Transmisión intranasal del virus de la hepatitis C

Un estudio confirma que el VHC puede transmitirse compartiendo material usado para esnifar drogas

Fundamentalmente, el virus de la hepatitis C (VHC) puede transmitirse si la sangre de una persona infectada entra en contacto con la de una que no lo está. Además, la probabilidad de contraer la hepatitis C aumenta si el receptor tiene el VIH.
Inyectarse drogas con material compartido sin esterilizar, tatuarse o hacerse piercings con tinta o agujas no esterilizadas o practicar sexo sin protección figuran entre los factores de riesgo mejor conocidos . Sin embargo, un porcentaje de las infecciones por VHC es de origen desconocido.

Una de las hipótesis que se maneja desde hace tiempo es que este virus podría transmitirse mediante el uso compartido de material contaminado para aspirar drogas por la nariz (tubos, billetes, etc.). De confirmarse, esta vía de transmisión podría explicar parte de los casos de hepatitis C que no responden a los factores de riesgo tradicionales.

Según esta hipótesis, los instrumentos que se insertan en la cavidad nasal (erosionada por un consumo habitual) podrían entrar en contacto con mucosidad o sangre infectada por VHC, lo que explicaría la transmisión del virus a quien utilizase esos mismos instrumentos.
No obstante, hasta la fecha, los estudios epidemiológicos no han podido contrastar adecuadamente esta posibilidad, en parte debido a la elevada correlación entre la práctica de esnifar drogas y otros factores de riesgo para la infección por VHC.

Con vistas a dilucidar esta cuestión, un equipo estadounidense ha investigado si se dan las dos condiciones virológicas que harían posible la transmisión intranasal del VHC: en primer lugar, la existencia de ARN del VHC en las secreciones nasales de consumidores de droga que la inhalan por la nariz y, en segundo lugar, si el ARN del VHC puede transferirse a los instrumentos empleados para aspirar las drogas. Como objetivo secundario, han examinado las afecciones nasales que podrían facilitar la transmisión.

Los resultados han demostrado la plausibilidad, desde el punto de vista virológico, de la transmisión intranasal del VHC al descubrir la presencia de sangre y ARN viral tanto en las secreciones nasales como en el material utilizado por consumidores de drogas (cocaína, heroína y otras drogas en polvo) por vía intranasal.

El estudio, que va a publicarse en el número de octubre de la revista Clinical Infectious Diseases, incluyó a 38 usuarios de droga por vía intranasal con infección crónica y activa por VHC. Los participantes tenían bajos ingresos y eran en su mayoría hispanos y afroamericanos procedentes de un vecindario de la ciudad de Nueva York (EE UU) con una elevada prevalencia de la hepatitis C (hasta el 29%) entre los usuarios de drogas no inyectables.

Se recogieron muestras de sangre y dos muestras de secreción nasal (una por cada orificio) para el análisis. También se recogieron de cada participante dos pajitas nuevas de las que comúnmente se usan para esnifar drogas (se pidió a los voluntarios que inhalaran aire imitando lo que suelen hacer cuando esnifan droga).

El VHC del conjunto de participantes estuvo en un rango comprendido entre 250 y 5.000.000 copias/mL (mediana de 5.000 copias/mL). Se habían practicado recientemente biopsias hepáticas a seis pacientes, y todas indicaban enfermedad hepática crónica, con estadios entre 1 y 4. El nivel medio de alanina aminotransferasa (ALT), disponible para 17 pacientes, fue de 46,7 +/- 26,7 U/L (rango: 16-118 U/L). El 34% de los participantes tenía anticuerpos del VIH y el 45%, del virus de la hepatitis B.
Se detectaron rastros de sangre en 28 (74%) de las 38 muestras de secreción nasal (rango: 0,1-10 μg/mL) y en tres (8%) de los 38 instrumentos de inhalación (rango: 0.1-2 μg/mL). Asimismo, se detectó ARN del VHC en cinco muestras de secreción nasal (13%; rango del nivel de ARN del VHC: 10-100 copias/muestra) y en dos instrumentos de inhalación (5%; nivel de ARN del VHC: 50 y 100.000 copias/muestra).

Las estimaciones de prevalencia sugieren una gran discrepancia entre la presencia de sangre (74%) y la de ARN del VHC (13%) en las muestras de secreción nasal. De las cinco muestras de secreción nasal positivas al ARN del virus de la hepatitis C, sólo tres tuvieron rastros de sangre oculta; de las 28 muestras que contenían sangre oculta, veinticinco fueron negativas al ARN del VHC.
La prevalencia de rinitis en esta cohorte fue elevada (71%), en cambio, la de rinosinusitis (11%) coincide con la de la población general. Más del 40% de los participantes experimentó rinorrea o congestión nasal al menos una vez por semana, el 8% declaró hemorragias nasales como mínimo una vez por semana, y el 8 y el 16% declararon lesiones de la mucosa y costras, respectivamente. Cerca de la mitad de los voluntarios atribuyó estos síntomas al consumo intranasal de drogas. Se observó que cuatro personas (11%) presentaban perforaciones septales, una (3%) tenía una perforación nasopalatal y seis (16%) mostraban síntomas de deformación de la nariz en forma de silla de montar. Estas afecciones se han asociado con el deterioro avanzado de la cavidad nasal por el consumo crónico intranasal de drogas.

Según los investigadores, “este estudio demostró que tanto la sangre como los viriones del VHC pueden transferirse a instrumentos usados para inhalar durante el consumo intranasal de drogas“.

“La frecuencia e intensidad de las afecciones nasales observadas en esta cohorte -añaden- podría agravar las condiciones que facilitan la transmisión intranasal del VHC. Por consiguiente, estos resultados representan un importante respaldo para la hipótesis de la transmisión intranasal del virus de la hepatitis C.

Aunque son necesarias más investigaciones para confirmar estos resultados y determinar el peso de la transmisión intranasal en el conjunto de la epidemia de hepatitis C, es probable que esta práctica entrañe todavía un mayor riesgo de contraer el VHC para las personas con VIH.

*Referencias: Aaron S, McMahon JM, et al. Intranasal Transmission of Hepatitis C Virus: Virological and Clinical Evidence. Clinical Infectious Diseases. 2008; 47 (7): 931-934.

*Fuente: Reproducido por “Hepatitis C 2000“ bajo Creative Commons (CC) de “Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH“ (Gtt-VIH) , Pedro Pérez, Noticia del día, 16 de septiembre de 2008 – Link de la fuente

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