Insuficientes, especialistas en trasplante hepático en Jalisco

Insuficientes, especialistas en trasplante hepático en Jalisco
Llaman a hospitales a sacar licencia para realizar cirugías y procurar órganos
Advierten que la responsabilidad de mantener los programas es de las instituciones, no de un solo especialista

GUADALAJARA, JALISCO – No se puede dejar el peso del éxito o fracaso de un programa de trasplantes a una sola persona, como ocurrió con el trasplantólogo Luis Carlos Rodríguez Sancho, cuya sanción por incurrir en faltas administrativas provocó que el programa que lideraba en el Antiguo Hospital Civil “Fray Antonio Alcalde“ se viniera abajo. A la fecha, el ritmo no se ha vuelto a recuperar.

Jalisco cuenta con trasplantólogos preparados, pero son insuficientes, sobre todo para el tema de trasplantes de hígado, rama en la que se especializa Rodríguez Sancho, quien fue sancionado a no trabajar en el ámbito de la salud pública por tres años, castigo que termina en un par de meses.

El pasado domingo, este medio reveló que de alcanzar un ritmo de hasta 52 cirugías de trasplante hepático por semana en 2007, desde hace año y medio no se realiza ninguna en el Antiguo Hospital Civil.

Hasta abril de este año suman tres operaciones de este tipo en el Estado, pero ninguna de ellas en el citado nosocomio.

No obstante, el doctor Marco Covarrubias, quien labora en el Antiguo Hospital Civil, está capacitado para realizar procedimientos de sustitución de hígado, como lo hacía Rodríguez Sancho. Sin embargo, hasta el momento sólo realiza otro tipo de trasplantes, como de riñón.

Ante esto, el secretario técnico del Consejo Estatal de Trasplantes de Órganos y Tejidos (CETOT) Agustín García de Alba Zepeda, advierte que los hospitales deben dar mayor valor al tema, sacar su licencia para realizar trasplantes y para procurar órganos, además de que haya programas de permanencia.

Al cuestionarlo sobre la razón por la cual el doctor Covarrubias no realiza trasplantes de hígado pese a estar capacitado, el secretario técnico respondió:

“Aquí habría que preguntarle a la institución y al doctor, ellos decidieron cerrar su programa de trasplante de hígado y no están haciendo, pero hay personas capacitadas, independientemente del doctor Luis Carlos; nos gustaría que las instituciones médicas valoraran incrementar sus números“.

De Alba Zepeda menciona que temas como la salud no deben ser dependientes de los especialistas, sino que deben ser las instituciones las que respalden el trabajo que se realiza.

Por otro lado, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) Jalisco cuenta con trasplantólogos reconocidos que hacen intervenciones de corazón, hígado, córnea y páncreas, pero es el trasplante renal lo que ha permitido a la institución mantenerse como líder en la materia.

Mi blog amarillo
Introducción

“”¿Eres casado?“” le pregunta la trailera a su pasajero de ocasión.

“”Mi esposa murió“¦ hace ocho meses.

“”Yo perdí a mi marido hace un año. Dicen que fue la bebida, pero creo que yo no puse la debida atención. Me la paso en esta cabina todo el día escuchando música y allá afuera la gente se está muriendo; comen demasiado y beben demasiado, y nadie se preocupa por ello.

Frank, el pasajero de ocasión que es un obrero jubilado personificado por Robert de Niro, aprieta los ojos y se encoge de hombros. La película se llama Todos están bien.

La conductora del tráiler tiene razón: comemos y bebemos más de lo que deberíamos para conservar la salud. La comida mala y en exceso nos acorrala hasta asfixiarnos por la hipertensión, la diabetes, las fallas cerebrales y cardiacas. La bebida en demasía nos empuja al precipicio del alcoholismo; no hay hígado que soporte semejante carga.

En los estudios de la Secretaría de Salud hay registros de que la cirrosis y sus complicaciones, como la encefalopatía hepática, son la sexta causa de mortalidad general y la tercera en hombres de 23 a 64 años de edad en México, como consecuencia de enfermedades como alcoholismo, hepatitis B y C, y otras infecciones virales en el hígado.

Centenares, miles de esos mexicanos tocados por la falla hepática, claman por un trasplante de ese incansable laboratorio que es el hígado. Sus voces, con harta frecuencia, se pierden en las salas de terapia intensiva, en sus propias habitaciones o en el desolado espacio de la vía pública. El órgano que se espera no siempre llega.

En México se realizan 10 trasplantes por cada millón de habitantes y solamente 375 hospitales están autorizados para obtener órganos en donación. Otros sistemas de salud marcan la pauta: debería existir en cada unidad hospitalaria un área de donación con un coordinador.

Tan endémica como la presencia de enfermedades hepáticas es la baja cultura de donación de órganos y tejidos, los presupuestos en el sistema nacional de salud son ínfimos y no existen suficientes centros ni personal autorizado en trasplantes de órganos y tejidos.

Las cifras de Jalisco son tan dramáticas como cada caso de una vida que se extingue en espera de un hígado sano: en 2008 hubo 26 donaciones contra 11 que se han recibido en lo que va de 2011.
Y seguimos encerrados en nuestra cabina de tráiler, recorriendo los caminos pero sin mirar la realidad. Y allí afuera se nos está muriendo la gente.

Ictericia: La ictericia se refiere al color amarillo que toma la piel debido al aumento de la bilirrubina en la sangre. Es uno de los síntomas más clásicos de las enfermedades del hígado. La ictericia no es una enfermedad en sí misma, sino que es un signo de alarma.

Don Lalo

Una de las últimas veces que lo vi “”¿sería la última?“” lo encontré en el batiente de la tienda de don Pancho. Se estaba tomando una cerveza que torpemente trataba de ocultar entre sus piernas. Tal vez le daba pena que lo vieran ahí, que lo vieran así, curándosela en plena calle antes de las ocho de la mañana.

Salía de su casa recién bañado y cambiado, limpio y acicalado. Esmirriado, la enfermedad lo estaba consumiendo. A mediados de los ochenta, él ya tenía tiempo sin chamba; la bebida no lo dejaba, o más bien él no lograba dejarla.

Yo lo conocía simplemente como don Lalo. Apenas cruzaba el saludo con los vecinos cuando caminaba rumbo a la tienda por la cervecita, o venía de regreso a su casa en el andador, frente al estacionamiento de la unidad habitacional. Otros lo identificaban como “el señor del andador“, o el esposo de la chaparrita de los dos niños.
El tono amarillento de su piel se fue haciendo cada día más acusado. El daño hepático era ostensible, aunque parecía que él simplemente se sabía enfermo, con fiebres, dolores de piernas, mareos y náuseas, y esporádicas hemorragias digestivas. “No todas las cirrosis son por alcoholismo, y no todos los alcohólicos son cirróticos“, prescribía el médico a la esposa de don Lalo“¦ antes de conocer su historia de parrandas interminables. “Es que se gasta todo el chivo en vino“, se quejaba la pobre mujer que ofrecía planchar ajeno para hacerse de unos centavos.

Cuando se activa el cronómetro vital de un enfermo de cirrosis, la cuenta regresiva puede medirse en años. La enfermedad, sus síntomas, los achaques, pueden ser engañosos, pero el ritmo se acelera y la cuenta ya es por meses, por semanas“¦ hasta llegar a la fatalidad del día a día.

Este domingo, el lunes, el sábado, puede ser el último. La tarea de zapa de los tumores, que el léxico de los doctores emboza como hepatocarcinomas, puede ser la señal postrera, la antesala del último suspiro.

Don Lalo parecía sacarle la vuelta a la cita. Estaba empeñado en disfrutar el Mundial México 1986, que prometía buenas cosas para “El Tri“. El término trasplante le era totalmente ajeno; el país estaba a años luz de acceder al fomento de la donación de órganos. El primer trasplante de hígado en México se realizaría dos años después del Mundial de Futbol, el 2 de mayo de 1988. El beneficiario: un hombre de 41 años que cursaba (así dicen los médicos) hipertensión y hepatitis desde 1975 y había desarrollado cirrosis postnecrótica (“Cirrosis hepática que aparece tras una hepatitis tóxica o vírica; se caracteriza por lesiones necróticas celulares, nódulos de regeneración, atrofia pálida del hígado y esclerosis. Cursa con dolor abdominal, ictericia “”piel amarilla“” hemorragia y evoluciona hacia una insuficiencia hepática mortal“).

La cirugía, registrada en tratados de hepatología, se realizó a través del Programa Nacional de Trasplantes (el ancestro del Cenatra, Centro Nacional de Trasplantes de la Secretaría de Salud, creado apenas en el año 2000) y se trató de un injerto hepático de un paciente con muerte cerebral producida por un accidente cerebrovascular.
En la bibliografía disponible se da cuenta de lo que, en su momento, constituyó un fabuloso avance médico: 28 meses después de la cirugía, el paciente era tratado con “dosis mínimas“ de medicamentos inmunosupresores (que tomaría, como el resto de los trasplantados, de por vida), registraba una “función hepática normal“, con una calidad de vida “muy satisfactoria“. Hoy en día el Cenatra registra unos 11 mil mexicanos en espera de un trasplante y casi 350 hacen fila para obtener un hígado.

Ni de lejos se asomó don Lalo antes de su muerte a este considerable éxito de la medicina en nuestro país. Lo que sí pudo disfrutar fue la victoria de México 2-0 contra Bulgaria, en el partido celebrado en el Estadio Azteca el 10 de junio de aquel inolvidable 1986, cuando Manolo Negrete marcó uno de los goles más bellos de la historia de los mundiales.

“¡Eso sí que fue histórico!“, gritaba don Lalo, con euforia y con la chela en la mano. Y tal vez pensaba: eso de los trasplantes, en esta época, son cosas que nomás los doctores entienden“¦

Por Eugenio R. – El Informador – noticia completa

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