Los riesgos de usar sitios de Internet como un médico virtual

salud-en-internet-consultas-medicasPueden contener intereses comerciales y llevar al paciente a la automedicación.

Hacer una lista de los síntomas y apretar “enter“ a ver qué sale. Ingresar en Google los resultados del análisis clínico para desencriptarlo. Volver del médico con un diagnóstico y entrar a la Web para saber de qué se trata. Hoy, buscar información de salud en Internet es un fenómeno que no para de crecer. Lo hacen cuatro de cada cinco usuarios de la Web, según el informe 2011 del Pew Internet & American Life Project.

Es que el doctor virtual postula una oferta inmejorable: está en casa, atiende las 24 horas y basta con escribir algunas palabras para encontrar la receta contra cualquier molestia. Los sitios son infinitos: blogs de pacientes, redes sociales, artículos de médicos, foros de apoyo y más.

Los médicos aceptan que revertir este hábito es una batalla perdida y se aprestan para asumir un rol de guía, que ayude a los pacientes a discernir qué es útil y qué es puro palabrerío.

“El principal atractivo es la velocidad: obtener la información inmediatamente. El costo va de la mano de la rigurosidad científica, la reflexión y la contextualización a la realidad de ese paciente“, advierte la doctora Cecilia Nine, médica clínica del Hospital Alemán.

Los peligros de dejarse llevar por la corriente informativa virtual son muchos: quedar atrapado en intereses comerciales, que se usen o se difundan los datos personales registrados o caer en la automedicación. “Sucede, por ejemplo, con la hormona de crecimiento, que se aplica en tratamientos antiage. Se vende a través de Internet un producto chino que no es confiable –cuenta el doctor Rubén Mühlberger, cirujano y especialista en antiaging–. También pasa con los medicamentos que potencian el sexo, evitan la caída del pelo o rejuvenecen al instante“.

Para encontrar información de calidad en Internet, la doctora Gisela Di Stilio, colega de Nine en el Hospital Alemán y autora de un trabajo sobre el tema, aconseja optar por páginas en español, para evitar malas traducciones, que estén dirigidas a pacientes y que se aclare la auditoría de las notas, las fuentes, la fecha de actualización y la financiación del sitio.

Por su parte, el doctor Ariel Melamud, pediatra y coordinador del grupo de informática de la Sociedad Argentina de Pediatría, recomienda fijarse si la página tiene “sellos de calidad“. Por ejemplo, el de la Health on the Net Foundation (HON) o la acreditación para webs médicas que otorga el Colegio Médico de Barcelona.

También resultan confiables los sitios avalados por sociedades científicas reconocidas. “Significa que el sitio cumple con normas básicas: que se establece el autor, la fecha de la información, que no hay vínculos comerciales, que los consejos que se dan no tienen intención de vender, entre otros“, enumera Melamud.
Por último, lo ideal es contrastar todo el material bajado de la Web con el médico, que, según Nine, “debe seguir siendo la fuente de información principal“. Esto pasa poco y no siempre por culpa del paciente: “Los médicos a veces no tienen tiempo y no le dan espacio a la persona para chequear el material que trajo. El paciente va a buscar la información igual, así que lo ideal sería que el profesional adoptara una función docente para guiarlo“, enfatiza el doctor Melamud.

El doctor Mühlberger concluye que el médico tiene la responsabilidad de estar al tanto de lo que circula en Internet y también en las redes sociales, para adelantarse, alertar a los pacientes o modular sus hallazgos. En cuanto a los pacientes, “que bajen lo que les interesa de la Web y que lo traigan, que lo leemos juntos“, pide el cirujano.

Claves para mantener la guardia en alto
Considerar la fuente. ¿Quién se encarga del contenido? Busque la sección “Sobre nosotros“ y verifique si es un organismo gubernamental, una ONG, un laboratorio o un médico. Ponga énfasis en la calidad. ¿Examinan los datos antes de publicarlos? Vea si los editores son expertos en el tema. Busque una descripción del proceso de selección o de aprobación de la información.

Sea escéptico. ¿Es demasiado bueno para ser verdad? Desconfíe siempre de la redacción sensacionalista (muchos signos de exclamación, por ejemplo) y visite más de un sitio Web.
Busque evidencias. Una investigación médica de fondo. Rastree al autor de la información. Revise si la información es actual. Tenga cuidado con las parcialidades. ¿Cuál es el fin del sitio? ¿Quién paga por el portal? Si hay publicidad, que esté rotulada como “anuncio“ o “de nuestro sponsor“.

Proteja su privacidad. La información de salud debe ser confidencial. Si hay un formulario para registrarse, fíjese qué preguntas debe responder. Lea la política de privacidad del sitio. Consulte al médico. Debe conocer los sitios que visitamos.

Por Mariana Israel – Especial para Diario Clarín – Argentina – 16 de abril de 2012 – Nota completa

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