La comercialización de “agua sucia” es un grave problema en República Dominicana, contagio de Hepatitis A

Sigue la venta. Aunque las autoridades clausuraron recientemente 75 empresas procesadoras, para totalizar 143 en los últimos meses, sigue la venta de agua en funditas en la vía pública y en negocios de barrios populares

agua De regreso a su hogar, después de un  emotivo partido de softball que ambos equipos disfrutaron a una temperatura de 32 grados centígrados, Yorki Mejía sintió una terrible sed. Cuando la destartalada guagüita voladora  que abordó se detuvo en una concurrida intersección de la avenida Nicolás de Ovando, escuchó que un joven vendedor gritó “agua fría, agua fría, a dos pesitos “˜namᓝ.

El joven deportista vio el cielo abierto. Estaba tan ansioso por remojar la garganta y calmar ese deseo ardiente que le quemaba las entrañas, que decidió comprar no una fundita, sino tres.

Pero antes preguntó: ¿Tienes botellillas de agua fría? “No, solo hay funditas. Bébetela, Eso es lo mismo to´Â  y las funditas son más baratas“, le respondió el vendedor.

Yorki consumió el agua, sin conocer la procedencia y sin observar la marca, registro industrial o sanitario. Mitigar la sed era premura Sencillamente tomó el líquido, y como buen ciudadano, lanzó el plástico al pavimento.

“Tenía el presentimiento de que esa agua me iba a hacer daño, porque hedía a lodo, a laguna, a cloaca. Se supone que el agua no tiene olor, ni sabor, pero esa que me tomé ese día, parece que tenía el mismo diablo adentro. Antes de llegar a mi casa, sentí la sensación de náuseas y empezó a dolerme el estómago“.

Empezó para Yorki, de 21 años, una terrible odisea, cuyas consecuencias todavía no acaba de superar.  Su madre, quien no conocía el origen del dolor de estómago, preparó limón agrio con bicarbonato, esperanzada en que las sales derivadas del ácido carbónico neutralizaran la acidez gástrica y facilitaran la digestión.

El intenso dolor abdominal  no cedía. Después de una jornada de vómitos y diarreas, una vecina enfermera preguntó qué alimento callejero había ingerido en las últimas horas. Cuando se enteró del consumo de “agua sucia de la calle“, como suelen llamarle al agua en funditas, le sugirió ir al médico. Antes le advirtió que podía tener una infección gastrointestinal, cólera, fiebre tifoidea, poliomielitis, meningitis o hepatitis “A“ y “B“. Todas son enfermedades transmitidas por el agua contaminada.

“Me vacié, hermano, me vacié. En la clínica me hicieron análisis y el médico me explicó que tenía problemas de gastroenteritis. Me calmé un poco. Mi salud mejoró con medicamentos que me recetaron. Pero fue tremendo susto el que pasé. Llamé a los muchachos que juegan softball conmigo y les advertí que bajo ninguna circunstancia tomen agua de funditas“.

La proliferación de plantas procesadoras de agua de consumo humano se ha convertido en un problema de salud pública para la población. Las autoridades del Departamento de Salud Ambiental de la secretaría de Salud Pública no tienen control ni vigilancia de los negocios “clandestinos“Â  que expenden al pregón,  en plena vía pública y en colmados, agua en funditas plásticas y en botellas sin tapas selladas.

Otra modalidad es la venta de agua en botellones en “pipotes“ o camioncitos que se desplazan a los barrios pobres y hacen sonar sus chillonas bocinas para atraer clientes. El botellón cuesta diez pesos.

En adición a este problema de índole de salud pública, en las calles y negocios de barrios se expenden esquimalitos y helados en envases plásticos, fabricados en patios y callejones y vendidos al público en las calles y colmados de barrios marginados. No tienen certificación de las autoridades de Salud Pública, ni de la Dirección General de Normas y Sistemas de Calidad.

De más de 500 que operan en el país, apenas hay 40 registradas certificadas.

No se conoce, en ningún caso, la procedencia del agua que se comercializa en todo el país. Por sabor a lodo y el hedor, se tiene la convicción de que la materia prima proviene de las cañadas Arroyo Lebrón, Guajimía, “La Gran cañada“ que canaliza las aguas residuales por el centro del Jardín Botánico Nacional; La “Cañada del Diablo“,  la cañada que cruza el Parque Zoológico Nacional o los ríos Ozama, Isabela, Haina, Higüero o Yaguaza. En el caso de los “pipotes“, se  presume que se abastecen de las estaciones de bombeo de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo.

En adición a las enfermedades gastrointestinales, tifoidea, hepatitis y brotes diarreicos, la comercialización de agua y alimentos envasados en plásticos genera problemas en el drenaje pluvial de la ciudad de Santo Domingo. Toneladas de funditas, bolsas, vasos y platos “higiénicos“ son arrastrados hasta el drenaje, obstruyendo las tuberías y los filtrantes. Una muestra es el deprimente espectáculo en las orillas de los ríos Isabela y Ozama.

Para que este cuadro pueda desarrollarse, es necesario que los agentes responsables alcancen al intestino, acarreados por el agua o los alimentos y puedan flanquear algunos mecanismos de defensa como la acidez del estómago, flora de microorganismos habituales del intestino, contracciones intestinales y diversas sustancias que impedirían la colonización e infección intestinal.

Enfermedades

El cólera, el tifus y la hepatitis infecciosa son algunas de las principales enfermedades transmitidas por bacterias que viven en el agua. Otras enfermedades son transmitidas por otros organismos que se reproducen en el agua (por lo general aguas sin movimiento, como las de los pipotes o las aguas estancadas) y que transportan estas bacterias. Algunos ejemplos de estas enfermedades son el paludismo o malaria, la enfermedad del sueño y la fiebre amarilla.

Todas estas enfermedades se caracterizan por una serie de síntomas que son: diarreas, deshidratación, vómitos, dolor de estómago, fiebre, dolor de cabeza, entre otros.

La diarrea – Es el síntoma principal de gran parte de las enfermedades transmitidas por agua y alimentos contaminados.

La deshidratación – Es la pérdida de agua y sales minerales del organismo.

La Hepatitis A – Se trata de una enfermedad vírica sumamente contagiosa que causa una infección hepática leve.

Tifoidea – Esta enfermedad infecciosa se caracteriza por fiebre continua. Otros síntomas son diarrea o estreñimiento, cefaleas, dolores musculares y fatiga.

Cólera – Es una enfermedad diarreica aguda, causada por infección intestinal.

Criptosporidiosis

es un parásito que se encuentra comúnmente en lagos, ríos, arroyos y estanques, especialmente cuando el agua ha sido contaminada con aguas residuales y desechos de animales.

Organismos

Son enfermedades causadas por organismos acuáticos que pasan una parte de su ciclo vital en el agua y otra parte como parásitos de animales. Los causantes de estos males son una variedad de gusanos, tenias, lombrices intestinales y nematodos del tejido, denominados colectivamente helmintos, que infectan al hombre

Gastroenteritis

La gastroenteritis infecciosa es un cuadro clínico caracterizado por una inflamación o alteración intestinal provocada por un microorganismo o las toxinas que éste fabrica.

Se presenta con mayor frecuencia y severidad en los niños que en las personas adultas. Constituye, además, una de las principales causas de mortalidad infantil en los países en vías de desarrollo, donde la desnutrición y enfermedades que disminuyen las defensas prevalecen sobre las demás.

La mayor incidencia en la mortalidad se observa en los niños y en los ancianos a partir se los 75 años de edad, asociado a malas condiciones higiénicas, hacinamiento y desnutrición.

Entre los microorganismos responsables encontramos a bacterias como Salmonella, Shigella, Vibrion Colerico, Campylobacter y Escherichia Coli; virus como los Rotavirus, Adenovirus entéricos y Astrovirus; Parásitos como Entamoeba histolítica, Balamtidium coli, Schistosoma y Trichinella spiralis.

Hoy – Arismendy Calderón – octubre 2009 – nota completa

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