Mitos sobre el "ataque al hígado"

”Hay muchos mitos que derribar en torno del ataque al hígado”

El doctor Sebastián Figueroa es médico generalista, pero decidió dedicarse exclusivamente al tratamiento de las enfemedades hepato-biliares. Participará, junto a otros profesionales salteños y del país, de las Jornadas de Atención Primaria en Hígado que se realizarán el 1 y 2 de junio en el Hotel Sheraton. En esta entrevista desmitifica algunas creencias en torno de los famosos “ataques al hígado” y explica cuáles pueden ser las causas más frecuentes de enfermedades hepáticas.

¿Cómo se da cuenta una persona si su hígado funciona correctamente?

En realidad no es tan difícil. Si tomamos en cuenta los síntomas (manifestación de una enfermedad tal y cuál es percibida por el paciente) o signos (manifestación objetiva sugerente de enfermedad) que realmente se asocian con enfermedad hepática, no deberíamos tener grandes dificultades. Para ser mas especifico, si la persona en cuestión presenta alguna de las siguientes alteraciones, debería ser evaluado por un profesional: coloración amarillenta de la piel y conjuntivas; cansancio inexplicable persistente; orina oscura; aclaración del color habitual de la materia fecal; dolor o malestar recurrente en hipocondrio derecho (región subcostal derecha); fiebre persistente o recurrente sin otra sintomatología asociada; aumento brusco del perímetro abdominal asociado a edemas en miembros inferiores; tendencia a la formación de hematomas con relativa facilidad sin que exista otra causa identificable; oscurecimiento de la piel asociado a impotencia; aparición de diabetes o insulina; resistencia y pérdida del vello corporal; aumento del tamaño del hígado constatado por casualidad en estudio de imágenes realizado por otro motivo, o durante el examen físico de rutina.

¿Y los dolores de cabeza, vómitos y/o nauseas que comúnmente se asocian con el llamado “ataque de hígado”?

Bueno, éste es un tema delicado y muy interesante de tratar. Durante muchos años, las dificultades que encontraban los médicos y muchas abuelas o padres para dar una explicación sobre lo que estaba ocurriéndole a algún familiar o paciente luego de haber protagonizado una trasgresión alimenticia, hizo que surgieran un sinfín de teorías que en muchos casos son erróneas. Hay muchos mitos que derribar en torno del “ataque al hígado”. Hoy por hoy, con los grandes avances alcanzados en la Hepatología (especialidad médica dedicada al estudio de las enfermedades hepáticas) y en el resto de las especialidades médicas, sabemos que estos síntomas son mucho más probables que surjan de trastornos transitorios del esófago, estómago, páncreas, vesícula y vías biliares, intestino delgado y grueso, intoxicaciones, dispepsias, etc.

Algo similar ocurre con las llamadas “hepatitis mal curadas”. Actualmente hay suficiente material científico como para poder decir con seguridad, sin tener que recurrir al ojo clínico o a la experiencia, si una persona tiene o no una hepatitis. Es decir que si un paciente presenta una hepatitis aguda, sea cual fuere su origen, tiene tres grandes formas de evolucionar: se cura espontáneamente con o sin tratamiento, según la causa; se hace crónica, o, por último, evoluciona a una hepatitis fulminante que no es muy frecuente en adultos, pero que sí es causa de un número respetable de trasplantes hepáticos.

La gravedad del caso recae en que algunos de estos casos mal llamados “ataques de hígado” o “hepatitis mal curadas” no se deben a patologías temporales o benignas como las descriptas anteriormente, sino que son patologías hepáticas no diagnosticadas y por consiguiente no tratadas efectivamente. Esto ha provocado el hallazgo, por suerte cada vez menor, de enfermedades hepáticas avanzadas, en donde el tratamiento muchas veces ya es inefectivo.

Ante el popular “ataque de hígado”, la gente suele recurrir al medicamento de venta libre que está más a mano. ¿Hasta qué punto sirven estos paliativos?
Es muy habitual esta conducta en nuestro medio. Me refiero a la auto medicación, y tal cual sucede en esta situación, también al autodignóstico. En este caso ambos se suelen hacer de manera incorrecta. En el mercado existe una gran oferta de preparaciones llamadas hepatoprotectoras, sin embargo son muy pocas las que han cumplido con los requisitos que hacen que una droga sea científicamente válida, lo que no quiere decir ilegal. La gran mayoría de ellas tienen utilidad en caso especiales, pero esta decisión debe ser tomada por alguien que conozca muy bien el tema. Sólo para darte una idea de lo que puede pasar, te cuento una anécdota. Una vez, interrogando a un paciente en lista de espera para trasplante hepático debido a cirrosis, me contó que tomaba una de estas preparaciones. Cuando estudié el prospecto adjunto me sorprendí al ver que uno de los exipientes era alcohol. Sí, alcohol. Y como todos saben, el consumo de alcohol es sumamente perjudicial en estos pacientes. Y hay un sinfín de historias similares.

¿Qué se debe hacer para cuidar el hígado?

Lamentablemente, muchas de las enfermedades que pueden ocurrir entorno al hígado no pueden ser prevenidas. Pero existen otras pocas que sí. La prevención de las hepatitis virales más habituales con vacunas es un método efectivo y probado largamente en la literatura (hepatitis viral A y B). Para esta última, una conducta sexual adecuada, control obstétrico y la manipulación responsable de fluidos infectados también son útiles. En el caso de la hepatitis C, por desgracia no hay disponible vacunas hasta el momento, pero debido a que se contagia de manera similar a la hepatitis B, los consejos higiénicos antes descriptos también tienen valor.

Otra conducta sugerida es controlar la ingesta alcohólica. Es sin duda una de las causas más frecuentes de enfermedad hepática. Se cree que la ingesta menor de medio litro de alcohol por semana es relativamente segura; pero se han reportado casos aislados de lesión hepática con ingestas menores, y personas alcohólicas con hígados normales. Esto se debe a la diferencia que existe de un individuo a otro en su capacidad de neutralizar el tóxico, y a otros trastornos hepáticos concomitantes.

Además hay un gran número de consejos inespecíficos que nos pueden ayudar a mantener nuestro hígado en buen estado. Dieta equilibrada, ejercicio, control del peso; en caso de diabéticos un buen control de las glucemias; uso racional y controlado de medicamentos; controles de rutina con análisis de sangre y de imágenes.

Próximamente se harán en Salta las Jornadas de Hepatología en Atención Primaria. ¿A quién estarán destinadas?

Efectivamente, es un evento que forma parte del programa de Educación Médica Contínua a cargo de la “Asociación Argentina para el estudio de las Enfermedades del Hígado”, y de la “Sociedad Argentina de Medicina Familiar Urbana y Rural”, esta última en calidad de invitada.

El principal objetivo es transmitir a los participantes ideas claras de cómo detectar y cuándo derivar al paciente con un problema hepático, mediante la discusión de casos clínicos y conferencias magistrales.
El temario es de interés médico general, y está dirigido especialmente al Gastroenterólogo, al Médico de Familia, al Generalista, al Pediatra, al Clínico y al Bioquímico. Además se desarrollará un taller sobre medicina basada en la evidencia.

El Tribuno de Salta 19 de mayo de 2007

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