Depresión, y tratamiento de la hepatitis C

 

Depresión, un efecto secundario del tratamiento de la hepatitis C
  

Los enfermos de hepatitis C con riesgo de sufrir una depresión suelen quedarse fuera del tratamiento. Establecido como un efecto secundario del interferón -se da aproximadamente en un 20% de los casos- este trastorno psiquiátrico a menudo impide el seguimiento o incluso el inicio de la terapia. Como posible solución, un grupo de expertos españoles plantea la inclusión de fármacos antidepresivos.

La aparición de este problema psiquiátrico “a menudo provoca el abandono de la terapia y, con ello, de las posibilidades de cura”, declara a ‘elmundo.es’ Ricard Solá, jefe de la sección de hepatología del hospital del Mar y profesor titular de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Solá es uno de los 4.000 expertos en hepatología que se dieron cita en París -entre los días 13 y 17 de abril- con motivo de la ’40ª Reunión Anual de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado’. Además es uno de los especialistas que, desde hace algún tiempo, están llevando a cabo un ensayo clínico en pacientes sin historial depresivo pero con probabilidad de sufrir un primer episodio bajo los efectos del interferón.

Un ensayo español

“El trabajo se inició en el Hospital Germans Trias i Pujol (Barcelona) y ahora se han incorporado otros centros de la geografía española, como el Hospital del Mar (Barcelona). Se decidió aplicar tratamiento preventivo -generalmente inhibidores de la serotonina- a los pacientes con riesgo de tener un depresión, de forma simultánea a la terapia con interferón”, explica este hepatólogo.

“Hasta hace poco la norma era no tratar a los individuos con este riesgo […] Pero los resultados que estamos obteniendo indican que las personas -que reciben los antidepresivos- hacen el tratamiento a dosis plenas y durante un tiempo adecuado”, subraya Solá.

El especialista va más allá y recomienda el tratamieno a los individuos que hayan sufrido o sufran una depresión: “Que intenten acudir a un centro en el que los hepatólogos trabajen con psiquiatras. No se puede hacer de cualquier forma, hay que ir con cautela. Tiene que ser un trabajo conjunto y el hepatólogo debe dejarse aconsejar por el el psiquiatra o el psicólogo”.

Un tratamiento personalizado

La clave está en personalizar el tratamiento y en apoyar al enfermo. “Nuestro equipo de la unidad de atención al paciente con hepatitis C del hospital del Mar está formado por un hepatólogo, dos enfermeros, un psicólogo y un farmacéutico. Nos adaptamos a los horarios de los pacientes, estamos encima de ellos, los enfermeros les informan, el psicólogo pasa los cuestionarios, el farmacéutico controla las dosis adecuadas del tratamiento…”, señala Solá.

En cuanto a los casos de suicidio de los que se han hecho eco algunos ensayos, este médico afirma que “se trata de casos aislados, que se dan en muy pocas ocasiones y que no responden a un perfil determinado”.

Y añade que “es fundamental tratar llevando una vigilancia […] Es muy importante el tratamiento psicológico ya no sólo para la depresión sino para otro tipo de problemas que pueden aparecer y que se lo hacen pasar mal al paciente. Se trata de curar a la gente y que no sufran durante el proceso”.

Además de intentar paliar las consecuencias de la depresión, el ensayo pretende adentrarse en lo que causa dicho trastorno. De esta forma, se están tratando de identificar los marcadores genéticos y el modo exacto en que actúa el virus, en su relación con el trastorno depresivo.

“El interferón pegilado alfa 2a da menos depresión en los pacientes infectados por el virus de la hepatitis B que por el C. Es el mismo tratamiento por lo que este efecto secundario podría guardar relación con el propio virus… Es algo que no sabemos todavía”, concluye este experto catalán.

MARÍA SAINZ

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