Novedades en el tratamiento de las enfermedades del hígado

Boston (EE UU) – Varios estudios presentados en el congreso de la Sociedad Americana para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (AASLD, por sus siglas en inglés) muestran que se avecinan –o son realidad ya- cambios en el tratamiento de las enfermedades hepáticas, especialmente en lo que respecta a las hepatitis víricas.

La lucha contra la hepatitis B pasa sin duda por intentar extender la vacunación a toda la población del planeta si se quiere acabar con una enfermedad que, en teoría, es erradicable. Sin embargo, “hemos fallado en este campo al no haberlo conseguido todavía, 23 años después de que se desarrollase la inmunización. Sin embargo, esta infección afecta a más de 350 millones de personas, más que la población de Estados Unidos y Canadá juntos“, asegura Samuel So, director del Centro Asiático del Hígado, perteneciente a la Universidad de Stanford.
El especialista denuncia un “desinterés a la hora de tomarse en serio una infección que es muy frecuente en algunas zonas del mundo y que, debido a la llegada de inmigrantes es este mundo global se está convirtiendo en un problema también para los países desarrollados“.

Está claro que hay que aspirar a una verdadera vacunación universal, pero mientras hay que intentar que las personas que están la infectadas (en España podrían ser unas 400.000 personas) no sufran las consecuencias del virus una vez este se activa y ataca al hígado. La inflamación que causa este agente infeccioso puede traducirse en una fibrosis, que a su vez degenere en una cirrosis y, de ahí, a un cáncer hepático. Incluso puede darse el paso de la inflamación al tumor, un cáncer que no es especialmente fácil de tratar. Por eso es importante mantener lo más baja posible la carga viral.

Para ello se emplean medicamentos antivirales. Son eficaces, pero con el paso del tiempo muchos pacientes desarrollan resistencias a estos medicamentos, dando vía libre al virus. La buena noticia viene de la mano de los estudios con antivirales de nueva generación que tienen la ventaja de que el virus no puede mutar y hacerse resistente al fármaco, perdiendo éste su eficacia. Fármacos como entecavir salvan así el obstáculo de las resistencias, pero además, en estudios presentados en este congreso demuestran una capacidad mayor para conseguir una reducción de los niveles de virus y una mejoría general del estado del hígado en pacientes con descompensación hepática. En otro estudio, este fármaco administrado a pacientes que eran tratados por primera vez de su enfermedad refleja que el medicamento es capaz de conseguir un nivel indetectable del virus en el 96 por ciento de los sujetos e incluso una reducción de la rigidez del hígado.

Otra de las novedades son los tratamientos que se ensayan con éxito en el campo de la hepatitis C y que en unos dos años pueden estar en el mercado. Esta infección, que sufren entre 600.000 y 800.000 españoles, la mayoría sin saberlo, puede elevar sus tasas de curación después de que un ensayo fase 2 haya demostrado una mayor respuesta virológica sostenida (es decir, que el virus sea indetectable en la sangre por un tiempo prolongado) con el fármaco telaprevir, comparado con la terapia a base de peginterferon-alfa-2a y ribavirina. El estudio se llevó a cabo en pacientes donde habían fallado los tratamientos disponibles hasta el momento. Aunque nuevos ensayos con más pacientes deberán confirmar los resultado, según John McHutchison, investigador principal del estudio, “Es la primera prueba de que añadir este potente antiviral nos permitirá curar aproximadamente al 50 por ciento de estos pacientes no respondedores a otras terapias“.

Sin salir de la hepatitis C, otro estudio ha demostrado la eficacia de una combinación de fármacos que se administran dos veces al día, por vía oral (cuando las terapias actuales basadas en interferon son inyectadas). Las respuestas a la hora de bajar los niveles del virus fueron impresionantes, según los autores del estudio, tanto en los grupos de pacientes que eran tratados por primera vez, como aquellos que ya habían sido tratados, todos ellos afectados del genotipo 1 del virus de la hepatitis C. Este tratamiento se basa en polimerasa nucleosida y un inhibidor de la proteasa. Se espera que la administración oral del fármaco se un factor que posibilite un mayor cumplimiento terapéutico por la comodidad del tratamiento.

Por otra parte, la vitamina E ha revelado su eficacia a la hora de combatir la esteatohepatitis no alcohólica (NASH por sus siglas en inglés), una enfermedad relacionada con el hígado graso, la resistencia a la insulina y la obesidad. Con el tiempo, esta situación puede progresar hacia una inflamación del hígado y en el 15 o 20 por ciento de los enfermos hacia una cirrosis. El 40 por ciento de los pacientes enrolados en el estudio que tomaron la vitamina E mejoraron su función hepática con este tratamiento, que según recuerda el autor del estudio, Arun Sanyal, de la Universidad de Virginia, “es barato, está disponible y no acarrea efectos secundarios“.

David Ruipérez – La Razón – 04 noviembre 2009 – nota completa

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