La importancia del trasplante

Un verdadero éxito científico vivió la medicina argentina días pasados, cuando se logró trasplantar en el Hospital Universitario Austral el hígado a una embarazada en el quinto mes de gestación.

Una hepatitis fulminante colocó a Martha Pecarrere, a fines de 2008, en la lista de emergencia nacional para conseguir un hígado de donante cadavérico. El trasplante de este tipo es el decimoquinto que se hace en el mundo a una mujer durante el segundo trimestre de gestación. De los catorce casos conocidos, sólo en 4 sobrevivieron la madre y la criatura.

Donar sangre y órganos son acciones que la opinión pública lentamente ha ido aceptando no sólo como comunes, sino como moralmente mandatarias, si se piensa que están en juego vidas humanas y, por lo tanto, el bien común de toda la sociedad. Sin embargo, hay mucho camino por delante para que la comunidad argentina tenga el orgullo de estar en el nivel de España, donde la donación voluntaria es una actividad importantísima.

Aunque, según el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación y Trasplante (Incucai), en los últimos cinco años se duplicó la cantidad de donantes, aún sobreviven mitos en el imaginario colectivo que atentan contra una decisión que puede salvar la vida de miles de personas al año. Los principales prejuicios son, generalmente, el miedo a que los órganos sean extraídos antes de constatar que la persona esté muerta y que sean vendidos por una red clandestina que se encarga de colocarlos en el resto del mundo. En todos, el factor común es la desinformación. Por eso es que se requiere continuar e intensificar las campañas públicas de concientización y comunicación y, especialmente, en escuelas de todos los niveles para promover la donación de órganos y de sangre.

Para desterrar mitos, lo primero que hay que saber es que la extracción de los órganos se produce sólo cuando se determinó la muerte cerebral, algo que debe ser constatado por dos médicos, uno de ellos un neurólogo. A partir de allí, se evalúa qué órganos son susceptibles de ser donados y cuales no. La ciudadanía ve el trasplante como algo raro, que no le va a suceder, pero lo que se debería entender es que se tienen más posibilidades de recibir un órgano que donarlo. En efecto, Argentina tiene uno de los índices de trasplante hepático-cardíaco-pulmonar más altos de América latina junto con Uruguay y Cuba.

La donación de órganos demuestra una generosidad ejemplar, reforzando la conciencia de que en cada donación hay un mensaje de vida y de solidaridad que beneficia a la comunidad.

Diario de Cuyo – 03 de enero de 2009 – Leer la nota completa

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