Hepatitis C caso Maeso, un juicio sin

Un juicio sin sentencia a la vista

El proceso contra el anestesista cumple 13 meses de duración en la Audiencia y alarga su recta final con los técnicos interrogatorios a peritos y facultativos

El juicio contra Juan Maeso va camino de convertirse en uno de los más largos de los celebrados en la Comunitat Valenciana. Tras comenzar en septiembre de 2005, está previsto que el proceso se prolongue hasta el próximo año, antes de que el magistrado de la Audiencia de Valencia dictamine que está “visto para sentencia“.

Y no todo terminará ahí. Como es previsible, la compleja resolución judicial puede costar meses a la sección segunda, teniendo en cuentas las centenares de pruebas, testificales y periciales realizadas. Y una vez dictada por la Audiencia de Valencia, esta puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo, algo que previsiblemente también ocurrirá.

Así, la verdadera conclusión judicial del llamado juicio por el contagio masivo de hepatitis C no llegará hasta dentro de varios años.

Pruebas periciales
Tras el parón del verano, el juicio en la macrosala especialmente habilitada para tal efecto en la Ciudad de la Justicia de Valencia se reanudó con la declaración de los innumerables peritos citados para la causa.

Las interminables ruedas de preguntas del fiscal, las acusaciones particulares y la defensa se prolongan incluso más al tratar de cuestiones enormemente técnicas.

Además, muchas de las partes demandan a los peritos que examinen decenas de informes sobre los 276 afectados para que emitan su opinión sobre si el contagio puede o no ser vinculado a Maeso.

Los primeros peritos en declarar en septiembre fueron los autores del informe sobre el genotipo del virus de hepatitis C del anestesista y de los pacientes.

Los expertos concluyeron su informe asegurando que el brote tuvo “un único causante“ y que, según los datos examinados, “no cabe otra interpretación“ al respecto.

Fuente del contagio
Así de contundentes se expresaron el subdirector de la Sociedad Española de Biología Evolutiva, Andrés Moyá, y el profesor Fernando González. Ambos señalaron la muestra índice, la del anestesista, como “fuente única“ del contagio.

Tras los peritos, en los últimos días ha llegado el turno de los viejos colegas de Maeso, los anestesistas. Las preguntas de las acusaciones giran en torno a tratar de demostrar si la cantidad de sedante que administraba el procesado a los enfermos era o no adecuada, como forma de demostrar su tesis de que parte de la anestesia se la inyectaba el acusado.

Previo al parón estival llegó el turno de los centenares de afectados. Su testimonio fue el más dramático, por el rosario de dolor, lesiones y secuelas que desgranaron ante el tribunal.

Baile de fechas
Pero, más allá del terrible drama, la declaración de los contagiados no aportó demasiada claridad a los magistrados a la hora de determinar si, como sostienen las acusaciones, Maeso les contagió pinchándoles con la misma jeringuilla de sedante con la que previamente él se pinchaba.

Durante buena parte del primer semestre de este año, el juicio giró más en torno a otras cuestiones que a la de dilucidar el origen del contagio masivo. Así, el baile de fechas sobre el instante en que la Casa de la Salud comunicó el brote a Sanidad, cuándo se apartó de la profesión a Maeso y en qué momento dejó de operar en el Hospital La Fe marcó el proceso durante meses.

Varios responsables del hospital privado aseguraron haber informado a la Conselleria de los primeros casos de hepatitis C en una fecha que desde Sanidad sitúan meses después.

“Una víctima más“
Como no podía ser de otra forma, uno de los interrogatorios más maratonianos fue el del propio doctor Maeso. Hasta seis día duraron las preguntas realizadas por el fiscal y las acusaciones particulares, seguidos de varios más de cuestiones planteadas por el abogado defensor.

El anestesista se definió como “una víctima más“ y subrayó que él mismo debió haber sido infectado por algún paciente durante sus jornadas en los hospitales La Fe, Casa de La Salud y Virgen del Consuelo.

Juan Maeso también basó buena parte de su testifical en subrayar que el contagio de hepatitis C no sólo es posible a través de la sangre, sino incluso por la saliva y el cerumen, algo que negaron después numerosos expertos ante el tribunal de la Audiencia de Valencia.

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