Hepatitis C la resistencia a la insulina reduce a la mitad la curación

La resistencia a la insulina reduce a la mitad la curación de la hepatitis C
Un médico sevillano revela en parte por qué el tratamiento no funciona en todos los pacientes

El hallazgo posibilita que los pacientes con hepatitis C trabajen en favor de su curación

Qué pasa con los pacientes con hepatitis C que tienen grasa en el hígado? Esta pregunta casual ha llevado al hepatólogo sevillano Manuel Romero Gómez y su equipo a conclusiones sorprendentes después de tres años investigando. En un primer estudio, Romero Gómez, director de la Unidad de Gestión Clínica de Enfermedades Digestivas del hospital de Valme de Sevilla, demostró la estrecha relación de esta enfermedad con la diabetes y el síndrome metabólico. Este mismo trabajo sirvió asimismo para probar que pacientes con resistencia a la insulina tienen la mitad de posibilidades de curarse de esta infección hepática que aquellos no resistentes. Dicho en otras palabras: la hiperinsulinemia bloquea la acción antiviral del tratamiento con interferón y ribavirina, el cóctel de fármacos con el que actualmente se trata a estos enfermos.

En España hay cerca de 400.000 infectados diagnosticados, aunque se calcula que hay otros tantos sin diagnosticar.

Pero aún hay más. Un segundo trabajo del investigador andaluz publicado el año pasado en Gastroenterology, una de las revistas más prestigiosas de la especialidad, concluye que los pacientes con hepatitis C que son adecuadamente tratados corren menos riesgo de desarrollar la diabetes que aquellos que no responden al tratamiento. “En nuestras investigaciones hemos probado que la resistencia o no a la insulina es determinante para el tratamiento y curación de estos enfermos”, recalca Romero Gómez. Se trata de “algo importante”, según Ricard Solá, jefe de la Sección de Hepatología del hospital del Mar de Barcelona, “porque Romero Gómez ha resuelto, en parte, interrogantes como por qué en unos pacientes el tratamiento funciona y en otros no”.

El equipo de investigación sevillano espera confirmar este hallazgo en 2008, cuando concluya el macroestudio que están realizando en colaboración con 30 hospitales españoles. Por ahora los datos son bastante indicativos: los infectados con hepatitis C resistentes a la insulina tienen sólo el 20% de posibilidad de curación, frente al 60% de los no resistentes o de los que se tratan adecuadamente esta resistencia.

Por primera vez se ha encontrado un factor que puede tratarse, la resistencia a la insulina y, “en consecuencia, se puede curar la enfermedad”, explica Romero Gómez. Un término éste -curar- que resulta imposible conjugar en enfermedades crónicas como el sida o la hepatitis B, que responden a la infección por un virus integrado en el ADN de la célula, algo que no ocurre con el de la hepatitis C. Aunque, como comenta Solá, los hallazgos de Romero “aportan también una nueva herramienta para mejorar tratamientos como el del sida”.

El hallazgo de Romero Gómez permite que quienes contraen la hepatitis C trabajen en favor de su curación, “porque si estos pacientes hacen ejercicio, reducen el peso o vigilan la dieta, están dando pasos importantes en ese sentido”, añade.

La hepatitis C es una enfermedad que puede curarse. De hecho, el tratamiento con interferón y ribavirina, durante 48 semanas, arroja unos resultados favorables del 50% cuando el genotipo del virus es de tipo 1, el más difícil de tratar; los resultados mejoran hasta el 80% cuando el genotipo responde a los tipos 2 y 3.

Existen seis genotipos del virus de la hepatitis C, catalogados del 1 al 6 en función de su mayor o menor sensibilidad al tratamiento. El de tipo 1, habitual en Estados Unidos y Europa, es un virus que la gran mayoría de infectados ha contraído en una transfusión. Los de tipo 2 y 3, también habituales en el primer mundo, han llegado al enfermo, en una alta proporción, por el mal uso de jeringuillas; su porcentaje de curación es superior al 75%. Por último, los genotipos 4, 5 y 6 se encuentran en África y Asia; su tratamiento y curación es más fácil.

Ahora toca cerrar el círculo y retomar la pregunta inicial que en su día se planteara de forma casual Romero Gómez: ¿qué pasa con los pacientes con hepatitis C que tienen grasa en el hígado? “La grasa en el hígado”, dice, “ha sido para mí como los misterios de un cuento”, un cuento del que poco a poco ha ido desentrañando sus argumentos.

Primero descubrió que cuando en el hígado de un infectado por el genotipo 1 aparecía grasa, ésta facilitaba el desarrollo de la enfermedad, dificultando la curación. Más adelante observó que según qué tipo de virus fuera el causante de la infección, aparecería más o menos grasa. Así llegó a la conclusión de que el virus de tipo 3 producía su propia grasa. Entonces empezó a distinguir entre “grasa viral” y “grasa del paciente”.

Sólo faltaba, pues, confirmar que si se corregía el síndrome metabólico en estos pacientes mejorarían y progresaría su curación. Y en ello está; los datos definitivos llegarán en 2008.

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