Hepatitis B, sólo recibe tratamiento la mitad de los afectados

Sólo recibe tratamiento la mitad de las personas con hepatitis B que lo necesitan 

La UE aprueba un nuevo fármaco más eficaz contra ese “asesino silencioso”, que puede ser derrotado con vacunación y detección precoz.

La hepatitis B, una “asesina silenciosa” que desemboca con frecuencia en cirrosis y cáncer de hígado y que mata cada año a 1,2 millones de personas, puede ser derrotada con una adecuada estrategia sanitaria de vacunación, detección precoz en su fase sin síntomas y tratamiento para evitar que progrese hacia aquellas graves complicaciones. El objetivo es alcanzable, porque ya existen herramientas eficaces (la última, el potente antiviral entecavir, recién aprobado por la Unión Europea) para cumplir esas tres condiciones, pero todavía hay un 50% de pacientes que necesitan terapia y no la reciben. En España, con un 1,5% de prevalencia del virus de la hepatitis B (VHB), tal déficit alcanzaría a 325.000 personas, que requerirían tratamiento o, al menos, análisis de su carga viral para controlar médicamente su evolución.
Esta realidad está siendo subrayada en París por los expertos reunidos en el 12º Simposio Internacional sobre Hepatitis Virales y Enfermedad Hepática, un foro donde el español Rafael Esteban ha apelado a la responsabilidad de personal sanitario y ciudadanos para coronar con éxito la lucha contra la hepatitis B crónica, que afecta a 350 millones de los 2.000 millones de infectados por el VHB. Por una parte, apuntó el hepatólogo del barcelonés Hospital Vall d’Hebron, los avances terapéuticos no pueden hacer olvidar que existe una “vacuna eficacísima que cuesta 2,5 céntimos y debe administrarse a todos los recién nacidos y adolescentes; sólo algunos pediatras se resisten”.

Influencia migratoria

Por otro lado, es importante saber quién es portador del virus, para lo que basta un sencillo análisis que cuesta 50 céntimos y, en opinión de Esteban y su colega francés Patrick Marcellin, debería “hacerse como el del colesterol” si se sospecha la infección por transaminasas altas o alguna hepatitis en la familia. El experto español lamentó que la “gran presión con los pacientes sintomáticos en Atención Primaria” deje en segundo plano a los que sufren patologías ‘silenciosas’, y consideró “imperdonable” que a las embarazadas se les haga todo tipo de pruebas y no la del antígeno del VHB. “Debería ser obligatoria”, remachó. Máxime cuando el virus de la hepatitis B es 100 veces más contagioso que el VIH del sida.
La transmisión es similar: de madre a hijo por drogadicción intravenosa, sexo no protegido, transfusiones y pinchazos sanitarios accidentales; un origen adicional son los tatuajes y ‘piercings’ sin la debida higiene.
Además, añadió Esteban, hacen falta “campañas de concienciación” para asegurar el tratamiento y vacunación de la población inmigrante que llega de áreas endémicas y a veces ya está infectada. “Casi la mitad de la población mundial vive en áreas con alta prevalencia del VHB”, precisó Marcellin al constatar la influencia migratoria en el aumento de la hepatitis B crónica en Europa, que suma cada año un millón de nuevas infecciones. Estudios españoles confirman esa tendencia continental con un 7-8% de prevalencia del virus (la nacional ronda el 1,5%) en grupos de norteafricanos, asiáticos y latinoamericanos. En zonas de origen se registran prevalencias del 15% en el África subsahariana, otro 15% en Pakistán, más del 10% en algunos países del este europeo y 7-8% en América Latina. El especialista del Vall d’Hebron apuesta por abordar sin prejuicios la faceta sanitaria de la inmigración, porque “lo importante es identificarlos para tratarlos, y ellos mismos muestran buena disposición”.

Mejor terapia

Y más cuando los avances terapéuticos se encadenan. El último ha llegado en vísperas del simposio parisino con la autorización por la UE del nuevo antiviral entecavir, que interrumpe la producción de más virus y frena la progresión habitual de la hepatitis B. La enfermedad se hace crónica en un 15-20% de los infectados por el VHB, y un 15-25% de esos pacientes crónicos acaba falleciendo (es la décima causa de muerte en el mundo) por complicaciones como cirrosis o hepatocarcinoma. Una pista para predecir la evolución de la enfermedad la da la carga viral, que mide la presencia del ADN o identidad genética del virus en la sangre y cuyos niveles altos anticipan un riesgo mayor de complicaciones. “Para prevenirlas hay que mantener esa carga viral tan baja como sea posible”, apostilló Marcellin.
En ese contexto, explicó el italiano Alfredo Alberti, entecavir demostró en ensayos in vitro una potencia más de 300 veces superior a otros antivirales, que se ha traducido en “beneficios clínicos en todos los marcadores claves”. El experto citó una “mayor eficacia virológica” que el fármaco habitual lamivudina a la hora de dejar indetectable el DNA del virus, destacó su “buen perfil de seguridad” y señaló dos datos claves sobre el “rebrote virológico”: su total ausencia a las 96 semanas en pacientes no tratados, y su bajo nivel (1,1% al año y 9% a los dos años) en quienes, tras recibir lamivudina, habían desarrollado resistencias que habían cambiado la estructura del VHB y prácticamente inutilizaban esa terapia.
Para Rafael Esteban, que cifró la resistencia con los anteriores antivirales en el 40% a los dos años y el 70% a los cuatro, su inexistencia al cabo de dos años con la nueva terapia es “un avance espectacular en la eficacia”, que le lleva a opinar que hay que “tratar con medicamentos lo antes posible” para evitar que la enfermedad progrese y que “entecavir debería ser la primera elección” terapéutica. A su juicio, sería válida “incluso para pacientes en lista de espera de trasplante hepático”, porque el injerto realizado “con DNA negativo tiene una recuperación mejor”.

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