Joven de 23 con hígado de 86

trasplante S. V. / GRANADA – El cambio del perfil del donante ha obligado a trasplantar órganos de fallecidos ‘añosos’ · Mientras que el corazón, pulmón y páncreas tienen un límite de donante de 50 años, el hígado y el riñón no tienen edad

La semana pasada fueron dos donantes de órganos de 73 y 81 años, pero son los de más edad. Los equipos de trasplantes se enfrentan en los últimos años a un cambio en el perfil del donante: cada vez hay menos jóvenes fallecidos por la reducción de los accidentes de tráfico, por lo que hay que recurrir a donantes de más edad, los conocidos en el argot como donantes ‘añosos’, para salvar vidas.

Pero entonces, ¿no hay limite de edad para ser donante de órganos? ¿Qué vida tiene un riñón o un hígado? ¿Qué supervivencia tiene el receptor? Los protocolos han cambiado y ahora se aceptan órganos de pacientes fallecidos de 60, 70 y hasta más de 80 años, algo impensable hace unas décadas. Ante esta situación, se dan historias como la de una joven de poco más de 20 años con un órgano de 86. Y no es un ejemplo. Es una realidad en el libro de trasplantes de la coordinadora de Granada ya que se trató de un caso urgente para mantener la vida. Y los datos son reveladores. En la provincia, más del 50% de los donantes son mayores de 60 años y los mayores de 70, el 40% de ellos.

Según el coordinador sectorial de trasplantes de Granada, José Miguel Pérez, para órganos como el corazón, páncreas o pulmón sí hay un límite de edad, que está situado en los 50 años. Con más edad no se pueden trasplantar estos órganos cuando hay un donante multiorgánico (cadáver). La literatura médica y la experiencia no lo aconsejan.

Pero cuando se habla del hígado o el riñón los límites son más flexibles. Tanto que hasta rozan la ancianidad. De hecho, se están trasplantado órganos de mayores de 80 años. El límite del hospital son los 86 para hígado, el órgano para el que se permite más edad. En el caso de riñón se ha contado con órganos de más de 70 años.

“Aquí no había tanta experiencia porque había donantes jóvenes pero, por ejemplo, en Galicia, con un alto nivel de población envejecida, se practica más”, matiza Pérez.

El proceso es complejo pero dentro de un protocolo establecido. Cuando se produce un fallecimiento de una persona añosa candidata a donar (que haya sido por muerte cerebral y no por el fallo de uno o varios órganos) se realiza un primer estudio analítico en el que se comprueba la función del riñón y del hígado. Si esa analítica refleja que la función es buena se pasa a una segunda prueba: la ecografía. Si ésta es normal se plantea a la familia la posibilidad de la donación. “Es curioso, pero cuando hablamos con ellos y le planteamos que la persona podría ser donante de órganos se extrañan. Nos dicen, ¿con esta edad?, entonces les explicamos todo el proceso”, detalla el especialista.

Aunque trasplantar órganos de mayores de 70 o 80 años no es lo habitual, “se trata de receptores, en el caso de trasplante hepático, que tienen menos de un año de vida si no reciben un órgano nuevo”.

La explicación, en el caso del hígado, está en sus células. Según los expertos, los hepatocitos son las únicas células que se regeneran. Así, cuando entran en contacto con un cuerpo joven como el de los receptores, el órgano rejuvenece. Por eso se pueden dar trasplantes de órganos de 80 en jóvenes de 20, donde el hígado vuelve a una segunda juventud.

Lo que falta es experiencia en la supervivencia a largo plazo. Porque, por ejemplo, la muchacha de 20 que recibió un hígado de 80, cuando cumpla 50 su hígado habrá llegado a los 110 años. Pero eso se irá viendo. Lo importante es que se salvan vidas.

En el caso de los riñones, el trasplante de un donante de mayor edad ha sido de unos 78 años. En estos casos se hacen más pruebas. Por ejemplo, en los riñones a partir de los 60 años se hacen biopsias, una prueba que no es necesaria en el hígado a esta edad.

Por esta realidad de mezcla de edades, los expertos en trasplantes apuestan por los donantes vivos. Son la solución a esta búsqueda de órganos en personas mayores que han fallecido. A esta apuesta firme se suma ahora el trasplante renal cruzado, una puerta más a la esperanza de las personas que están en diálisis. Si tienen donante vivo pero por incompatibilidad no puede donar, con lo que se vuelve a la situación primera de necesitar un órgano para sobrevivir y salir de la diálisis, hay opción de encontrar a otra pareja de cualquier zona del país que esté en la misma situación.

Una técnica que desde la Organización Nacional de Trasplantes esperan que fomente la donación de vivo ya que los pacientes con insuficiencia renal crónica podrán pedir a su familia que se apunten a la donación directa o al sistema cruzado.

Granada Hoy – 03 agosto 2009 – Nota completa

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