La estigmatización del VIH clandestiniza la infección en Argentina

Lo aseguó Hugo Roland, director del Hospital Rawson en Córdoba.

–En el mundo hay unos 34 millones de infectados con VIH. ¿Cuál es el escenario actual de esta enfermedad en Argentina?

–En Argentina la epidemia comienza en 1982 y se estima que hay unas 160 mil personas infectadas con el virus, de las cuales la mitad conoce su estado de infectado. La forma de transmisión es fundamentalmente por vía sexual, con una tendencia al aumento entre los heterosexuales. La mujer se incorporó a la pandemia y apareció la epidemia pediátrica. Una de las acciones más eficaces de prevención es la profilaxis de la transmisión vertical, o sea detectar el VIH en embarazadas para brindar un tratamiento oportuno.

–¿Cuántas personas infectadas por VIH hay en Córdoba?

–Desde 1985 hasta 2011, entre 722.161 personas testeadas en la provincia de Córdoba, detectamos 6.996 infectados. Debido a los tratamientos antirretrovirales, se enfermaron sólo 2.695 personas y murieron 718 personas por infecciones oportunistas. No obstante, creemos que hay unos 5 mil infectados que todavía desconocen su estado de seropositivos. La tendencia va en aumento en forma sostenida y progresiva.

–¿Cambiaron los grupos en riesgo?

–Más que de grupos en riesgo preferimos hablar de situaciones de riesgo. Esta epidemia comenzó en un grupo de hombres que tenía sexo con hombres. Después apareció un grupo puente de intermediarios que también son hombres, pero bisexuales, y también en usuarios de drogas intravenosas. Y este grupo trasmite la enfermedad al tercero, que son los heterosexuales. De allí que cuando se incorporan las mujeres comienza la heterogeneización de la epidemia. Actualmente, los usuarios de drogas intravenosas están desapareciendo de escena como grupo de riesgo porque la práctica está tendiendo a desaparecer. Sólo queda asociada a situaciones de marginalidad.

–¿Cuáles son las principales vías de transmisión?

–Principalmente a través de relaciones sexuales vaginales, orales o anales, primero entre hombres y luego al incorporarse la transmisión en heterosexuales y, como es más frecuente este tipo de relación, está aumentando la transmisión heterosexual. Lo más riesgoso es la transmisión anal pasiva, después la anal insertiva, luego la vaginal receptiva o pasiva y después la vaginal insertiva. Además está el riesgo de sexo oral, principalmente para quien pone la boca. Por eso se recomiendan preservativos también para sexo oral. Existen otras vías de contagio directo como el riesgo por transmisión sanguínea de sangre contaminada.

–¿Y con respecto a los grupos de edades?

–Actualmente la media es de 35 años y no baja la tendencia. También se están incorporando personas mayores de 60 años que no se cuidan habitualmente con preservativo.

–¿Por qué cree que aun sabiendo que el preservativo es el método más eficaz para disminuir el riesgo de contagio de VIH hay personas que no lo utilizan habitualmente?

–El preservativo de látex masculino es mucho más efectivo que el femenino utilizado en forma correcta. El problema es que no se incorporó a la cultura sexual su uso. No se ha erotizado el preservativo. Por eso es fundamental iniciar las acciones de educación sexual a edades muy tempranas, antes de que los chicos entren a la escuela. En un relevamiento que hicimos entre personas instruidas y no instruidas encontramos que, independientemente del nivel de estudios, en ambos casos manifestaron utilizar “a veces“ el preservativo y esto es una conducta de alto riesgo, porque presupone que la persona puede detectar al que lo va a contagiar. Y no es así. Hay que enseñar a incorporar el uso del preservativo como parte del sexo. En los países nórdicos, donde se instrumentó la educación sexual temprana en los jardines de infantes, se comprobó que los adolescentes retrasan su edad de inicio en sus relaciones sexuales.

–¿Cree que en nuestra sociedad se sigue estigmatizando a las personas con VIH?

–Sin duda. Por supuesto que en los últimos años ha disminuido el estigma. Las personas que revelan su estado serológico tienen problemas en el ámbito familiar, social y laboral. La estigmatización va en contra de la prevención porque clandestiniza la infección. Y hay personas que no saben o que no se animan a hacerse el análisis por la presión social y la discriminación. Hay empresas o instituciones que, cuando se enteran, tratan de no tomar trabajadores con VIH, y si están ya incorporados al trabajo, la exclusión muchas veces se da por otras causas. No se reconoce que es por VIH.

–Existe un video en Internet titulado “La casa de los números“ en el que un grupo de científicos asegura que el virus no existe y que nunca fue aislado. ¿Quiere decir esto que no hay acuerdo en el mundo científico?

–Se trata de un grupo negacionista periférico, son ellos los que no acuerdan con la ciencia. Hay acuerdo en la comunidad científica internacional basado en evidencia de lo que es el VIH. El problema es que hay conflicto de intereses porque la ciencia se desarrolla gracias a inversiones que en muchos casos hace la industria farmacéutica y ahí se enrarece el ambiente. Pero no hay duda de que existe el VIH; las pruebas son irrebatibles. Se prueba a través de la transmisión vertical en la mujer embarazada. Si tiene VIH y si no se trata, cada tres embarazos trasmitirá el VIH en uno. Si se trata, no lo trasmitirá a ninguno. Dosamos genes del virus todos los días y el efecto de los antivirales se puede demostrar.

–¿Cuál es el grado de efectividad de los antirretrovirales en el tratamiento de la enfermedad?

–La efectividad del tratamiento es superior al 85 por ciento, pero esto depende de cuán estricto es el cumplimiento del tratamiento. Hay que tomar todas las pastillas porque si se deja de tomar alguna se facilita que el virus se vuelva resistente y agresivo, porque tiene la capacidad de mutar.

– ¿Los efectos secundarios pueden determinar el abandono del tratamiento por parte de los pacientes?

–Como todos los medicamentos, los antirretrovirales tienen efectos adversos. El problema de la toxicidad en los tratamientos a largo plazo es real, pero se puede controlar. En el mercado cada vez hay más alternativas para disminuir los efectos secundarios de la medicación. Pero hay pacientes que están entrando en su tercera década de tratamientos y están muy bien. El VIH todavía no se cura, sólo se puede controlar.

–¿Qué necesita el Hospital Rawson para mejorar la atención de los pacientes con VIH?

–Necesitamos desarrollar otras habilidades que nos hagan salir de lo ortodoxo del tratamiento de la epidemia. Por eso es indispensable actuar interdisciplinariamente en asistencia, prevención y educación con la comunidad, y profundizar el trabajo en red. Sería bárbaro si pudiéramos ampliar nuestras instalaciones para mejorar la atención de los pacientes y lograr que el personal de salud tenga dedicación exclusiva en nuestro hospital para mejorar la asistencia y la atención a los pacientes.

–¿Cómo repercutió el conflicto sanitario en la calidad de atención de los pacientes con VIH y en el funcionamiento del hospital?

–Los pacientes con VIH fueron los menos afectados, porque al ser crónicos hace muchos años que vienen al hospital. Ya conocen el circuito interno y saben manejarse prácticamente solos. Nadie se quedó sin medicación o sin análisis. Nos conocemos desde hace más de 20 años y tenemos una relación con nuestros pacientes. Lo que se resintió fue la atención en consultorio externo, pero la guardia, terapia intensiva y la sala de cirugía siguieron funcionando normalmente. La protesta fue fuera del Hospital.

–Y con respecto al personal del hospital, ¿cómo lo afectó el conflicto?

–Creo que el personal estuvo y está muy angustiado, porque existe una demanda insatisfecha que es la cuestión salarial. Porque este es un conflicto estrictamente salarial.

–Teniendo en cuenta que la salud pública es la única alternativa para los sectores más vulnerables de la población, ¿le parece razonable que se haya dilatado tanto el conflicto a tal punto de tener que llegar a la conciliación obligatoria?

–No es lo ideal la falta de diálogo. Esto sucede porque los trabajadores de la salud no están lo suficientemente representados por el Sindicato de Empleados Públicos (SEP) que, por otra parte, tiene que representar a 23 mil personas. Necesitamos una representación gremial para todos los trabajadores de la salud que sea capaz de sentarse a negociar en paritarias mejores condiciones salariales.

Ficha personal
Hugo Roland tiene 57 años y es médico especialista en infectología. Es director del Hospital Rawson desde 1999, pero hace 37 años que trabaja en esa institución.

Por Rosana Guerra (Especial) – Diario La Voz – Córdoba, Argentina – enero 2012 – nota completa 

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