Un hígado de 80 años que funciona como uno de 20

Un equipo de EE UU coordinado por una española manipula genéticamente las células de ratas para frenar su envejecimiento

doctora Frenar el envejecimiento. Retrasar de alguna manera el reloj biológico a través de la manipulación genética. Es lo que ha logrado hacer con ratas un grupo multinacional de investigadores coordinados por la científica catalana Ana María Cuervo, de la Universidad Yeshiva de Nueva York. Una técnica que limpia las proteínas defectuosas de las células ha permitido a ratas ancianas tener el hígado de una adolescente. "Si lo comparamos con humanos, es como si hígados de 80 años funcionasen como unos de tan sólo 20", señala Cuervo a ELPAÍS.com.

Según la investigadora, desde hace tiempo se sabe que con la edad las proteínas dañadas se acumulan en las células. Pero no se sabía si eso era causa o consecuencia del envejecimiento. Los científicos han empleado la manipulación genética en ratones para mantener los niveles de esa proteína constantes durante toda la vida del ejemplar. "Mucha gente estudia el sistema de limpieza, pero hemos sido los primeros en poder repararlo", dice la investigadora, profesora desde hace siete años en el Albert Einstein College of Medicine en Nueva York.

Las conclusiones han sido publicadas en la revista Nature Medicine. Para llegar a los resultados, los animales pasaron por dos alteraciones genéticas. La primera estimula el número de receptores celulares encargados del reciclaje de las proteínas. La segunda permite que la primera sea accionada con sólo modificar la dieta del roedor. Los investigadores esperaron hasta que las ratas alteradas genéticamente tuvieron seis meses para activar el gen receptor; a esa edad empieza el declive del sistema de reciclaje proteico. A los dos años de edad, las células hepáticas de estas ratas eran mucho más eficaces a la hora de reciclar proteínas que las de ejemplares comunes.

La reducción de estas proteínas normalmente conduce a disfunciones en órganos vitales: el corazón, el hígado y el cerebro. El estudio muestra también que si mejora el funcionamiento del hígado también lo hace el de los demás órganos. "Reparando un elemento del sistema parece que los otros mejoran también y se acumula menos basura dentro de la célula. Todo funciona mejor", añade Cuervo.

Nada permite suponer que la técnica pueda ser trasladada inmediatamente a humanos, pero esto podría algún día ayudar a los seres humanos a lidiar con las enfermedades cerebrales progresivas, como el Alzheimer y el mal de Parkinson. "La manipulación genética no es lo que a mí me gustaría hacer en humanos. Estamos buscando compuestos químicos que tengan el mismo efecto que nuestro tratamiento.

Aunque aún no lo hemos publicado, cambiando las dietas a los animales también estabilizamos la proteína. Mejor que darles a nuestros ancianos una pastilla es intentar conseguir lo mismo con manipulaciones dietéticas", señala la investigadora.

El País – Sociedad – agosto de 2008 – Rodrigo Cavalheiro – Madrid – Nota e imágen

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