Habría que vacunar a todos los adolescentes contra la hepatitis B

La hepatitis B sigue en aumento en el país. Si bien está la vacuna contra la enfermedad, que está incluida en el calendario nacional, y se dispone de tratamientos para controlar el virus, cada vez son más las personas que se contagian. Entre las vías de transmisión, la más frecuente es el contacto sexual y los más expuestos son los adolescentes porque muchas veces no se protegen en forma adecuada en las relaciones. Por esta razón para el hepatólogo Hugo Tanno lo ideal sería que se vacunara a este grupo etáreo, algo que no se hace en la actualidad. Sólo se vacuna a los recién nacidos.

La hepatitis B es una infección producida por un virus que infecta el hígado. Los medios de contagio son además del sexo, la sangre y la ruta materno-fetal (de la madre al recién nacido); los mismos que en el virus del sida, aunque la carga viral de la hepatitis es más elevada lo que la hace más contagiosa. Los síntomas no siempre son claros, suele manifestarse mediante cansancio, orinas oscuras, inapetencia, dolores articulares y fiebre.

“La forma aguda de la enfermedad ha tenido un recrudecimiento en el país, siendo sus causas probables la mayor oferta sexual, sumado a la creencia popular de que las medidas de prevención contra el HIV son suficientes para evitar el virus B cuando en la práctica no lo son. La adolescencia es la verdadera edad de peligro de contagio. Actualmente sólo se vacuna a los recién nacidos a través de tres dosis, cuyo efecto dura hasta ocho años“, comenta Tanno, profesor titular de Gastroenterología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR.

“El uso del preservativo disminuye las posibilidades de contagio pero no lo impide ya que puede haber transmisión del virus B a través de la saliva“, agrega.

Junto con los adolescentes deberían vacunarse también quienes integran los grupos de riesgo, entre los que se encuentran los trabajadores sexuales, los empleados de instituciones de salud, las personas que viven en lugares de hacinamiento como ser prisiones y neuropsiquiátricos, y los pacientes en diálisis renal crónica (ver aparte).

De acuerdo a la experiencia del especialista, la hepatitis B está en aumento y además observa más de este tipo de hepatitis que la del tipo A, cuando antes era precisamente a la inversa. Esto está asociado “”considera el profesional“” con la prevención de la hepatitis A, por el uso de la vacuna específica.

Con respecto al virus B, cada persona responde de diferentes maneras. Está quien se enferma y se cura, aquel que tiene una exagerada respuesta inmunológica y hace una forma fulminante, y los que poseen un déficit en la respuesta inmunológica y el virus se hace crónico.

“La mayor cantidad de pacientes con hepatitis B agudas se recuperan sin secuelas, aunque un mínimo porcentaje, menor al 1 por ciento, pueden desembocar en formas graves y llegar a requerir un trasplante de hígado“, dice Tanno.

Detección precoz. La detección temprana de la enfermedad es importante para iniciar el tratamiento lo antes posible y así evitar desenlaces como la cirrosis, el cáncer de hígado y la insuficiencia hepática. Es cuando la enfermedad avanza y no se la trata debidamente, que se puede llegar a requerir un trasplante de hígado.

“La hepatitis B crónica es considerada una epidemia silenciosa. Es fundamental que la población general tome conciencia sobre la misma y sobre todo quienes deciden sobre políticas de salud a nivel nacional. Cuando el paciente llega al médico, lo hace en un estadio avanzado de la enfermedad y este tiene que lidiar directamente con las complicaciones, muchas de las cuales pueden ser abordadas únicamente con trasplante“, explica Marcelo Silva, presidente de la Asociación Argentina de Estudios de las Enfermedades del Hígado y jefe de Hepatología del Hospital Universitario Austral.

Dicha asociación junto con la Fundación OSDE organizaron recientemente una videoconferencia a nivel nacional sobre la patología, con el objetivo de aumentar el conocimiento entre la comunidad médica.

La actividad tuvo como sede central los auditorios que la Fundación OSDE posee en la ciudad de Salta, Buenos Aires, Rosario (con la coordinación de Tanno) y La Plata.

Falta información. Para Bernardo Frider, profesor titular de Medicina I de la Universidad Maimónides de Buenos Aires , “la detección del virus se realiza a través de análisis de sangre sumamente simples, pero hace falta divulgación acerca de la enfermedad, su modo de transmisión, los factores de riesgo para contraerla y la derivación temprana al especialista. La gran cantidad de recursos terapéuticos disponibles utilizados precozmente previenen las complicaciones. Es necesario salir a buscar a los pacientes infectados para detectar la enfermedad a tiempo“.

Los principales grupos de riesgo para contraer la hepatitis B son:

– Usuarios de drogas inyectables que comparten o han compartido agujas.

– Recién nacidos de madres infectadas.

– Parejas sexuales de personas infectadas.

– Internos de instituciones correccionales y de prisiones.

– Pacientes que se encuentran en hemodiálisis.

– Receptores de ciertos hemoderivados y transfusiones.

– Personas infectadas con VIH.

– Personas bajo tratamiento inmunosupresor.

– Personas con transaminasas elevadas de causa no aclarada.

– Los trabajadores sexuales.

– Empleados de hospitales, clínicas y otras instituciones de salud.

La Capital – diciembre 2009 – nota completa

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