Frío extremo para conservar un hígado tres días para un trasplante

  • Una solución química a muy bajas temperaturas alarga la vida útil del órgano
  • El trabajo se tendrá que replicar primero en mamíferos más grandes

higado-trasplante-artificialEnfriar sin congelar para poder alargar lo máximo posible la viabilidad de un órgano destinado a un trasplante. Ésa es la filosofía del hallazgo que esta semana presenta en la revista Nature Medicine un equipo del Hospital General de Massachusetts (EEUU). Sin embargo, esta técnica de conservación se ha probado de momento sólo con hígados de rata y aún queda un largo camino antes de que se pueda trasladar a humanos.

El tiempo es, hoy por hoy, uno de los principales ingredientes para que un trasplante tenga éxito, porque cualquier retraso puede dañar el órgano, que no resiste demasiadas horas fuera del cuerpo humano. En el caso del hígado, puede llegar a mantenerse con vida hasta 12 horas desde que se extrae, aunque lo ideal es trasplantarlo antes de que transcurra ese plazo.

De hecho, como explica a EL MUNDO el doctor Fernando Pardo, presidente de la Sociedad Española de Trasplante Hepático, en realidad con el actual sistema de trasplantes -sobre todo en un país como España- el problema no es tanto el margen de tiempo, sino la falta de donantes o la calidad de los órganos disponibles.

“Aunque ésta es una investigación interesante, hoy en día existe otra línea de estudio más extendida, que nos permite valorar durante horas la viabilidad del hígado para saber si va a funcionar una vez implantado”, aclara este hepatólogo de la Clínica Universidad de Navarra. “A veces, cuando extraes un hígado puede ser dudoso, porque esté infiltrado de grasa por la edad o la obesidad del paciente, por ejemplo. Y estas máquinas de conservación normotérmica nos permiten evaluar sin son recuperables para un receptor y si al implantarlos van a funcionar”.

Como recuerda el doctor Pardo, la mejora en los líquidos de conservación (el más utilizado data de los años 80) junto con el uso de bajas temperaturas ha permitido ampliar la duración del hígado fuera del cuerpo hasta las 12 horas, “aunque intentamos hacerlo cuanto antes mejor”.

Lo que han conseguido en ratas los investigadores dirigidos por Korkut Uygun, del Centro de Ingeniería en Medicina del Massachusetts, es prolongar la vida útil del hígado hasta tres días fuera del organismo. Los animales que posteriormente recibieron dichos órganos en un trasplante tuvieron una supervivencia del 100% al cabo de tres meses. Cuando los científicos estiraron un día más la conservación del hígado, hasta los cuatro, el éxito del trasplante se redujo al 58% de los animales.

Hasta tres días

Para mantener con vida el órgano hepático durante tantas horas, los especialistas emplearon una combinación de ingredientes. Por un lado, una máquina de perfusión que suministraba oxígeno y nutrientes a los capilares mientras el hígado se encontraba fuera del organismo; al mismo tiempo, los órganos fueron progresivamente enfriados hasta una temperatura de seis grados bajo cero (sin llegar a la congelación) mientras eran sumergidos en una solución con dos compuestos químicos diferentes.

Estos ingredientes son 3-OMG, un derivado de la glucosa no tóxico; y PEG-35kD, un compuesto con propiedades anticongelantes que se ha observado en altas concentraciones en algunas especies animales acostumbradas a vivir a bajas temperaturas. “Es un avance muy importante”, señala por su parte el doctor Constantino Fontdevila, hepatólogo del Hospital Clínic de Barcelona y miembro del Ciber de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD)., “extraordinario”.

Ambos compuestos ejercieron con éxito la función deseada de proteger a las células y tejidos del hígado de los daños que pueden sufrir debido a su exposición a bajas temperaturas. Porque como recuerdan los autores, aunque la congelación es un procedimiento válido para la conservación de células y tejidos más sencillos, cuando se trata de un órgano más complejo, la diversidad de sus estructuras y cómo reaccionan cada una de ellas al frío impide esta posibilidad.

A la hora de devolver la víscera a temperatura ambiente, de nuevo la máquina de perfusión sirvió para suministrar oxígeno y nutrientes.

Pese a la tasa de éxito del 100%, los autores son muy cautos sobre las aplicaciones de su método. De momento, insisten, habrá que replicar los resultados en trasplantes con mamíferos más grandes, como el cerdo (el animal más similar a los humanos en los ensayos para trasplante).

Además, subrayan, a la hora de pensar en aplicar este superenfriamiento a humanos habría que tener en cuenta el mayor tamaño de nuestro hígado, por lo que la cantidad de solución química también debería ser muy superior y a su juicio, existe mayor riesgo de que el órgano llegase a congelarse.

Por eso, entre otras cosas, anuncian ya que están trabajando en nuevas posibilidades de soluciones para conservar el frío sin dañar los tejidos. Además, reconocen que los hígados de las ratas en este estudio eran completamente sanos, por lo que habrá que estudiar también en qué condiciones se puede enfriar un órgano que pueda sufrir algún tipo de daño isquémico tras el fallecimiento de su propietario. “La realidad es que ahora los órganos que tenemos son cada vez de peor calidad”, admite Fontdevila, que subraya la importancia del hallazgo”.

En: Diario El Mundo – 30 de junio de 2014 – Nota completa

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