
La relación entre diabetes y enfermedades del hígado suele analizarse desde el diagnóstico de diabetes hacia el hígado. Pero también es importante mirar en sentido contrario: una persona con hepatitis, hígado graso o cirrosis puede presentar alteraciones de la glucosa que todavía no conoce. Detectarlas a tiempo permite mejorar el seguimiento y brindar una atención más integral.
¿Qué sucede cuando una persona tiene una enfermedad del hígado y todavía no sabe que también tiene una alteración de la glucosa?
La pregunta es importante porque la diabetes tipo 2 puede desarrollarse durante años sin producir síntomas evidentes. La prediabetes también puede pasar inadvertida. Por eso, una persona puede llegar a una consulta por una enfermedad hepática y desconocer que presenta, al mismo tiempo, una alteración de su metabolismo de la glucosa.
Detectarla tempranamente puede permitir iniciar controles y medidas de cuidado antes de que aparezcan complicaciones.
Hígado y metabolismo de la glucosa: una relación que va en ambos sentidos
El hígado cumple un papel fundamental en la regulación de la glucosa y en el metabolismo de nutrientes. Por eso, cuando existe una enfermedad hepática, pueden producirse alteraciones que afectan el equilibrio de la glucosa.

Pero la relación también funciona en sentido contrario.
La diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina están estrechamente relacionadas con la enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica, conocida actualmente como MASLD. Esta denominación reemplazó al término utilizado anteriormente, enfermedad del hígado graso no alcohólico o NAFLD. En las personas con diabetes, la presencia de MASLD es muy frecuente y puede aumentar el riesgo de desarrollar formas más avanzadas de enfermedad hepática. Al mismo tiempo, las personas con MASLD tienen mayor riesgo de progresar desde prediabetes hacia diabetes tipo 2.(Diabetes Journals)
Por eso, no se trata solamente de preguntar si una persona con diabetes tiene problemas en el hígado. También es importante preguntarse si una persona con una enfermedad hepática presenta una alteración de la glucosa que todavía no fue detectada.
Un problema que puede permanecer en silencio
Un estudio publicado en Diabetes Care analizó a 118 personas con enfermedad del hígado graso y realizó pruebas específicas para conocer su metabolismo de la glucosa. El resultado fue llamativo: el 85% presentaba prediabetes o diabetes tipo 2, frente al 30% del grupo de comparación.
Lo más significativo para el enfoque de este artículo es que ninguna de las personas con enfermedad hepática estudiadas sabía que tenía una alteración del metabolismo de la glucosa antes de realizarse las pruebas. Los autores señalaron, precisamente, la importancia de realizar una detección temprana de diabetes tipo 2 en personas con enfermedad del hígado graso. (PubMed)
Este resultado no significa que el 85% de todas las personas con hígado graso tenga diabetes o prediabetes. Se trata de los resultados de un estudio realizado en un grupo específico de pacientes. Pero permite comprender algo fundamental: una enfermedad hepática puede ser el contexto en el que se descubra una alteración metabólica que hasta ese momento permanecía oculta.
¿Y qué ocurre con la hepatitis C?
La relación también ha sido estudiada en personas con hepatitis C.
La infección crónica por el virus de la hepatitis C se ha asociado con resistencia a la insulina y con un mayor riesgo de diabetes tipo 2. A su vez, las alteraciones de la glucosa se han relacionado con algunos resultados hepáticos desfavorables, como una mayor progresión de la fibrosis. (PubMed)
Esto refuerza la importancia de que el seguimiento de una persona con hepatitis C no se limite exclusivamente al control de la infección y del estado del hígado. También puede ser necesario prestar atención a su salud metabólica.
Además, la eliminación del virus mediante los tratamientos antivirales actuales puede producir cambios favorables en el metabolismo de la glucosa, lo que constituye otro motivo para que el seguimiento sea integral.
Cuando la enfermedad hepática está más avanzada
A medida que una enfermedad hepática progresa, las alteraciones del metabolismo de la glucosa también pueden adquirir mayor importancia.
Una fuente de la Federación Mexicana de Diabetes señala que más del 60% de las personas con cirrosis pueden presentar intolerancia a la glucosa y que entre el 10% y el 15% pueden presentar diabetes. En personas con hígado graso, esa misma fuente informa porcentajes elevados de intolerancia a la glucosa y diabetes. (Diabetes MX)
Más allá de las cifras concretas —que pueden variar según la población estudiada y el método utilizado—, el concepto que merece atención es que las alteraciones de la glucosa pueden acompañar a las enfermedades hepáticas y no siempre son reconocidas a tiempo.
Detectar antes de que aparezcan los síntomas
La diabetes tipo 2 puede permanecer durante mucho tiempo sin síntomas claros. Por eso, esperar a que una persona tenga sed excesiva, orine con frecuencia o presente otros signos característicos puede significar perder una oportunidad de diagnóstico temprano.
Los estándares actuales de la American Diabetes Association recomiendan realizar pruebas para detectar prediabetes y diabetes tipo 2 en personas asintomáticas que presentan determinados factores de riesgo. Entre las condiciones asociadas con resistencia a la insulina se encuentra específicamente MASLD. Para la detección pueden utilizarse, según cada situación clínica, la glucemia en ayunas, la hemoglobina glucosilada (HbA1c) o una prueba oral de tolerancia a la glucosa.
Por eso, cuando una persona consulta por una enfermedad hepática, conocer su situación metabólica puede formar parte de una mirada más completa de su salud.
Dos enfermedades, una persona
Cuando una persona tiene simultáneamente una enfermedad hepática y diabetes o prediabetes, las dos condiciones no deberían abordarse como si fueran completamente independientes.
El seguimiento puede requerir la participación coordinada de distintos profesionales: atención primaria, hepatología, diabetología o endocrinología, nutrición y otros especialistas según las necesidades de cada persona.
Las recomendaciones actuales de atención de la diabetes ponen cada vez más énfasis en este enfoque interdisciplinario. En personas con diabetes o prediabetes y riesgo de enfermedad hepática metabólica se recomiendan estrategias para identificar el riesgo de fibrosis y, cuando corresponde, realizar estudios adicionales o derivar a un especialista en enfermedades hepáticas. (Diabetes Journals)
La atención integrada también permite acompañar mejor a la persona en aspectos que van más allá de un resultado de laboratorio: alimentación, actividad física, medicación, controles, adherencia a los tratamientos y calidad de vida.
Una oportunidad para cuidar de manera integral

Buscar una posible alteración de la glucosa en una persona con enfermedad hepática no significa que todas las personas deban realizarse los mismos estudios ni que una enfermedad hepática implique necesariamente diabetes
Significa algo más sencillo y preventivo:
si existe una relación conocida entre ambas enfermedades, vale la pena considerar esa relación en la atención médica.
Una consulta por hepatitis, hígado graso, cirrosis u otra enfermedad hepática puede convertirse también en una oportunidad para preguntar por la salud metabólica y detectar a tiempo una condición que la persona todavía desconoce.
El objetivo no es sumar diagnósticos, sino evitar diagnósticos tardíos y acompañar mejor a quienes viven con más de una condición crónica.
Porque cuando hígado y metabolismo están relacionados, la atención también debería poder mirar a la persona en forma integral
.Para recordar
Si una persona tiene una enfermedad hepática, también es importante conocer cómo está su glucosa. Si tiene diabetes o prediabetes, también es importante cuidar la salud de su hígado.
Y cuando ambas condiciones están presentes, el seguimiento coordinado puede contribuir a una atención más completa y a una mejor calidad de vida.
Editorial: Hepatitis 2000



