Un pinchazo cambió mi vida

Ana Isabel Salegui tiene 58 años y trabaja como enfermera de urgencias desde 1973. Las terceras jornadas sobre la seguridad frente al contagio sanguíneo en el ámbito sanitario clausuradas en el hospital Reina Sofía la trajeron ayer a Córdoba desde Plasencia para ofrecer su testimonio como víctima en 1991 de un accidente con una aguja infectada. Sin pelos en la lengua, Ana Isabel relató al personal sanitario presente en el salón de actos su historia personal, envuelta en una serie de reivindicaciones concretas para los profesionales de la enfermería, que según indicó, sufren en todo el mundo más de 800.000 pinchazos o cortes accidentales al año.

"En 1991, no existían los actuales dispositivos de seguridad ni había registros de salud laboral. Las agujas debían taparse con un capuchón, pero yo no acerté y me inoculé sangre con VIH, VHC y VHB en una mano". Según relata, aquel accidente le cambió la vida. "Era el día de mi aniversario y el regalo que le hice a mi marido fue decirle que acababa de pincharme con una aguja infectada". La intervención de su pareja, médico internista, fue vital, ya que le recomendó someterse a un tratamiento profiláctico (AZT), por entonces experimental, con el que se sospechaba que se podía actuar sobre el avance de los anticuerpos. Ana Isabel tuvo que esperar dos largos años para saber que el contagio no se había producido. A pesar de que la actuación inmediata y la suerte la salvaron del virus, nadie pudo protegerla del rechazo y del cambio de actitud generado a su alrededor. "En mi pueblo, todo el mundo se enteró del accidente y sufrí muchos momentos de intolerancia, soledad y mentira", afirma, "de hecho, la etiqueta te queda para toda la vida porque si la discriminación y la hipocresía en el trato a personas con sida sigue siendo a día de hoy muy grande, imagínate en aquella época". Según su testimonio, "lo que más duele es que te traten de forma diferente, lo que lleva a muchos a no decir nada por temor a ser despedidos, hay mucho miedo".

Su espíritu de lucha la decidió a plantar cara a la gente y a ponerse en pie de guerra contra la estigmatización social. Así, lleva 20 años recorriendo España y Europa pidiendo una legislación y unos protocolos sanitarios que prevengan este tipo de accidentes. "El problema es que no hay percepción del riesgo, todo el mundo piensa que esas cosas no te pueden pasan a ti".

Esta enfermera, "activista en todos los sentidos", se ha convertido en una de las caras visibles de las víctimas de los accidentes de este tipo, que, según los últimos datos, siguen aumentando cada día en España y causando multitud de contagios de hepatitis C, B y de VIH entre el personal sanitario. A sus compañeros, les recomienda que sean valientes y no se callen. "Deben acudir a Salud Laboral, donde además de detectar o prevenir el posible contagio, le ayudarán psicológicamente".

Diario de Córdoba – 16 de enero de 2008 – Leer la nota completa

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