La cirrosis con sus mitos populares impiden a pacientes ir a la consulta

Los mitos populares sobre la cirrosis que habitualmente se creer que la enfermedad se desarrolla solo por alto consumo de alcohol y pensar que solo la soluciona un trasplante son principales errores

Cuando la doctora le confirmó a Esperanza  que tenía cirrosis, lo primero que ella dijo fue: “¡pero yo ni siquiera tomo, ni un poquito!”.

Para los médicos, este es uno de los principales mitos que tiene la enfermedad, caracterizada por un daño crónico al hígado.

“Uno de los peores errores es creer que la cirrosis se desarrolla únicamente por alto consumo de licor. Personas que ya han tenido otros males en el hígado pueden desarrollarla, por ejemplo, quienes tienen problemas de obesidad. Pueden ser que pasen años sin que se manifieste y luego se presente sin el menor aviso”, explicó Jose Pablo Garbanzo, médico del Centro de Especialidades del Hígado de Costa Rica.

Los virus de la hepatitis B o hepatitis C, también pueden, sin que nos demos cuenta, desarrollar cirrosis

En Esperanza, la obesidad era un factor que precipitaba la posible aparición de la enfermedad.

“Yo soy maestra. Uno come corriendo, tiene una vida sedentaria, no practica deporte. Uno come sin horario lo que sea y lo que haya”, manifestó la mujer.
El ser jefa de hogar y tener que cuidar a sus tres hijos menores también hizo que descuidara su salud.

En su caso, la enfermedad no dio muchas señales, pues solamente se sentía muy cansada, inflamada y con dolores cerca del hígado, pero nunca los asoció a algo en particular. Pasaron años antes de que tuviera un diagnóstico.

En otros casos, la cirrosis se manifiesta con desorientación, alteración en los patrones del sueño, vómito de sangre o sangre en las heces, acumulación de líquido en el abdomen y coloración amarilla de los ojos y la piel.

Para el Dr.Garbanzo, los mitos y el desconocimiento de los pacientes dificultan que ellos busquen la ayuda médica necesaria y sean atendidos a tiempo, lo que puede desencadenar en una enfermedad más agresiva y con menores posibilidades de tratamiento.

Sí hay soluciones

Tratar la hepatitis B y la hepatitis C, puede disminuir la cirrosis

Otro de los miedos que tenia Castro era que la enfermedad fuera casi una sentencia de muerte o una condena a un trasplante de hígado, pero no fue así. El cambiar por completo su estilo de vida la ha llevado a controlar la enfermedad.

“A mis 55 años aprendí a nadar. Ahora voy los fines de semana o las noches a la piscina de Plaza Víquez. Ya no como tantas grasas, y como a mis horas, en calma. Ya he bajado como 20 kilos en dos años”, aseguró la mujer.

Sí pueden llevar una vida normal dijo el Dr. Garbanzo, pero es necesario que se hagan ultrasonidos cada seis meses y estar pendientes de descartar un cáncer, pues en ellos el riesgo es mayor y es mejor detectarlo a tiempo”, concluyó.

Edición: Hepatitis 2000

Fuente: nacion

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