Transplante hepático por hepatitis C y ciclosporina

Transplante hepático por virus C y ciclosporina
28/12/2004

La ciclosporina puede ser una opción eficaz en pacientes con hepatitis C que están a la espera de un trasplante. Este tratamiento previene el rechazo del injerto e inhibe también la replicación del virus.

ISABEL F. LANTIGUA

Los pacientes con el virus de la hepatitis C (VHC) evolucionan peor y tienen más complicaciones a la hora de someterse a un trasplante. Una buena alternativa para ellos podría ser la ciclosporina, un inmunosupresor utilizado para la prevención del rechazo del injerto, que ha demostrado que inhibe también la replicación del virus.

En la actualidad, aproximadamente el 40% de los trasplantes hepáticos se practican debido a una insuficiencia hepática ocasionada por la infección por el VHC.

Para debatir la problemática del virus de la hepatitis C y sus patologías asociadas se ha creado el grupo pluridisciplinar Inter C Transplant, formado por expertos en trasplante hepático y renal.

Entre las cuestiones que ha destacado este equipo, que se ha reunido en Madrid, se encuentra la necesidad de hacer más investigaciones con ciclosporina, ya que al proporcionar al mismo tiempo inmunosupresión e inhibición en la replicación del virus C, podría ofrecer a estos pacientes un doble beneficio.

Sin embargo, aunque algunos estudios pequeños ya han mostrado la eficacia de ciclosporina en este tipo de pacientes y las expectativas son buenas “hay que ser prudentes y confirmar los resultados en estudios piloto antes de atrevernos a dar grandes titulares”, advierte el doctor José María Campistol, Jefe del Instituto de Nefro-Urología del Hospital Clínic de Barcelona.

De momento, la ciclosporina ha revelado sus efectos positivos en diversos trabajos que han investigado la replicación del VHC en modelos “in vitro” y con hepatocitos humanos aislados. Sin embargo, el Tacrolimus, otro importante inmunosupresor usado en el trasplante hepático, no ha demostrado ninguna capacidad para inhibir la replicación del virus en los mismos modelos.

Otro dato positivo de la ciclosporina es que también puede aumentar la respuesta del microorganismo al interferón en los pacientes con hepatitis crónica.

Además de la investigación, también “es fundamental aumentar el trabajo conjunto entre hepatólogos y nefrólogos para mejorar las condiciones de los pacientes con hepatitis C que esperan un trasplante”, explica la doctora Teresa Casanovas del Hospital Universitario de Bellvitge en Barcelona.

Terapia combinada

Uno de los estudios presentados en la reunión del grupo Inter C Transplant es el del doctor Kazuaki Inoue, médico adjunto del Departamento de Gastroenterología del Hospital Universitario Fujigaoka en Japón.

Partiendo de los datos que reflejan que sólo entre el 15% y el 20% de los pacientes con hepatitis C crónica responden bien a la terapia única con interferón, este experto ha comparado la respuesta de los enfermos al interferón sólo y a la terapia combinada de interferón y ciclosporina (que sustituye a la ribavirina, más habitual).

De un grupo de 120 pacientes con hepatitis C crónica, 44 recibieron el tratamiento a base de interferón y 76 fueron tratados con interferón y ciclosporina durante 24 semanas.

La investigación, que se desarrolló entre enero de 1998 y septiembre de 2001, demostró que la terapia combinada era más eficaz que el interferón en relación a la respuesta virológica y a la mejoría que los pacientes del grupo con ciclosporina experimentaron, mayor que el resto.

El beneficio del tratamiento combinado fue especialmente significativo en el caso de los pacientes con carga viral alta y con el genotipo 1 del virus de la hepatitis C, que es el que se asocia con la enfermedad hepática crónica más severa.

Se estima que unos 100 millones de individuos tienen hepatitis C en todo el mundo y entre el 20% y el 30% de ellos corren el riesgo de desarrollar cirrosis. Por eso, señala el doctor Inoue, el tratamiento es especialmente necesario para estos sujetos.

La terapia en pacientes positivos frente al VHC después del trasplante es, precisamente, para evitar el desarrollo de cirrosis y otras complicaciones extrahepáticas. En enfermos no trasplantados, el interferón y la ribavirina es la combinación empleada más habitualmente.

Perspectivas de futuro

Después de un trasplante hepático, es frecuente que el sujeto desarrolle, al cabo del tiempo, una cirrosis hepática. En el caso de los pacientes trasplantados con hepatitis C, la cirrosis aparece mucho antes que en otras personas. Por eso es importante encontrar tratamientos más eficaces para ellos.

La infección por VHC es bastante común en pacientes con diálisis. Sin embargo la incidencia del virus en esta población ha disminuido en los últimos años. Así, en 1989, año en que se descubrió este virus, un 35% de los pacientes en diálisis eran positivos mientras que hoy la cifra ha bajado hasta el 20%.

Pero, como explican los miembros del equipo Inter C Transplant, aunque la incidencia de la infección por VHC ha disminuido, la incidencia de infecciones agudas en el pasado (hasta 1990) es el principal determinante de la carga de morbilidad futura.

De hecho, el número de pacientes infectados aumentará notablemente hasta 2015 y se prevé que las complicaciones relacionadas con el VHC, la mortalidad y la necesidad de trasplante hepático aumenten en las próximas décadas.

Fuente : Recortes de Prensa

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