En el 80% de los errores médicos está implícito el diseño del sistema

Uruguay – “En un servicio de emergencia, una nurse es interrumpida una vez cada 21 segundos. Le resulta casi imposible concentrarse“, contó a En Perspectiva el doctor Homero Bagnulo, director del Centro de Tratamiento Intensivo del Hospital Maciel. En este sentido, sostuvo que el diseño de la medicina en Uruguay debe cambiar, así como la forma de retribución a los médicos. Además, enfatizó en una profundización de la relación médico-paciente y consideró que hay que “educar a la gente en salud“.

El Sindicato Médico del Uruguay (SMU) realizó este miércoles una jornada de reflexión con el objetivo de sensibilizar la población sobre las agresiones que han sufrido los profesionales de la salud en los últimos días.

En Salto, el neurólogo Pedro Gaudín fue asesinado por el esposo de una paciente fallecida en diciembre del año pasado, y aquí en Montevideo el médico Jorge Bermúdez fue agredido la semana pasada por una persona en plena calle cuando atendía a un accidentado.

Los médicos reclaman medidas de seguridad para trabajar y advierten sobre los riesgos que sufren. Algunos dicen que son víctimas de campañas de desprestigio.

Y cuando se habla de estos temas surge otro elemento de discusión: el tipo de atención que brindan los médicos a sus pacientes, hay quienes se quejan de que es prácticamente inexistente, que no se brinda el tiempo necesario para una buena relación y una buena atención al paciente.

Estamos con el doctor Homero Bagnulo, director del Centro de Tratamiento Intensivo (CTI) del Hospital Maciel.

JI – Bagnulo tiene 65 años, es médico intensivista e infectólogo, actualmente es director del CTI del Hospital Maciel, fue presidente del Fondo Nacional de Recursos y vicepresidente del SMU. Además, es uno de los autores del libro “Guía de cuidados de pacientes de alta de CTI“.

Es un libro muy interesante, contiene algunas recomendaciones y pautas sobre cómo los familiares o quienes cuidan a los pacientes deben tratar a los mismos que pasaron por un momento crítico en el CTI. El prólogo de este libro es de la autoría del doctor Bagnulo e incluye algunos comentarios que son aplicables a la situación actual. Por eso decidimos hablar hoy con él.

“La medicina está obligada a establecer un nuevo contrato con la sociedad para obtener así el reconocimiento a la función que se cumple. Para ello deben cambiarse algunos de los valores y sus objetivos. Es claramente perceptible que los pacientes y sus familiares no aceptan los errores vinculados a los procesos de atención. Es imprescindible mejorar la comunicación con los pacientes y con los familiares de estos“.

Cuando se convocó al paro de este miércoles para esta reflexión que hicieron los médicos, el secretario del SMU, Eduardo Ferreira, dijo al diario Últimas Noticias que hay gente que piensa que los médicos son delincuentes y que no piensan en la salud. ¿Usted comparte esa visión?

HOMERO BAGNULO:
Todos estos problemas que estamos viviendo son multicausales. Algunos son inherentes a la sociedad uruguaya, en la cual estamos todos inmersos, no somos ajenos. Uno de ellos es la violencia. Alcanza con ver la violencia que desplegamos todos –me incluyo– cuando manejamos; cuando uno va a otros países ve que esto no es así. Esto lo tienen que analizar, seguramente lo están analizando, sociólogos en nuestro medio, con una mirada más amplia que la nuestra. Ese es uno de los problemas, en el que no puedo entrar.

Otro de los problemas sobre el que me gustaría dar algunas opiniones es el diseño de la medicina. Si usted piensa hacia atrás, en 50 años tenemos ecografías, tomografías, resonancias magnéticas, cirugías impensables, prótesis diversas, etcétera: un enorme adelanto. Y al mismo tiempo tenemos estructuras de prestación de la salud que no cambiaron: el hospital sigue siendo el mismo, el consultorio sigue siendo el mismo, la relación del médico con un paciente se trata de buscarla igual. Ya hace años que hay gente que dice que eso no puede seguir siendo así. Por ejemplo, tenemos hoy pacientes de mayor edad con patologías múltiples, un solo médico aislado no puede hacerse cargo de la atención de ese paciente. Y se está pensando –ya se está implementando en otros lados– el rediseño de esa relación.

¿Qué quiere decir esto? A un paciente con una historia –que no es raro– de 200 páginas le cae a un médico que lo va a ver por primera vez; es impensable, nadie puede revisar y conocer lo que tiene ese enfermo en una sola vez. Entonces, cuando ese médico toma licencia –que es lógico que el médico tenga la licencia– ese paciente queda prácticamente sin referente. Se está planteando atender en equipo a estos enfermos, pero equipos de salud realmente integrados, con nurses, con médicos más jóvenes que hayan trabajado juntos y que además hayan desarrollado estrategias de trabajo en equipo: mientras uno lo atiende, otro le explica.

En todo esto entran otros elementos muy importantes. Nuestro objetivo era educar a la gente en la salud, porque vimos que cuando un enfermo se iba de alta del CTI los familiares, el entorno, tenían un enorme miedo que dificultaba la recuperación, no entendían qué le había pasado a ese enfermo. Esto es una estrategia que ya hace, por lo menos cinco años, la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es lo que se llama alfabetismo médico: enseñarle a la gente elementos básicos sobre qué es la medicina, cómo es, qué es lo que vamos a hacer, y disminuir las expectativas de la sociedad“¦

JI – “¦¿Cuánto se insiste en este punto en la Facultad de Medicina hoy, en la formación de los profesionales?

HB – Le voy a dar una opinión personal. Las facultades de Medicina –porque hay dos–; en una de ellas se está insistiendo enormemente en la comunicación del médico con los pacientes, se plantea desde el primer año. Si bien yo no soy docente ahí, conozco a la gente que está trabajando en la Universidad del Claeh sobre estos temas“¦

JI – “¦Es una universidad muy embrionaria, que ha comenzado a formar“¦

HB – “¦Sí, veremos el resultado, y será muy bueno comparar. Sé que la Facultad de Medicina de la Universidad de la República ha cambiado el plan de estudios, me parece buena cosa, porque nada de esto estaba previsto anteriormente. Por ejemplo, un médico tiene que conocer sobre la muerte. Sobre la muerte como tal, comunicarla, comunicar la mala noticia, instruirse en las decisiones al final de la vida, cómo ayudar al paciente a bien morir, cómo ayudar a la familia, porque sobre todo esto que genera enorme conflicto –porque una familia que tiene alguien que se va a morir tiene un conflicto potencial– nada se insistía. Además, tenemos que volver a insistir en que el médico es un cuidador. El equipo de salud, fundamentalmente, tiene que cuidar a la gente. Tenemos que bajarnos de la omnipotencia de que vamos a curar todo, decirle a la gente que, como en todas las actividades humanas, quienes practicamos la medicina, los médicos, nos equivocamos.

JI – ¿Los médicos antes eran diferentes? ¿El trato entre el médico y el paciente era diferente?

HB – La sociedad era diferente, las posibilidades que teníamos eran diferentes, los enfermos eran diferentes.

JI – Si la formación –y por lo que usted comentaba las estructuras, la atención y la relación médico-paciente– se pensara como antes, estaría bien, no estaría mal.

HB – Pero pensarla como antes no nos va a ayudar en una medicina que cambió. Por ejemplo, antes los enfermos eran mucho menos complejos, tenían 15 años menos; en los últimos 50 años ha aumentado no menos de 15 años el promedio de vida. Eso tiene una incidencia, son enfermos con más morbilidad. Hay que volver al futuro, no volver al pasado en todos estos temas, hay que diseñar estrategias nuevas. Antes había un médico que iba al domicilio y conocía a toda la familia; eso es muy recuperable, pero implica el rediseño de algunos elementos. Hay que educar a los pacientes, el médico tiene que aprender a educar a los pacientes; no lo digo yo, son recomendaciones que vienen“¦

JI – “¦¿Cómo se hace para educar a un paciente? ¿En qué se debe trabajar?

HB – Hay mucha gente que tiene acceso a internet, hay que recomendarle qué páginas usar, porque hay páginas que no sirven; el ministerio está pensando en eso. La Asociación Médica Americana tiene una página en español, en la cual están descritas las enfermedades, la evolución, qué complicaciones se pueden presentar, qué medicaciones sirven. Hay montones de lugares. Hay que escribir elementos para los pacientes y además hay que sentarse con los pacientes. Los asistentes sociales, que en nuestro país no son lo suficientemente utilizados y tienen muy buena formación, hacen una tarea de educación muy importante y tienen que estar mucho más integrados al sistema de salud.

JI – ¿En qué tarea los ve usted?

HB – Cumplen tareas fundamentales: van a la casa, evalúan a los enfermos, evalúan su nivel educacional, les dan apoyo. La sociedad tiene un montón de recursos comunitarios de apoyo a los enfermos, sobre todo en la etapa de rehabilitación, que muy a menudo la gente no conoce. En el libro que escribimos dos asistentes sociales de enorme nivel nos hicieron toda una guía de los servicios de apoyo que hay. Yo aprendí todo eso hablando con ellos y leyendo cosas que ellos han hecho.

JI – ¿Lo que hablamos al principio, estas denuncias que hacen los médicos sobre la situación de violencia en la que les toca trabajar, se da, sobre todo, con personas más jóvenes, que en esas nuevas capas es donde hay una aversión o una relación con el personal médico y de salud que no es la ideal, más deteriorada?

HB – La relación de toda la sociedad hoy está más deteriorada; en los jóvenes se expresa a través de elementos de violencia muy claros. Y esto no es un fenómeno solo uruguayo, aunque en Uruguay incide mucho. Sí, eso se está dando, hay mucho alcohol, mucho consumo de pasta base en algunos sectores, pero hay que ver la violencia que se suscita también en otros eventos, no solo en la salud. Hay un problema de violencia en toda la sociedad. Eso por un lado, sin dejar de reconocer que ha habido un deterioro en la relación de los médicos con la sociedad.

La sociedad no acepta el error en los médicos, en la medicina, en el sistema de salud, algo que está implícito en toda actividad humana: nos podemos equivocar. Hay que enseñarle a la gente estrategias; los propios pacientes y sus familiares pueden ayudar a disminuir los errores. Y hay cosas que la gente debe reclamar. No podemos decir que nosotros o que el sistema está haciendo todo bien. Por ejemplo, un enfermo no puede ser cambiado de sector o dado de alta a altas horas de la noche, como pasa a veces en nuestro sistema. Y un enfermo con una condición de gravedad no puede quedar, como pasa a veces, 48 horas en una puerta de emergencia, que es un lugar de transitoriedad en el que, a lo sumo, en 12 horas debe decidirse hacia dónde va. Esos son problemas del sistema que hay que solucionar.

JI – En el prólogo del libro usted habla de la “necesidad de un nuevo contrato con la sociedad“. ¿A qué se refiere?

HB – Esto no es mío, hay un grupo que está trabajando en esto, vinculado al Hastings Center, un centro de ética médica en Estados Unidos que ha trabajado mucho, ha hecho reuniones de expertos sobre estos temas y plantea que ha habido un cambio en la forma de prestación y que los médicos tradicionalmente hemos dado el mensaje hacia fuera de que somos omnipotentes, de que todo lo podemos, de que podemos curar. El contrato social es explicarle a la sociedad que eso no va a ser así, que lo que tenemos que hacer es cuidar a la gente, evitar que sufra, acompañarla, pero también hacerle entender que hay situaciones en las cuales lo único que podemos tener es la palabra y el alivio. Además, hay –en las sociedades latinas y en nuestro país es bastante claro– como una negación de la muerte, negación de la enfermedad y del deterioro. Entonces, hay que volver a explicar claramente, sencillamente que hay muchas cosas que no vamos a curar, que lo máximo que podemos hacer es curar y aliviar.

JI – ¿Cuántas veces a lo largo de de esos siete u ocho años de formación en la Facultad de Medicina se habla de la relación con el paciente?

HB – Uno de los problemas ha sido la masificación de los médicos con relación a la docencia. A nosotros no nos dieron la comunicación, las decisiones al final de la vida, todos estos temas, pero éramos muy pocos, con docentes muy buenos y con mucha dedicación, que no tenían el multiempleo ni situaciones de dificultad como las que se presentan hoy. Entonces, si bien uno de repente en los aspectos teóricos no recibía eso, lo recibía en la práctica diaria, en la cual cuando éramos externos el interno, después el jefe de clínica, etcétera. Teníamos otra relación, incluso con nuestros docentes y nuestros profesores. A uno le llama la atención recibir ahora residentes que no han hecho maniobras esenciales. Para nosotros, la muerte era una realidad cotidiana en la sala, pero la terapia intensiva, que en muchas cosas ha mejorado enormemente el pronóstico, ha sacado la muerte de las salas y la ha encerrado en las áreas de cuidado intensivo.

Mucha gente piensa –entre los médicos y la población– que si alguien no muere en un CTI, no estuvo bien atendido, y eso es un gravísimo error. Está demostrado en estadísticas a escala internacional y hay consenso en que no más del 20, 25% de los pacientes de un hospital debe morir en un CTI, la gente debe morir en una sala general o en su casa, si es posible. Los cambios que ha tenido la sociedad han hecho que esto no sea fácil, pero sería una forma de muerte mucho más digna. Pero mucha gente cree que si un familiar murió en la casa, no estuvo bien atendido, cuando es todo lo contrario.

JI – ¿Cuánto tiene que ver esto con toda esa discusión de fondo de hasta qué momento seguir insistiendo en mantener con vida a una persona?

HB – Muchísimo, ese es uno de los temas que la sociedad debe encarar. Cuando se discuten estos temas siempre me presto a conversar porque en nuestro medio en general se habla muy poco de la muerte. Esto importa hoy muchísimo, es una tarea muy importante del médico. Por ejemplo, aquí en el Hospital Maciel toda la parte de los cuidados paliativos se ha desarrollado bastante. Una de las cosas que este país tiene que hacer en una reforma de la salud es aumentar la disponibilidad de cuidados paliativos que ayuden al final de un proceso de enfermedad, evitando prolongar una agonía y dándole contención a la familia, incluso en el proceso del duelo.

JI – Este tipo de prácticas y conductas que propugna son muy complicadas en un sistema que parece estar bastante abarrotado.

HB – Por eso tenemos que cambiar el sistema. Yo comparto el cambio en el sistema, tal vez lo haría un poco distinto en algunos aspectos, pero en general el sistema como estaba diseñado ya no daba más. Entonces, que haya un cambio ahora por lo menos es una oportunidad. Va a depender de todos –esto no es tarea de un único grupo, del grupo que está en el ministerio, de un único grupo político– diseñar un sistema de salud que se adapte a las necesidades –que han cambiado tanto– que la medicina tiene hoy.

JI – ¿Qué distancia tiene que haber entre el médico y el paciente? ¿Siempre es la misma o depende del paciente y el médico?

HB – Depende, por supuesto, pero hay elementos bastante claros que hoy están referidos en todos lados. Uno de los elementos básicos es que el médico debe mirar a los ojos al paciente y al familiar. Todo el viejo tema de la mirada, sobre la cual escribió Sartre; retomemos eso, la mirada hacia el otro, mirarlo a los ojos es tratar de llegarle al alma. En segundo lugar presentarse, dar la mano. Y conocerse mutuamente, saber cómo se llama la otra persona y presentarse uno. Uno conoce el nombre de su mecánico, ¿cómo es posible que no conozca el nombre del médico que lo está tratando, y que el médico no se presente? La relación tiene que ser de sentado, tiene que haber una relación de sentado, no de parado en un pasillo. La relación del médico con el paciente y con la familia es confidencial. Y la relación debe ser, tal vez, no de un solo médico, sino de un médico y una nurse. Se ha insistido en los últimos tiempos cuánto personal sobraría en algunas instituciones. Esto no es real. Hoy, una de las carencias y uno de los recursos menos utilizados que tiene Uruguay son las nurses, que son un elemento básico de la tarea asistencial. Uruguay tiene muchas menos que las que necesitaría y además no les da el lugar que importan, incluso en la relación médico-paciente.

JI – ¿Son corporativistas los médicos uruguayos?

HB – Hace muchos años César Aguiar me decía que todos los que usan uniforme son corporativistas, porque usan el uniforme para diferenciarse del resto de la sociedad. Y eso lo refería a los militares, a los médicos y a algunos religiosos. La Sociedad Americana de Pediatría recomienda no atender a los niños de túnica blanca para no crear temor. Yo creo que no debemos diferenciarnos de la sociedad, somos parte de ella, cometemos los mismos errores, no somos mejores, tampoco somos peores, tenemos una misión, que además no es de lucro. Lo digo porque otro de los problemas que han distorsionado en los últimos tiempos es que la gente percibe, por algunos grupos muy menores, al médico como en una profesión de lucro, y la medicina no debe ser una profesión de lucro. El médico debe poder vivir bien, tiene que poder ir a sus congresos, comprarse sus libros, pero la medicina no puede ser concebida ni la sociedad debe verla como una profesión de lucro.

JI – Han llegado muchos mensajes de oyentes que dicen que los médicos tienden a no aceptar los errores, y cuando hay errores a no reconocerlos.

HB – Exacto, es así, es absolutamente cierto. En este momento es parte del tema, este ministerio creó una comisión de la que me puso a cargo: la Comisión de Seguridad del Paciente y Prevención del Error en Medicina. Estos temas no hace tanto que están en el mundo, los organismos internacionales empezaron a trabajar en él en 1999. En ese año se publicó, a pedido del Congreso de Estados Unidos, un libro que se llamaba “Errar es humano. Hacia una mejor calidad de atención“, sobre el reconocimiento del error de los médicos. Después de eso hubo tres o cuatro informes más, todos ellos muy importantes, en los cuales se plantea la cantidad de errores que cometemos. En el 80% de esos errores está implícito el diseño del sistema, no es que fulanito de tal, Juan Pérez, médico, se equivoca, sino que el 80% de las veces el error está en el diseño del sistema. Le doy un único ejemplo: en un servicio de emergencia, una nurse que trabaja mucho, como pueden ser las del Maciel o las de mutualistas grandes de nuestro medio, es interrumpida en su tarea una vez cada 21 segundos. Le resulta casi imposible concentrarse.

JI – ¿Qué tipo de interrupción?

HB – La llaman por teléfono, le preguntan qué pasa con este enfermo, qué pasa con este otro, si hay que hacer esto, si hay que hacer lo otro. La interrumpen los médicos que trabajan ahí, el personal de enfermería, el personal de apoyo, etcétera. Está medido. Y además eso no es cada 21 segundos reglado, de repente la interrumpen tres veces en 10 o 15 segundos y no la interrumpen en todo un minuto. Una persona que está dando medicación es interrumpida habitualmente. En algún centro en Estados Unidos se llegó a diseñar una banderita roja que se pone al lado de la persona que está dando medicación para que no sea interrumpida. Y después hay otras cosas muy interesantes, como charlas para los pacientes. Hay recomendaciones muy obvias para la gente, por ejemplo que si le dan una receta que no entiende, pida por favor que se la aclaren, o –esto es más costoso, pero va a haber que diseñarlo– ir a la receta informatizada. La gente de Salto ya tiene diseñado algo de esto.

JI – Aprovecho a meter una cuñita, porque usted tocó un tema que raya el folclore: ¿por qué los médicos escriben con jeroglíficos tan difíciles de entender? ¿De dónde viene eso?

HB – Está mal. Y por qué hablamos en una jerigonza que la gente no entiende. Esas son de las cosas que tenemos que cambiar.

JI – ¿Eso se hace de ex profeso, es parte de la cultura del médico?

HB – Fue algo admitido por la sociedad, por todos. Nos reíamos de eso hasta que dejamos de reírnos cuando vimos la cantidad de errores que eso podía llevar implícito. Y no hace tanto de que nos dimos cuenta de eso, que hablar de forma que la gente no entienda, hablar con apócopes, escribir en forma ilegible, todo eso lleva una carga de errores. Todo eso lo tenemos que cambiar, todo eso está inmerso en el sistema, no es culpa de fulanito que escribió mal, porque a fulanito nadie nunca le dijo que escribir mal y que no se entendiera llevaba implícita la posibilidad de un error.

Y como ese hay un montón de temas. Por ejemplo estamos copiando algunas cosas de códigos de comunicación que ha utilizado la aviación. Hay un código que se llama Suar, en el cual usted diseña el antecedente, la situación actual, lo que piensa y qué propone. Es una forma de comunicación que disminuye la cantidad de errores. Para citarle algunas. Hay montones de estrategias, si usted entra en la página de la Alianza para la Seguridad de los Pacientes, de la OMS, que tiene gran parte en español, va a encontrar muchas. Y en este momento se está diseñando –hubo una reunión en Buenos Aires a fines del año pasado– una estrategia que se llama “Pacientes por la seguridad de los pacientes“, que consiste en comprometer a los pacientes y familiares con los cuales ha habido errores –aprovecho esto para instar a la gente a que busque esta información y desarrolle algo de este tipo en nuestro medio– a buscar evitar la repetición de esos errores.

Muy a menudo lo que busca la gente cuando reclama por un error, por algo que ha pasado, es que los médicos diseñen algo para que no pase. En eso deberíamos estar todos, analizar los errores que pasan. Hay que buscar que disminuyan los errores, pero pasan y van a seguir pasando porque son inherentes a la actividad humana; errar es inherente al hombre y la medicina no está liberada de esto, la medicina sigue teniendo un porcentaje muy importante de arte, de relación humana, de mecanismos intuitivos de funcionamiento, por lo cual no va a haber una computadora que reemplace al médico. Podría facilitarle las tareas, seguramente puede disminuir la cantidad de errores que cometemos, vinculados con la legibilidad, pero no nos va a suplantar, porque hay un porcentaje que va por la intuición del médico.

JI – ¿Cómo lee usted esto que se dijo este miércoles en la jornada de reflexión que se hizo en Salto y que se emitió en un comunicado del propio SMU: “Los médicos de todo el país, sin distinciones, estamos comprometidos con la salud y la vida. Basta de violencia contra los médicos y los trabajadores de la salud“? Usted decía al principio que la violencia es una realidad que se ha instalado en el país en casi todos los sectores, no es algo exclusivo para el sector de la salud.

HB – Hay partes de la sociedad que hoy es muy difícil de integrar, estamos muy fraccionados. Pero como yo digo en el prólogo del libro, que está dedicado a los pacientes y a la familia y no a médicos, tenemos que entablar un nuevo diálogo y un nuevo contrato con la sociedad. Ese nuevo contrato y ese nuevo diálogo pasan por reconocer los errores que hemos cometido en los últimos tiempos, pasan por reclamar cambios en el gerenciamiento de las instituciones. Ese es un tema muy importante, las formas de prestación que hoy tenemos en el país no son acordes con los cambios tecnológicos que la medicina ha tenido.

JI – Leo algunos de los mensajes que han llegado, para que vea el tono de algunos oyentes.

“Me parece espectacular la postura y el trabajo de Bagnulo, debemos dejar de ser pacientes“.

“Los médicos no escuchan, nos tratan por pedazos“.

“En general los médicos tratan a los pacientes desde una posición de superioridad“.

Andrés (de Treinta y Tres): “El desprecio de los médicos hacia el pueblo no solo es culpa de ellos, sino también del sistema“.

HB – Comparto totalmente eso, creo que el 80% del tema está en un problema sistémico, los sistemas hoy no son continentes para la salud que la gente necesita. Hay que rediseñarlos, hay que ir a otra forma de actuación. Hay experiencias muy interesantes en algunas instituciones de nuestro medio, tanto de Montevideo como del interior, que están yendo hacia esos rediseños. En CRAMI en Las Piedras, en CUDAM, la gente de Minas, varias instituciones están yendo hacia otras formas de prestación y a otras formas de acercamiento a la gente.

JI – Otros mensajes de la audiencia: “En una sociedad inmediatista de poderes no se respeta ninguna autoridad, maestros, profesores, políticos, médicos, etcétera“.

Pocho (de Buceo): “Los médicos tienen que comprender que los familiares son gente, ellos no son Dios“.

Doctora Verdaguer: “Totalmente de acuerdo con el doctor, hay que hacer más entrevistas a los médicos y usuarios sobre este tema“.

“Podemos aceptar el error, pero el médico debe aceptarlo y tratar de solucionar y no negarlo“.

Sobre el lucro, algunos oyentes recuerdan que desde que se paga por acto médico han aumentado fuertemente algunas intervenciones quirúrgicas menores, y se preguntan si eso no es una señal de que a muchos médicos lo que más les importa es hacer dinero.

HB – Yo sostengo –con algún otro grupo de gente– que hay que cambiar la forma de retribución como forma de cambio en el sistema. Hay que pagar por performance. El sistema de salud de Gran Bretaña, que es el más antiguo, se implementó en 1948, se paga por performance. Hay que diseñar los indicadores de performance, es muy importante. Un médico, un cirujano que opera muy bien y de primera el enfermo le marcha bárbaro hay que pagarle muy bien, pero hoy aquel al que el enfermo no le marcha bien y lo tiene que reoperar cobra cuatro veces más que el que operó muy bien. Eso es algo que he planteado en todos lados y nadie me contesta, pero esto no se cambia. Médicos que tienen buena performance, se puede medir.

Algo sencillito: si va un hipertenso a la consulta, todas las veces le toman la presión y todas las veces le dan consejo nutricional. A ese médico, que registra la presión cada vez que el hipertenso va, hay que retribuirle el buen nivel de atención que está dando. Porque en las auditorías que hemos hecho por el ministerio hemos encontrado que solamente el 25% de las veces que un hipertenso va a la consulta la presión está bien consignada en la historia clínica. Esto, además, es una función que el ministerio no cumplía, que está empezando a cumplir y que debe cumplir mucho más, que es la rectoría del sistema. Acá ha habido también un ausente, que es quien debe tener una rectoría para que todas estas cosas cambien.

JI – Yo le recomiendo a la gente que, si puede, adquiera este libro, porque lo leí y me parece que aporta cosas interesantísimas. Se llama “Guía de cuidados del paciente de alta del CTI“, básicamente son consejos para familiares y personas que cuidan a esos pacientes después de que salen de un centro, no tiene nada que ver con el trabajo directamente de los médicos, sino lo que se puede hacer para mejorar la calidad de vida. Trae un montón de consejos sobre la relación que hay que tener, cómo encarar las cosas, cómo encarar los momentos críticos, de angustia, cómo pararse ante eso, qué cosas decir. Trae muchísimos consejos que son realmente importantes para esos momentos tan delicados.

HB – Del grupo que trabajó en el libro yo soy el que menos hizo, simplemente los he apadrinado. El grupo que ha trabajado hace una policlínica para estos pacientes en el Hospital Maciel desde hace más de tres años y lo hace en forma gratuita, no cobra. Todavía hay gente en la medicina que pone la relación con el paciente por delante. Todavía tenemos muchas cosas para salvarnos y salir de toda esta situación.

Espectador – José Irazábal – Transcripción: María Lila Ltaif – Leer la nota completa

Archivado en:Inicio » Legales, derechos, amparos, leyes » Pacientes por la seguridad del paciente » En el 80% de los errores médicos está implícito el diseño del sistema


RSSComentarios (0)

Trackback URL

Comentarios Cerrados.