finalmente curado en sus giras de concierto siempre habla de su experiencia para hacer conciencia y promover la detección temprana. El aclamado rockero texano de 67 años  en estos momentos está haciendo una gira a nombre de una Fundación estadounidense contra el cáncer, cuya misión es alertar al público sobre la relación entre los virus y el cáncer.

“Esquivé la bala por un pelo”, dice. “Cuando uno pasa por algo así y ha visto a tantos amigos morir de cáncer, hace lo que sea por crear conciencia”.

El año pasado Escovedo fue nombrado vocero nacional de Think About the Link, la campaña de prevención e información de la fundación en torno a tres virus vinculados al cáncer: hepatitis B, hepatitis C y papiloma humano (VPH).
“Alejandro es un ejemplo maravilloso para que la gente entienda que la hepatitis C es un asesino silencioso, pero que ahora existen tratamientos curativos”, dijo la presidenta de Prevent Cancer Foundation Carolyn “Bo” Aldigé, quien fundó la organización en 1985.

“Él trae el muy positivo mensaje de que toda persona de cierta edad o factor de riesgo debe hacerse la prueba”.
Transmitida a través de sangre contaminada, la hepatitis C puede causar cáncer de hígado si no se le da tratamiento.
Los doctores ahora aconsejan que las personas nacidas entre 1945 y 1965 se hagan la prueba, puesto que los baby boomers tienen cinco veces más probabilidades de estar infectados del virus que otros adultos.

La cuestión es que una persona puede guardar el virus por años sin que manifieste síntomas.

Pocas opciones
En ese tiempo las opciones de tratamiento eran limitadas, y Escovedo siguió con su gira a todo vapor. Entonces, en 2003, empezó a vomitar sangre antes de subir al escenario en Phoenix.
No sabe cómo, pero logró terminar su presentación y se desmayó cuando descendía del escenario.
Unos amigos lo llevaron a un hospital, donde los médicos le dijeron que el virus le había causado una cirrosis hepática avanzada.

También le dieron un fatídico diagnóstico: le quedaba un año de vida; tal vez menos.

Escovedo tomó el fármaco interferon hasta que sus efectos secundarios le fueron insoportables. Entonces recurrió a la meditación, a las hierbas medicinales y a la acupuntura para mitigar los síntomas.
Mientras tanto, varios colegas suyos aportaron para ayudarle a pagar sus gastos médicos por medio de un álbum a beneficio titulado Por Vida: A Tribute to the Songs of Alejandro Escovedo.
Contra toda expectativa, la hepatitis C del cantante nunca se convirtió en cáncer de hígado, e incluso logró estabilizar su condición lo suficiente para reanudar su carrera.

Pero aún seguía luchando contra la fatiga, aunada a un síndrome de estrés post traumático que él y su esposa, Nancy, sufrían a raíz de que experimentaran el devastador huracán Odile en 2014 cuando estaban en una casa de playa en México, en su luna de miel.
Por fin, en 2015 recibieron una buena noticia cuando un doctor le recetó Harvoni y Olysio, dos nuevos medicamentos que estaban dando buenos resultados contra la hepatitis C.

“Al cuarto día de tomarlas, me levanté de la cama como vuelto a nacer… me sentía con mucha energía”, dice. “En seis meses ya había desaparecido por completo… fue una cura total”.

Seguir adelante
Dos años después aún está asombrado de su recuperación. En 2015 dejaron su vieja casa cerca de Austin para instalarse en un apartamento en el Hotel Belmont de Oak Cliff, luego de que Nancy fuera contratada como estilista para Queen of the South, una teleserie que se filmó en Dallas.

“Verdaderamente es un milagro, ¿no?”, dice acerca de haberse liberado de la hepatitis C. “Es uno de esos momentos en que uno llora de alegría”.
Su ánimo se nubla un poco cuando toca hablar de que está batallando para pagar las medicinas que quizá le salvaron la vida.

“Tuvimos que andar rogando… fueron u$80,000 por seis meses de medicinas”, dice.

Para mí eso es un pecado, un crimen. El gobierno debería hacer más para hacerlas más asequibles, y nosotros tenemos que hacer labor de concientización para lograr cambios en el futuro”.
Sin embargo, por el momento se aboca a la tarea que tiene enfrente: crear conciencia sobre la importancia de vacunarse y prevenir el cáncer a tiempo, especialmente entre los hispanos, que sufren de un índice de hepatitis C más alto que el resto de la población estadounidense.

“Por su propia cultura, los latinos tienden a no ir con el doctor. Nos enseñan a no hablar ni aprender de estas cosas”, dice.

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Edición : Hepatitis 2000
Fuente:Al día Dallas

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