Las terapias alternativas que son aliadas del paciente con cáncer

El yoga o la acupuntura ayudan a combatir los síntomas, no así ciertos suplementos

CHICAGO -Sebastián A. Ríos – La Nación – En busca de alivio para los molestos y dolorosos síntomas que frecuentemente se asocian al cáncer y a su tratamiento, la gran mayoría de los pacientes decide en algún momento de esa dura convivencia con la enfermedad recurrir a las llamadas terapias complementarias o alternativas, como por ejemplo el yoga, el reiki, la musicoterapia, la acupuntura o los suplementos dietarios o herbarios.

Aquí, en los Estados Unidos, el 83% de los pacientes con cáncer echa mano a alguna de estas terapias no convencionales, lo que representa un gasto anual que ha sido estimado en unos 40.000 millones de dólares al año. En la Argentina, el porcentaje de pacientes es aún mayor: asciende al 90%, según ha estimado un estudio del Conicet. La pregunta necesaria es: ¿son efectivos esos tratamientos? Y, también, ¿son seguros?

La respuesta no es unívoca, pues las evidencias a favor (y en contra) son extremadamente fragmentarias. El respaldo científico más reciente lo ha recibido el yoga. Un estudio cuyos resultados fueron presentados ayer en esta ciudad, en la 46a. Reunión Anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO, por sus siglas en inglés), en la que participan más de 30.000 profesionales, demostró que la práctica de esa disciplina ayuda a conciliar mejor el sueño y a conjurar la fatiga; en suma, a gozar de una mejor calidad de vida.

“Muy pocos, si alguno, de los tratamientos para los problemas del sueño y la fatiga que experimentan los pacientes con cáncer funcionan por largo tiempo, si es que lo hacen”, comentó la doctora Karen Mustian, profesora de radiación oncológica y medicina comunitaria y preventiva del Centro Médico de la Universidad de Rochester, Estados Unidos, y autora principal del estudio en cuestión, al justificar la necesidad de evaluar los efectos de las terapias no convencionales en los pacientes con cáncer.

Tanto la fatiga como los trastornos del sueño son dos de los efectos secundarios más frecuentes en las personas que transitan por un tratamiento oncológico. Se estima que el 80% de los pacientes experimentan trastornos del sueño durante el tratamiento, mientras que en un 65% de los casos los problemas persisten una vez finalizada la terapia.

“Los resultados de este estudio apuntan hacia un tratamiento simple, no farmacológico, que los médicos pueden recomendar para ayudar a sus pacientes con los muy frecuentes problemas relacionados con el cáncer”, resumió la doctora Mustian. Tan solo cuatro semanas de un programa de yoga que incluía ejercicios de relajación, respiración, visualización y meditación fueron suficientes para mejorar la calidad del sueño, reducir la somnolencia diurna y disminuir la necesidad de recurrir a medicamentos para conciliar el sueño.

Del estudio, el más amplio sobre el tema, participaron unos 410 pacientes que habían sido tratados por cáncer y que seguían padeciendo trastornos del sueño una vez finalizado ese tratamiento; la mitad participó durante cuatro semanas de un programa de yoga, mientras que la otra mitad recibió medicación para dormir. Además, el estudio mostró que los pacientes que hicieron yoga reportaron una reducción de la fatiga del 42%; entre quienes no hicieron yoga y tomaron píldoras para dormir, la mejoría fue sólo del 12 por ciento.

Algo más que yoga

Pero el yoga no es la única disciplina que ha demostrado ser útil para mejorar la calidad de vida de las personas que padecen o han padecido cáncer. “Muchos de los llamados programas de mente y cuerpo han sido de especial ayuda para reducir el estrés y la ansiedad, y para bajar los niveles de dolor”, dijo a La Nación el doctor David Rosenthal, director médico del Centro Leonard Zakim de Terapias Integradas, del Instituto del Cáncer Dana Farber de Boston, Estados Unidos.

Rosenthal amplió aún más la lista de disciplinas que cuentan con evidencias científicas a su favor: “La acupuntura ha obtenido resultados positivos en estudios clínicos randomizados, en el tratamiento del dolor asociado al cáncer, y de las náuseas y los vómitos inducidos por la quimioterapia”, y agregó: “La acupuntura también es de ayuda contra la xerostomía [disminución de la secreción salival que genera la sensación de boca seca], el estrés y la fatiga de los pacientes con cáncer, y mejora la calidad de vida”.

Por su parte, continuó el especialista, “los masajes y el reiki ayudan también, por ejemplo, a reducir el estrés y el dolor”.

La musicoterapia es otra disciplina que cuenta con un creciente cúmulo de evidencia científica sobre su utilidad dentro del tratamiento del paciente oncológico, como herramienta para combatir el dolor que no cede ante los medicamentos.

“Cuando una persona está prestando atención a la música, se liberan ciertos neurotransmisores que inhiben las señales de dolor que suben del cuerpo hacia el cerebro, impidiendo que ingresen y sean percibidas”, explicó la doctora Suzanne Hanser, ex presidenta de la Federación Mundial de Musicoterapia, que estudió los efectos de esa terapia en pacientes con cáncer de mama terminal.

Por otro lado, un estudio que se presenta hoy, aquí, revela que el extracto de guaraná ayuda combatir la fatiga que afecta a las personas que reciben quimioterapia. Originaria de la cuenca del Amazonas, el guaraná (Paullinia cupana) es un arbusto cuyo fruto es conocido por sus propiedades estimulantes desde tiempos prehispánicos.

“Es una efectiva, barata y no tóxica alternativa para el tratamiento de la fatiga en los pacientes con cáncer que reciben quimioterapia sistémica”, escriben los investigadores del Colegio de Medicina ABC de Santo André, Brasil, en las conclusiones de su estudio, que se realizó en mujeres con cáncer de mama en tratamiento, y que no arrojó ningún efecto adverso asociado al consumo del extracto de guaraná.

Sebastián A. Ríos, enviado especial – La Nación – Ciencia y Salud – 06 junio 2010 – Link

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