Hepatitis C piden 2200 años de carcel por contagiar a 276 personas, caso Maeso

El fiscal dice que Maeso dejó rastro del virus y pide 2.200 años de cárcel. El representante del Ministerio Público señala que el anestesista es la “única fuente de contagios”

El fiscal aseguró, durante la primera jornada de exposición de sus conclusiones definitivas en el juicio que se sigue contra el anestesista Juan Maeso, acusado de contagiar la hepatitis C a 276 pacientes en distintos hospitales de la ciudad de Valencia, que “el contagio procede de una sola fuente” y que el virus “sigue la actuación del procesado” en distintos centros hospitalarios. Así, confirmó su petición de una pena de 2.212 años de prisión. Aseguró que “el virus del acusado es el mismo que el de los afectados” e insistió en que “no es similar ni parecido sino el mismo”, una circunstancia que consideró “una prueba de autoría directa”. De este modo, descartó “las alegaciones de la defensa de que Maeso pudiera ser un afectado más” por “un agente desconocido” y sostuvo que “su virus es el más antiguo de todos”.
Señaló que en todos los casos vinculados al contagio masivo ha existido intervención quirúrgica o intervención del acusado en el servicio de reanimación. Manifestó que los pacientes estuvieron en distintos hospitales y que el virus “sigue la actuación del procesado” en los diferentes centros sanitarios en los que trabajaba. Aseveró que el anestesista “ha dejado un rastro de virus ahí por donde ha pasado”.

El acusador público aludió a la automedicación del acusado con opiáceos “por sus dolencias y adicción a los tóxicos”. Indicó que “se inyectó determinadas drogas antes de inyectar a los pacientes” y aseguró que “así los contagió”, al tiempo en que reiteró que Juan Maeso tiene “el mismo virus que el resto de los afectados”.

Comentó también que “no es posible otra vía de contagio” que la sanguínea. Apuntó, en esta línea, que no hay una grabación de los hechos, algo que estimó “ridículo” porque si la hubiese sería una prueba, dijo, pero agregó que, no obstante, es posible reconstruir la actuación tipo para concluir que el acusado se inyectó y que después inyectó a los pacientes.

Del mismo modo, sostuvo que la probabilidad de un origen común es de más de un 99 por ciento, según afirmó, una cifra más alta que la que utiliza el Tribunal Supremo a la hora de establecer la fiabilidad de las pruebas.

El fiscal insistió en que el contagio “procede de una sola fuente” que es “móvil en el tiempo” y que “ha permanecido activa todo el tiempo de los contagios”. Explicó que la fuente “ha cambiado porque era un organismo vivo”. En esta línea, manifestó que, según los peritos, la fuente “se desplazaba en el espacio y en el tiempo” y agregó que estos expertos indicaron durante el juicio que el origen del contagio es humano y que no se produjo a través de hemoderivados. Indicó que de 275 contagios “sólo en 19 casos se usaron productos hemoderivados”.

Así, señaló que los peritos, al ser preguntados por si las vías de contagio podían ser distintas a la sangre, respondieron “rotundamente no”. Comentó que éstos afirmaron, al ser preguntados por si los tatuajes, las intervenciones buco dentales, los partos o los cortes accidentales –en depilaciones o peluquería, apuntó el fiscal– podrían ser causa de contagio, que “ninguna de estas situaciones era causa de infección ni de brote” de la hepatitis C.

Descartó, igualmente, que se hubiera podido producir “un error en la cadena de esterilización del hospital y añadió que los peritos precisaron que es necesario el contacto entre fuentes y afectado.

El representante del ministerio público manifestó durante la lectura de las conclusiones que las investigaciones realizadas como consecuencia del contagio han seguido “siempre criterios científicos a pesar del déficit de información clínica” y señaló que “se podía haber ahorrado más de un tercio de tiempo de instrucción si los historiales clínicos hubieran estado completos”.

Diferencias

Posteriormente, aseveró que el recuento de los casos coincide con el recuento del Ministerio Fiscal. Aseveró que el 55 por ciento de los afectados tiene “cero diferencia” y “una diferencia 69 afectados”, por lo que concluyó que “el 80 por ciento de los afectados tiene 0 ó 1 diferencia” y destacó que “para los peritos eso suponía que la gran mayoría de los afectados tenía estrecha relación en su virus con el que presentaba el afectado”.

Explicó que los peritos también aludieron en el juicio a la “transmisión vertical y no horizontal” de la hepatitis C, por lo que insistió en que “eso significa que había una sola fuente de origen del brote”. Resaltó así que, según estos especialistas, “no sólo había una sola fuente común” para todos los afectados sino “también un solo causante, un solo origen común”. Consideró que planteado en los estudios de los peritos es “compatible” con la acusación del Ministerio Fiscal.

El fiscal, que en su intervención aludió a las diferencias detectadas en algunos casos y a las exclusiones de algunos de ellos determinadas por los peritos, afirmó que todos los casos de contagio masivo de hepatitis C conocidos han sido estudiados y subrayó que decidir la exclusión o no de cada uno se ha hecho por criterio científico”.

En este sentido, indicó durante su intervención que las opiniones técnicas las emiten los peritos y afirmó que “en el procedimiento penal, esas valoraciones deben fundamentar la prueba de cargo o descargo”. Aseveró, así que, “no puede admitirse que la opinión de un letrado –en alusión a la defensa del anestesista– se enfrente a la opinión de un perito”, algo que “se ha hecho más de una vez”, criticó

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