Hepatitis C y hepatitis B oculta

Hepatitis C y hepatitis B oculta
Una revisión publicada en The Lancet señala que los casos de hepatitis B podrían ser más numerosos de lo previsto, ya que se ha identificado un tipo de esta hepatitis oculto que no se puede diagnosticar por los análisis habituales. La combinación de hepatitis B y C en un mismo paciente empeora el pronóstico, advierte la publicación británica.

Los portadores de hepatitis B se identifican fácilmente por la presencia en la sangre de antígeno de superficie (antígeno Australia).
Sin embargo, con la llegada de técnicas de laboratorio más sensibles, se ha observado que algunos pacientes sin este antígeno presentan en la sangre partículas virales de ácido nucleico que demuestran la persistencia del virus.

Es una forma de hepatitis denominada hepatitis B crónica oculta.
Se debe en general a la existencia de mutaciones virales no detectables por el análisis, aunque otras veces la causa es una supresión potente de la multiplicación viral que hace que no sea fácil detectarlo en la sangre aún siendo peligroso.

La alarma ha saltado a raíz de un estudio realizado en pacientes sometidos a hemodiálisis. Estos sujetos están particularmente expuestos a la hepatitis ya que comparten aparatos y son pinchados varias veces por semana. El 0,8% de los pacientes presentaba antígeno de superficie en la sangre, mientras que la cifra de hepatitis B oculta (ácido nucleico viral en sangre) se elevaba hasta el 3,8%.

Esta podría ser la causa de las epidemias de hepatitis B que se producen a veces en centros de diálisis y cuyo origen no ha estado claro hasta ahora. Algo parecido puede estar ocurriendo con algunos casos de infección asociada a transfusiones o en pacientes trasplantados, sobre todo los hepáticos.

Lo que todavía no se conoce con seguridad es si padecer este tipo de hepatitis B oculta representa un riesgo para los portadores. Desde luego, en fases en que empeoren las defensas del paciente (quimioterapia o infección VIH), esta infección puede hacerse más expresiva y lesionar el hígado. Con la recuperación de las defensas la infección se ocultaría de nuevo.

El interrogante final es si este tipo de hepatitis puede dañar el hígado de pacientes con las defensas intactas. Aquí es donde entra en juego la hepatitis C. Y es que la mayor proporción de hepatitis B se da entre individuos infectados por el virus C y algunos estudios sugieren una influencia negativa entre ambas.

Para empezar, la presencia de un virus B oculto puede entorpecer la eficacia del tratamiento de la hepatitis C (ribavirina e interferón). Por otro lado, la asociación de los dos virus aceleraría la inflamación hepática y su evolución a cirrosis e incluso, con el tiempo, su transformación en un hepatocarcinoma.

El editorial termina afirmando que a la vista de los conocimientos actuales sobre este tipo de hepatitis B oculta, puede decirse que no provoca una lesión especialmente grave en el hígado pero cuando se asocia a otras enfermedades hepáticas (particularmente la hepatitis C), puede ser un factor claramente negativo en la evolución de la enfermedad con mayor tendencia a la cronicidad y mayor rapidez en el desarrollo de cirrosis en incluso cáncer de hígado.

Gracias a Jesús de Valladolid (Jesús del foro)por enviar esta noticia

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