Hepatitis C por encima de la media nacional en Sinaloa, México

Culiacán, Sinaloa – De acuerdo a la investigación producto de muestreo a nivel estatal a cargo de un grupo interdisciplinario del sector salud, la prevalencia de infectados con el virus de la hepatitis C arrojó un 3% superior a la media nacional que es de 1.4%, señaló en conferencia de prensa el doctor David Rubio Payán, director del HGC.

La infectóloga Xóchitl Torres, el epidemiólogo Humberto Soto, el internista y director de CAPACITS, así como el representante de los Laboratorios Roche, Juan Ramón García, como parte del equipo que llevó a cabo esta investigación, dieron a conocer los resultados, coincidiendo, sobre la importancia de ofrecer a los pacientes alternativas a su alcance para el tratamiento.

Rubio Payán, subrayó que luego de 8 meses de trabajo tras 3 mil 185 personas que se realizaron la prueba, entre ellos personal médico en riesgo, surgieron 81 nuevos casos, que equivalen al 3% del muestreo, cantidad considerable porque potencialmente hablando, de no tomarse las medidas adecuadas pueden multiplicar la enfermedad.

“Nuestra tarea, es demostrar que se requiere dar un paso más eficaz para atender a estos pacientes, convencer a quienes tienen la decisión de que pasen a ser parte de los servicios del Seguro Popular, puesto que el tratamiento, aunque sus costos han ido a la baja, actualmente están por los 130 mil pesos anuales por cada paciente”, dijo Rubio Payán.

El grupo interdisciplinario dio a conocer que de las 81 muestras positivas 47% son de mujeres y 34% de hombres, luego de pasar por las dos pruebas iniciales, la segunda para confirmar y aun existe una tercera para conocer el estadío de la enfermedad.

Sobre este padecimiento de la hepatitis C, ampliaron la información para EL SOL DE SINALOA, comentaron que es una enfermedad infectocontagiosa que afecta al hígado, producida por infección con el virus de la hepatitis C (VHC). La hepatitis hace que el hígado se inflame y deje de funcionar correctamente.

El hígado es un órgano que desempeña muchas funciones importantes. Elimina sustancias químicas dañinas de la sangre, combate las infecciones, ayuda a digerir los alimentos, almacena nutrientes y vitaminas, almacena energía. Nadie puede vivir sin hígado. La hepatitis C es una enfermedad del hígado.

La hepatitis C se propaga por medio del contacto de sangre sin infectar con sangre de una persona infectada (transmisión por vía parenteral), no es una enfermedad de transmisión sexual ya que no se transmite a través del semen como en el caso de la hepatitis B o el VIH-SIDA.

Se puede contraer hepatitis C al: recibir prácticas médicas con mala esterilización (odontólogo, podólogo, etc.); pincharse con una aguja contaminada con sangre infectada (trabajadores de la salud pueden contraer la hepatitis C de esta forma); realizarse un tatuaje o una perforación en alguna parte del cuerpo con instrumentos que contengan sangre infectada; compartir agujas para inyectarse drogas; inhalar drogas por aspiración compartiendo el instrumento con que se aspira debido a que pueden producirse hemorragias a nivel nasal; ser nacido de una madre que tiene la hepatitis C; raramente el contagio puede ser por vía sexual. Se calcula que este tipo de contagio representa menos del 2% de los casos. Se da especialmente cuando en la relación sexual existe sangrado.

La hepatitis C no se contagia: dando la mano, abrazando a una persona, besando en la cara, sentándose junto a otra persona, besándola en la boca y manteniendo relaciones sexuales con preservativo.

Las personas que recibieron una transfusión de sangre o un trasplante de algún órgano antes de 1992, podrían tener hepatitis C. Antes de 1992, los médicos no podían detectar el virus de la hepatitis C en la sangre, por lo que multitud de personas recibieron sangre infectada. Las personas que recibieron una transfusión de sangre o un trasplante antes de 1992, pueden pedir a su médico que le haga la prueba de la hepatitis C.

La mayoría de las personas no presentan ningún síntoma. Sin embargo, algunas pueden sentirse como si tuvieran un “estado gripal”. Algunos síntomas son: cansancio, náuseas, prurito, picor o picazón en todo el cuerpo, fiebre, pérdida del apetito, sensación de dolor en la zona hepática, diarrea.

Algunas personas presentan: oscurecimiento de la orina, excrementos de color claro y color amarillento de los ojos y la piel (ictericia). Es aconsejable acudir al médico en caso de tener algunos de estos síntomas o de sospechar padecer hepatitis C.

Como quiera que la hepatitis C se desarrolla de forma generalmente asintomática, la mayoría de los casos vienen determinados por análisis sanguíneos realizados en el curso de una donación de sangre, previamente a una operación, o en un control rutinario. En caso de duda (por ejemplo, si los marcadores hepáticos hacen sospechar una infección por VHC) se lleva a cabo una prueba para determinar la presencia de anticuerpos contra el virus. Sin embargo, la presencia de anticuerpos no es determinante de la enfermedad, sino que sólo indica que se ha estado en contacto con el virus, por lo que en caso de no haber alteración de las enzimas hepáticas, se lleva a cabo la determinación de ARN del virus. Sin embargo, frente a esta opinión es defendido el principio de que la presencia de anticuerpos C implica la presencia del virus C, puesto que éste no es eliminable en etapas de cronicidad. Es una constante el hecho de que la presencia de anticuerpos C es concomitante con la presencia de virus C en los portadores de dicho virus C.

Si existiera la sospecha clínica de que la hepatitis C pudiese haber llegado a ser causa de cirrosis o cáncer de hígado, podría ser necesario efectuar una biopsia hepática diagnóstica, aunque existen pruebas iconográficas (ecografía hepática, tomografía computada, etc.), así como pruebas de laboratorio como es la determinación de alfa-fetoproteína en plasma que podrían orientarnos ante la sospecha de cáncer hepático. La biopsia es una prueba relativamente sencilla. Consiste en extraer una muestra muy pequeña del hígado por medio de una aguja. El tiempo de recuperación es corto, apenas unas horas de inmovilidad en el hospital para prevenir posibles hemorragias. Ese fragmento se estudia para determinar el daño del hígado y otros datos.

La cirrosis de hígado y el cáncer de hígado pueden derivarse de la Hepatitis C. Tras una fase aguda inicial en la cual, como mínimo, un 20% de infecciones se curan solas, la enfermedad se cronifica. Se considera que la fase aguda dura entre 3 y 6 meses, pero se alarga la fase crítica hasta 1 año para incluir en ella curaciones espontáneas que se han producido en el segundo semestre de evolución.

Los síntomas físicos como ictericia son raros, y el cansancio asociado a la hepatitis puede pasar inadvertido. Sin embargo, una atenta mirada hacia el pasado permite distinguir el periodo posterior a la infección por una cierta baja del ánimo y la osadía.

Esta fase crónica puede alargarse 20 y 30 años sin más síntomas que algunas alteraciones de los marcadores hepáticos. Después puede empezar una fase de fibrosis del hígado algo más rápida que llega a desembocar en cirrosis en unos años y posteriormente en cáncer de hígado.

El diagnóstico de cáncer de hígado en pacientes de hepatitis C no es superior al 5%, y muchos pacientes podrían superar los 30 años de cronicidad sin desarrollar grandes lesiones hepáticas. Una proporción importante de los afectados de hepatitis C no presenta síntomas clínicos de ningún tipo, (marcadores hepáticos normales) y se considera que este 30% tienen mejor pronóstico que los demás. Parece también comprobado que el pronóstico es mejor cuanto más tempranamente se haya contraído la enfermedad, y esto independientemente de la viremia (cantidad de virus por unidad de sangre). La viremia no parece afectar a la evolución de la enfermedad y, quizá, sólo modifique lo potencialmente contagioso que es cada paciente.

El tratamiento farmacológico más eficaz se basa en la asociación de interferón pegilado administrado por vía subcutánea, con otro fármaco antiviral llamado ribavirina por vía oral. Los efectos secundarios del interferón son numerosos, la mayoría incluidos en lo que se llama síndrome gripal. Al cabo de los meses provoca pérdida de masa muscular. Todos estos síntomas revierten al finalizar el tratamiento.

El más temible efecto secundario de la ribavirina es que produce modificaciones que afectan a la reproducción; los hijos de un paciente recientemente tratado con ribavirina pueden nacer disminuidos psíquicos o con deformidades físicas (efecto teratológico). El porcentaje de éxito (eliminación del virus en sangre mantenida hasta un año después de terminado el tratamiento) es algo superior al 50% dependiendo del tipo de virus. El virus 1b es el más difícil de curar y requiere tratamiento de un año. La respuesta es aproximadamente 50% para el genotipo 1 y 80% para los genotipos 2 y 3. En estos últimos se realiza tratamiento durante 6 meses. La hepatitis C puede evolucionar hacia una cirrosis o incluso a un tipo específico de cáncer de hígado. El fracaso del primer tratamiento no implica la evaluación para un futuro trasplante. Primero hay que revisar si el tratamiento estuvo bien hecho. En el caso en que no se hubiera llegado a los requerimientos mínimos de dosis o de duración del mismo, se debe intentar otro tratamiento. Sólo se deben evaluar para trasplante aquéllos pacientes que tengan cirrosis con complicaciones como ascitis, coagulopatía, encefalopatía, ictericia. O que tengan un puntaje MELD mayor de 14 puntos (Indicaciones de trasplante hepático en hepatitis C).

La comunidad médica no reconoce por el momento casos de curación espontánea (negativización del virus en sangre mantenida durante un año) más allá del periodo inicial de un año que corresponde a la fase aguda.

Para evitar el contagio de la hepatitis C, han de tomarse como mínimo las siguientes medidas: no compartir con nadie agujas para inyectarse drogas, usar guantes si se ha de tocar sangre de otra persona; usar condón/preservativo en relaciones sexuales de riesgo donde pueda haber sangrado; no compartir el cepillo de dientes o la máquina de afeitar con una persona infectada, ni cualquier otra cosa que pudiera recoger su sangre; comprobar que toda escoriación (tatuaje, cicatrices tribales) o perforación (pendientes, piercings, aretes) sea hecha con instrumentos esterilizados.

Consulte al médico de inmediato y hágase la prueba si corre alto riesgo de contraer hepatitis C o si usted piensa que ha estado expuesto al virus de la hepatitis C. Muchas personas no saben que están infectadas. El diagnóstico y tratamiento precoz puede ayudar a prevenir el daño al hígado.

Finalmente hay que tener siempre presente esto: La hepatitis C es una enfermedad del hígado causada por el virus de la hepatitis C, todas las personas pueden contraer la hepatitis C, pero algunas personas corren mayor riesgo, usted puede contraer la hepatitis C mediante el contacto con la sangre de una persona infectada, la hepatitis C es crónica cuando el organismo no puede deshacerse del virus de la hepatitis C., el daño al hígado puede tardar 10 años o más y en general es el primer signo de la hepatitis C., si usted corre alto riesgo de contraer la hepatitis C o piensa que estuvo expuesto al virus de la hepatitis C, hágase la prueba. Muchas personas desconocen que están infectadas, la hepatitis C crónica se trata con medicamentos que retrasan o detienen el daño que el virus pueda causar al hígado.

por Antonio Velázquez Zárate – El Sol de Sinaloa – 09 agosto 2010 – nota completa

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