Steve Jobs agradece la donación que permitió el trasplante de hígado

Ahora tengo el hígado de una persona de unos 20 años que murió en un coche

Tras ser visto por la sede de la compañía, el fundador de Apple, Steve Jobs, ha vuelto a los escenarios -extremadamente delgado- para presentar los nuevos productos de su compañía, donde ha confirmado que fue operado de un trasplante de hígado: "Ahora tengo el hígado de una persona de unos 20 años que murió en un accidente de coche. No estaría aquí sin su generosidad. Espero que todos podamos ser tan generosos y hacernos donantes".

Asimismo, Jobs, vestido con sus habituales vaqueros y camiseta negra, ha agradecido a sus compañeros y a toda la comunidad de Apple el apoyo recibido durante los meses de su recuperación justo antes de empezar la presentación de nuevos productos.

Es la primera vez desde que se conoció la enfermedad de Jobs, en enero, que desde la compañía se confirma el trasplante, si bien no se ha revelado la enfermedad que ha sufrido el presidente de Apple, aunque él mismo negó en enero que fuese un cáncer, enfermedad que ya superó en 2004.

El Mundo – Sergio Rodríguez – septiembre 2009 – nota completa

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Comentarios (2)

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  1. Luix dice:

    La verdad es que no sabía que un trasplante fuera contraproducente para un enfermo de cáncer en su situación, hasta llegar a empeorar su pronóstico. Y me pregunto: ¿esto ya le fue explicado a steve jobs antes de ser trasplantado? Y en tal caso, ¿no debería haber renunciado a una operación tan arriesgada y de la que se le había ya disuadido? Y en último lugar: ¿no resulta contranatura que el peor diagnóstico fuera tratado con el privilegio de recibir un órgano anhelado por otros enfermos con mejor tratamiento?

  2. laflorynata dice:

    Lo que no agradece Steve Jobs, es la permisividad de un sistema jurídico/sanitario que le otorga a un enfermo preterminal como él, un hígado sano, anteponiéndole a una larga lista de enfermos con infinítamente mejor pronóstico que él y que, lamentablemente, han tenido que ver pasar por delante de sus ojos, el órgano que les habría salvado la vida.
    No sé si puede valer la pena un sólo día de vida, cuando estás condenado por la maldita enfermedad y, el precio que has de pagar por unos lacónicos minutos, es el de convertirte en verdugo de otros… Mierda de país…