Reactivan investigación por el mayor contagio de Hepatitis y Sida en Argentina

La cámara federal porteña revocó los sobreseimientos de cuatro imputados en la causa
Hubo 211 personas con hemofilia que se contagiaron el VIH y el virus de la hepatitis C

Por: Valeria Román – La Cámara Federal de Capital ordenó reactivar un importante caso de contaminación masiva con medicamentos que contenían el virus del sida y el de la hepatitis C. Revocó los sobreseimientos de cuatro imputados, que formaban parte de la Fundación de la Hemofilia, y aconsejó hacer estudios científicos para establecer el momento de los contagios.
La causa se había iniciado en 2005 cuando un grupo de personas acudió a la Justicia. Varios de ellos sufrían hemofilia y habían recibido concentrados con plasma humano que estaban contaminados con los virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y de la hepatitis C entre las décadas del setenta y del noventa.

Se los daban en la sede de una entidad creada bajo el amparo de la Academia Nacional de Medicina, la Fundación de Hemofilia, que a su vez importaba los concentrados desde los Estados Unidos y Europa. El mismo problema de los medicamentos contaminados también se detectó en miles de hemofílicos en Estados Unidos, Canadá, Irán, Irak, Francia, Italia, Japón y Portugal. En la Argentina, hubo –al menos oficialmente– 211 hemofílicos que se contagiaron con el virus del sida: 150 ya murieron. Además, más de 800 hemofílicos se habrían infectado con el virus de la hepatitis C.

Siete de los damnificados en la Argentina –incluyendo dos esposas de hemofílicos que también fueron contagiadas– se presentaron como querellantes y denunciaron a directivos médicos y ejecutivos de la Fundación de la Hemofilia por “haberle suministrado concentrado que estaban contaminados”, contó el abogado de la querella, Gonzalo Giadone.
En agosto del año pasado, el juez federal Claudio Bonadío dictó el sobreseimiento de cuatro imputados en la causa: los médicos Miguel de Tezanos Pinto y Pedro Raúl Pérez, y los directivos de la Fundación de la Hemofilia Eduardo Biedma y Eduardo Díaz. Sólo los dos médicos fueron indagados.
Pero la sentencia del juez Bonadío fue apelada, y ahora la sala I de la Cámara Federal –formada por Jorge Ballestero, Eduardo Freiler, y Eduardo Farah– resolvió revocar los sobreseimientos, y decretó la falta de mérito para los dos médicos, aunque no los desligó de la causa. “Los médicos no quedaron procesados, ni tampoco sobreseídos. Quedan imputados en la causa hasta que se evalúen nuevas pruebas”, expresó el abogado. Y agregó: “Los querellantes y sus familiares buscan que se sancione a los responsables del contagio. Aunque los concentrados no eran elaborados en la Argentina, los imputados no están eximidos de responsabilidad, porque ellos conocían que los concentrados eran vectores de los virus de la hepatitis y del VIH”.

Tras la resolución de la Cámara, Miguel de Tezanos Pinto, que fue asesor médico de la Fundación, respondió a Clarín: “Que hable la Justicia. Me prometí que no voy a hablar más sobre esa causa con el periodismo”. El otro médico imputado, Pedro Raúl Pérez, contó a Clarín que “los concentrados para hemofílicos se importaban de los Estados Unidos y Europa. No sabíamos en la Fundación que estaban contaminados. En 1985 se empezaron a dar los concentrados, que eran elaborados a partir de un método que inactiva el VIH. El virus de la hepatitis C fue descubierto después. Es insólito este juicio cuando hemos apoyado mil veces a los pacientes”. Ahora, el juez deberá investigar más sobre la seguridad de los medicamentos.

Diferencias
A mediados de los años 80, los medicamentos para hemofílicos contaminados con el VIH se vendían en América latina y en Asia, mientras que en los países desarrollados ya los habían reemplazado por otros. La empresa Cutter Biological, una unidad del laboratorio Bayer en EE.UU., los siguió vendiendo durante un año, a pesar de que había evidencia de contaminación. Fue de los peores desastres con medicamentos.

Diario Clarín – 12 mayo 2010 – nota completa

“Esperamos que la Justicia se ponga firme”
VICTIMA. CARLOS VERA ES HEMOFILICO, IGUAL QUE SU HERMANO RUBEN. AMBOS SE CONTAGIARON CON LOS VIRUS

“Apenas nací, me salían moretones. Tenía mala circulación de la sangre y me diagnosticaron la hemofilia”, cuenta Rubén Vera (38). Al principio se atendía en el Hospital Ramos Mejía. Más adelante fue derivado a la Fundación de la Hemofilia, nacida bajo el auspicio de la Academia Nacional de Medicina. “Decían que allí estaban más especializados”.

Le daban un concentrado del factor IX para reemplazar el factor defectuoso de la coagulación de su sangre. Hasta que mucho tiempo después, cuando Vera tenía 20 años, sus familiares le contaron los resultados de estudios que le habían hecho. Primero le detectaron que se había infectado con el virus del sida y luego con el de la hepatitis C.

“Fue inesperado. Había ido a recibir un tratamiento médico, y el mismo tratamiento me contagió otras enfermedades. Me tiró al piso”. Contraer las infecciones del VIH y de la hepatitis C fue demoledor. “Me estropearon la vida. No puedo trabajar. No puedo salir mucho. No puedo levantar cosas pesadas”, cuenta Vera, quien recibe una pensión graciable que no supera los 500 pesos. Vive con su padre en San Justo, y no pudo hacer la escuela secundaria. “Gracias a Dios tengo amigos. Me hubiera gustado tener pareja y formar una familia, pero ha sido imposible. Esperamos que la Justicia se ponga firme y nos indemnice”. Desafortunadamente, su hermano mayor, Carlos, también sufre de hemofilia y recibió los tratamientos contaminados. “Recién a los 22 años me enteré que tenía la infección con el VIH y afecté a mi señora”, recuerda el hombre, que ahora tiene 47 años y es padre de dos hijos. “Los médicos sabían que los medicamentos, que se importaban, estaban contaminados. Fue una contaminación a mansalva para todos los hemofílicos”.

Carlos también contrajo hepatitis C. “Bajé mucho de peso. Estoy en 52 kilos. Perdí los dientes. Me tengo que cuidar mucho de los resfríos, y hay mucha discriminación: hay gente que no quiere tomar mate conmigo. Tampoco me aceptan en los trabajos. Mi vida se arruinó por los medicamentos contaminados. El daño que nos hicieron es gravísimo. Porque ellos sabían que los medicamentos estaban contaminados”.

Rubén y Carlos Vera
Clarín – Link

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