Panamá, ifo hepatitis C

Resumen: De este padecimiento nadie queda exento, puede afectar a niños, adolescentes y adultos, pero es más frecuente en la pubertad sino se toman las precauciones de lugar.

Disminución del apetito, náuseas, vómitos, diarrea, cansancio, dolor de cabeza, escalofríos, fiebre, debilidad muscular, orina oscura y materia fecal pálida, así como aparición de pigmentación amarilla en los ojos y la piel son algunos de los síntomas que caracterizan la enfermedad de la Hepatitis.

La Hepatitis es un enfermedad viral e infecciosa que origina inflamación del hígado producida por diferentes tipos de virus, los cuales penetran y dañan las células del mismo, alterando su función.

Cuando esta enfermedad ataca al hígado, bloquea el paso de la bilis al descomponer la grasa, y se altera su función de eliminar las toxinas de la sangre, de producir diversas sustancias importantes y de almacenar y distribuir la glucosa, vitaminas y minerales.

Esta es una enfermedad de la cual nadie queda exento, puede afectar a niños, adolescentes y adultos, pero es más frecuente en la pubertad sino se toman las precauciones de lugar.

Existen varios tipos de virus y por ende la hepatitis se caracteriza en hepatitis tipo A, B, C, D, G y tipo E; pero hasta el momento sólo se dispone de vacunas contra la Hepatitis A y B.

La Hepatitis A es la más común y la más fácil de contraer, pues se trasmite por vía fecal-oral a través de alimentos o aguas contaminadas y esto se debe principalmente al mal lavado de las manos que van a contaminar los alimentos o el agua que usted vaya a consumir.

Todas las personas que nunca hayan sufrido de hepatitis A, pueden desarrollar la enfermedad, sean niños, adolescentes o adultos. Aunque la enfermedad es más frecuente en los niños de edad escolar, son los adultos quienes más se complican durante el curso de la misma, llevando incluso a la hospitalización del paciente y ocasionalmente la muerte.

En cuanto a la Hepatitis B, la forma más común de contaminarse es a través del contacto con la sangre contaminada por medio de transfusiones sanguíneas, jeringas, agujas, tatuajes, entre otras. También por fluidos corporales como saliva, sudor y lágrimas. Pero la forma más frecuente de contagio es por contacto sexual. También se trasmite a través de la placenta al feto; la Hepatitis tipo C y D son de parecidas características a la B.

Para prevenir esta enfermedad lo más recomendable es la vacuna, la cual existe desde hace unos años y se la pueden aplicar a personas que nunca se hayan vacunado o enfermado de Hepatitis. El esquema de vacunación contra la Hepatitis A consiste en la aplicación de dos dosis; la primera la puede aplicar en la fecha que usted elija y la segunda seis meses después de la primera dosis.

Con respecto a la vacuna de la Hepatitis B, la mejor forma de prevenirla es también por medio de la vacuna, la cual impedirá que ingrese en la familia. Esta consiste en la aplicación de tres dosis; una en la fecha que usted elija, la segunda un mes después de la primera dosis y la tercera seis meses después de la primera dosis. Pero existe una vacuna dos en una, la cual es una vacuna combinada para ambos tipos de virus, que ofrecen menos aplicaciones que las dos vacunas por separado.

Si ya una persona está contagiada con Hepatitis, las doctores recomiendan reposo y una dieta apropiada con abundantes proteínas y pocas grasas, hasta que los niveles de transaminasas en la sangre desciendan. Se debe tomar abundantes líquidos y evitar ciertos medicamentos que producen toxicidad hepática (analgésicos, tranquilizantes, etc.). Se puede prevenir la hepatitis A con las inyecciones de una Gamma globulina específica, ésta es efectiva en el 75% de los casos cuando se administra antes del contagio con este virus (en el caso de factores de riesgo). La protección dura cinco meses. A veces se administra después de una exposición al virus (antes de las dos semanas posteriores al contagio) y puede prevenir o reducir los síntomas de la enfermedad. La gamma globulina específica de la hepatitis B se administra en el caso de contagio (o posible contagio) y es efectiva en la prevención de la enfermedad.

Las personas que no se recuperan de la hepatitis B se llaman portadores. Un portador es alguien que ha tenido hepatitis B en su sangre por más de seis meses. Entre el cinco y el diez por ciento de los adultos que contraen Hepatitis B se convierten en portadores. Los niños que son infectados antes de cumplir los cinco años tienen entre un 20 y 90% de posibilidades de convertirse en portadores de por vida. Muchos niños que nacen de madres que son portadoras serán también portadores de hepatitis B, a menos que se les pongan vacunas especiales en el hospital y durante los siguientes primeros seis meses de vida para protegerlos de la infección.

Los portadores “sanos“ de la hepatitis B generalmente no presentan señales o síntomas de la enfermedad, pero permanecen infectados con el virus por años o por toda la vida y pueden transmitir la enfermedad a otros. En algunas ocasiones la infección desaparece del cuerpo de los portadores de Hepatitis B, pero en la mayoría no lo hace. A pesar de que la mayoría de portadores no tienen problemas graves con la hepatitis B y tienen vidas normales y saludables, algunos portadores sí se enferman debido a que ellos tienen un riesgo más alto a tener un fallo hepático o cáncer en el hígado que la población en general.

Algunas personas son más propensas que otras para contraer Hepatitis A, como lo son las  personas que viven con alguien que tiene hepatitis A, los niños que asisten a guarderías, las personas que trabajan en una guardería de niños, hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres y las personas que viajan a otros países.

Es una enfermedad de elevada prevalencia, estimada en alrededor de 1.5 millones de casos anuales.

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