
La hepatitis D (también llamada hepatitis Delta) es la forma más severa de infección viral del hígado. Aunque es mucho menos conocida que la hepatitis B o la hepatitis C, representa el mayor riesgo de evolucionar hacia cirrosis y cáncer hepático. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha clasificado recientemente como una enfermedad con potencial cancerígeno, subrayando la urgencia de mejorar su detección y prevención.
A diferencia de otros virus, el de la hepatitis D necesita la presencia del virus de la hepatitis B para replicarse. Esto significa que una persona solo puede contraer hepatitis D si ya está infectada con hepatitis B o si se expone a ambos virus simultáneamente. Una vez que ocurre la coinfección o la sobreinfección, ambos virus pueden replicarse de manera independiente, aumentando el daño al hígado
Un virus dependiente, pero muy peligroso
El virus de la hepatitis D tiene una composición genómica diferente a la de la hepatitis B, aunque comparten vías de transmisión: exposición a sangre infectada, procedimientos médicos inseguros, uso compartido de agujas y, en menor medida, transmisión sexual.

En décadas pasadas, no era raro que algunas personas se infectaran con ambos virus, incluso en momentos diferentes. En la actualidad, gracias a la vacunación contra la hepatitis B, la incidencia de la coinfección ha disminuido, pero no ha desaparecido.
En Argentina, la prevalencia estimada de hepatitis B es baja (0,8 %), pero la hepatitis D sigue presente y puede causar complicaciones graves. Entre 2014 y 2023 se registraron 6 muertes por hepatitis D, la mayoría en la provincia de Santa Fe, y en todos los casos se trató de personas adultas, muchas con enfermedad hepática avanzada
Prevención: la vacunación contra la hepatitis B es la clave
La hepatitis D no tiene una vacuna propia, pero puede prevenirse indirectamente vacunándose contra la hepatitis B. Esta estrategia ha reducido de manera importante la incidencia en los grupos de edad más jóvenes. Sin embargo, preocupa que en los últimos años haya disminuido la cantidad de personas vacunadas contra la hepatitis B en Argentina, lo que podría favorecer un repunte de casos y, con ello, de hepatitis D.

Mantener y ampliar las campañas de vacunación es fundamental para evitar no solo la infección por hepatitis B, sino también sus complicaciones asociadas, incluida la hepatitis Delta.
Síntomas: una enfermedad silenciosa
Al igual que muchas enfermedades hepáticas, la hepatitis D suele ser silenciosa. Muchas personas no presentan síntomas hasta que la enfermedad está avanzada.
En casos de sobreinfección (una persona con hepatitis B crónica que adquiere hepatitis D), pueden aparecer ictericia, fatiga intensa, náuseas o alteraciones en los análisis de función hepática.

La única forma de confirmarla es a través de pruebas específicas. Por eso, todos los pacientes diagnosticados con hepatitis B deben ser evaluados para hepatitis D, incluso si no presentan síntomas.
Complicaciones y riesgo de cáncer
La hepatitis D es la infección viral del hígado que más rápidamente puede conducir a cirrosis y enfermedad hepática terminal. Estudios recientes señalan que el riesgo de cáncer de hígado en personas con hepatitis D puede ser entre tres y cuatro veces mayor que en quienes solo tienen hepatitis B.
De cada diez pacientes diagnosticados en el mundo, entre cuatro y cinco ya tienen una enfermedad hepática avanzada al momento del diagnóstico, lo que evidencia la importancia del cribado temprano.
Tratamientos: avances recientes
Durante años, la hepatitis D fue una enfermedad sin opciones terapéuticas efectivas. Los medicamentos para hepatitis B no son eficaces contra el virus Delta, y el tratamiento con interferón ofrecía tasas de respuesta bajas (alrededor del 25 %) y con efectos adversos importantes.
En los últimos tres años, la aprobación de la bulevirtida ha supuesto un cambio: este antiviral específico disminuye la replicación del virus D, mejora la función hepática y presenta buena tolerancia en un número significativo de pacientes.
Un llamado a la acción
La OMS ha instado a que los sistemas de salud incorporen el cribado sistemático de hepatitis D en todas las personas diagnosticadas con hepatitis B. También enfatiza la necesidad de mantener la vacunación contra la hepatitis B como la principal medida preventiva.
En Argentina, fortalecer las campañas de información, mejorar el acceso a pruebas y garantizar la vacunación universal son pasos urgentes para evitar que esta enfermedad siga siendo una amenaza silenciosa.
La hepatitis D puede ser minoritaria, pero su impacto es desproporcionadamente alto. Prevenirla, diagnosticarla y tratarla a tiempo salva vidas.
Fuente : OMS





