Síndrome de Sjögren, ayuda a diagnosticar la hepatitis C

El síndrome de Sjögren ayuda a diagnosticar la hepatitis C

El síndrome de Sjögren ayuda a diagnosticar la hepatitis C
El síndrome de Sjögren secundario puede ayudar a diagnosticar la hepatitis C asintomática, ya que su perfil inmunológico es muy distinto al del síndrome primario, según uno de los tres estudios que acaba de publicar un equipo de investigadores del Clínico-Idibaps en Medicine.

El síndrome de Sjögren, la enfermedad autoinmune ligada con más fuerza al virus de la hepatitis C (VHC), puede contribuir al diagnóstico precoz de la hepatitis C que permanece asintomática, según se desprende de uno de los tres trabajos que ha publicado en la revista Medicine el equipo de Enfermedades Autoinmunes Sistémicas del Hospital Clínico-Idibaps, que dirige Josep Font.

El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune sistémica que afecta a las glándulas de secreción y que se manifiesta por sequedad en la boca y en los ojos y en entre un 10 y un 15 por ciento de los casos a grandes órganos como el pulmón y el riñón. Se estima que un 15 por ciento de los casos de este síndrome están asociados al VHC. Estudios recientes han demostrado que el VHC, además de lesionar e infectar los hepatocitos, también afecta a las glándulas epiteliales, según ha recordado Manuel Ramos, del Servicio de Enfermedades Autoinmunes y primer firmante de dos de los trabajos recogidos en Medicine.

El primero de ellos es un análisis multicéntrico de 137 pacientes con VHC que sufrían este síndrome asociado a su infección crónica, mientras que los estudios previos eran de pocos pacientes y permitían extraer pocas conclusiones. A diferencia de éstos, el nuevo trabajo ha involucrado a centros europeos, americanos y latinoamericanos, lo que ha permitido reunir una amplia muestra de pacientes con el síndrome y discriminar de forma más ajustada las características clínicas y el perfil inmunológico de los pacientes que lo tienen.

El síndrome asociado al VHC es difícil de diferenciar del síndrome primario, desde el punto de vista de sus manifestaciones clínicas. Sin embargo, el perfil inmunológico y de autoanticuerpos del síndrome asociado al VHC difiere notablemente, lo que puede ayudar a diagnosticar la infección hepática.

Cuanto antes, mejor:

Este resultado es de una enorme trascendencia, ya que la hepatitis C es asintomática en un alto porcentaje de pacientes, cuyos datos analíticos y niveles de transaminasas no la revelan y padecen la infección oculta. Además, en un 50 por ciento de los casos se desconoce la vía de transmisión. Ramos ha recordado que en esta enfermedad, como en tantas otras, cuanto antes se haga el diagnóstico mejor.

El resultado del trabajo tiene, a su juicio, “importantes implicaciones diagnósticas y terapéuticas”, ya que la hepatitis C crónica requiere seguimiento con ecografía, biopsia hepática e incluso tratamiento antiviral durante un año, con interferón y ribavirina, de importantes efectos secundarios. La detección precoz es crucial para evitar complicaciones como cirrosis y linfomas.

Linfomas:

La asociación entre esta patología cancerosa y el VHC ha sido el asunto de un segundo artículo publicado por Medicine, con Pilar Brito como primera firmante.

Según ha concluido, la presencia de ciertas inmunoglobulinas monoclonales circulantes en pacientes con el síndrome de Sjögren primario y secundario son útiles como marcador pronóstico de la evolución hacia linfoma en pacientes con Sjögren y VHC, y puede contribuir a la detección precoz de esta complicación neoplásica mediante una simple extracción sanguínea.

El nuevo reto de los investigadores del Clínico-Idibaps es estudiar, con una beca FIS, la predisposición genética que explica por qué las complicaciones autoinmunes sólo se manifiestan en algunos pacientes.

(Medicine 2005; 84(2): 69-80/81-89/90-97).

La terapia antiviral induce sarcoidosis:

La sarcoidosis, una enfermedad autoinmune de menor frecuencia que el síndrome de Sjögren, suele afectar a mujeres jóvenes, de entre 30 y 40 años, y principalmente a los pulmones, piel y ganglios. Desde que comenzó a tratarse el VHC con interferón, en la literatura médica empezaron a publicarse casos de personas que, tras iniciar el tratamiento, presentaban sarcoidosis. En los últimos años se ha realizado un importante esfuerzo en acumular 68 casos que se habían analizado aisladamente. Juan Mañá, del Hospital Universitario de Bellvitge, y Manuel Ramos, del Clínico, han colaborado con este fin. El artículo que han publicado en Medicine recoge dos situaciones diferentes en pacientes con VHC: la sarcoidosis producida por la terapia antiviral (en un 75 por ciento de los casos) y la que no se relaciona con la medicación. “Lo importante es que la sarcoidosis es una enfermedad en sí, que se trata con corticoides. Esto nos indica que, ante el VHC, hay que ajustar muy bien el tratamiento para no bajar las defensas ni crear complicaciones por la infección de VHC”, ha dicho Ramos.

Patricia Morén. Barcelona

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