Cómo disminuir la tasa de errores médicos

  • Casi un 43% de los errores médicos podría evitarse, según el Ministerio de Sanidad
  • Uno de los grandes enemigos de la seguridad del paciente es la falta de comunicación
  • En recién nacidos, el 27% de los fallos está relacionado con el uso de fármacos

CRISTINA G. LUCIO | MARÍA SÁNCHEZ-MONGE – MADRID.- "La medicina que se practica hoy en día es más compleja que hace 50 años. Es mucho más efectiva, pero también implica más riesgos". Todos los especialistas consultados por SALUD coinciden en señalar que, como en cualquier otra profesión, los errores son inevitables en la asistencia sanitaria. De hecho, los efectos adversos relacionados con la atención médica son relativamente frecuentes. La mayoría no provoca consecuencias graves para el paciente, pero unos pocos logran acaparar las portadas de todos los medios de comunicación, como ha ocurrido esta semana con el "terrorífico error" que llevó a la muerte a Rayan, tristemente famoso por ser el hijo de la primera víctima mortal por el virus A/H1N1 en España.

Pretender la eliminación completa de los fallos médicos es un objetivo ingenuo. Errar es humano y, por lo tanto, las equivocaciones son inherentes al desarrollo de toda profesión. Sin embargo, más allá de lo inevitable, es posible reducir y minimizar al máximo el riesgo de error a través de distintas estrategias de prevención. La puesta en marcha de planes de mejora de la seguridad del paciente se ha convertido en un objetivo internacional que también comparten las autoridades sanitarias españolas. Además del desarrollo de protocolos de actuación, la difusión de nuevas tecnologías útiles en el ámbito sanitario o la recomendación de estrategias efectivas, los expertos siguen haciendo hincapié en la necesidad de una buena comunicación.

Registro sistemático de los errores

Cuando se produce un error como el que ha acabado con la vida de Rayan, lo más importante no es conocer quién ha sido el culpable, sino por qué ha sucedido. Este es el espíritu que reina en la Sección de Neonatología que dirige Adolf Valls i Soler en el Hospital de Cruces de Barakaldo (Vizcaya). Su equipo es uno de los pocos en España que registra sistemáticamente todos los incidentes que ocurren en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) Neonatal. "Cuando alguien ve que algo no funciona como debería, por nimio que sea el problema, lo comunica", explica el especialista.

Los datos recogidos a través de este mecanismo de notificación voluntaria se trasladan cada año al sistema vasco de salud (Osakidetza). El grupo de Valls i Soler conoce las iniciativas de otros hospitales españoles con los que se relaciona profesionalmente, pero no hay estadísticas oficiales del conjunto de España, ya que no existe un registro nacional de errores en las UCI neonatales. El experto atribuye esta carencia a "la filosofía de buscar culpables" que impera en nuestro país. Aunque el Ministerio de Sanidad posee mecanismos de notificación de efectos adversos de medicamentos y otros problemas, lo cierto es que, tal y como reconocen los sanitarios que trabajan sobre el terreno, muchos contratiempos quedan ocultos.

Las equivocaciones por una caligrafía poco clara en la prescripción o la confusión entre dos fármacos con denominación similar pueden ser desastrosas para los recién nacidos. "Son pacientes tan chiquitos y vulnerables que cualquier pequeño error tiene en ellos unas consecuencias mucho más graves que en los adultos", señala Valls i Soler.

Es posible reducir y minimizar al máximo el riesgo de error a través de distintas estrategias de prevención

José Luis Cobos, subdirector del Gabinete de Estudios del Consejo General de Enfermería, agrega que, dentro de los errores relacionados con los fármacos y la alimentación, confundir la vía de administración -el fallo que provocó la muerte de Rayan- no es de los más corrientes, pero se ha registrado en otras ocasiones, tanto en adultos como en niños. "Conocemos el caso de un hombre al que se le suministró por vía intravenosa alimentación enteral [la que debe administrarse directamente al aparato digestivo]. Salió adelante gracias a una diálisis urgente", comenta el experto. El rescate de los bebés es mucho más difícil.

Según Cobos, en los prematuros ingresados en la UCI "el peligro puede ser hasta tres veces superior al de los adultos". La presidenta de la Sociedad Española de Enfermería Neonatal, María García Franco, aclara que, aunque los efectos se multipliquen, "en las UCI neonatales no se producen más fallos que en otras unidades". Además, subraya que "en la mayoría de los casos se trata de incidentes que no llegan al error; se detectan antes porque hay muchos filtros previos. Es muy raro que se produzcan secuelas graves en los bebés".

Un estudio sobre equivocaciones en neonatales

Un estudio publicado recientemente en ‘Archives of Disease in Childhood’, llevado a cabo por investigadores holandeses sobre una muestra de casi 5.000 incidentes, revela que las equivocaciones en las UCI neonatales son mucho más habituales de lo que se pensaba. Entre 2002 y 2004, la implantación en Holanda de un procedimiento de declaración voluntaria mostró una tasa de 13 incidentes por cada 100 admisiones de pacientes recién nacidos.

Según los resultados de este trabajo, los problemas relacionados con los fármacos representan el 27% del total. A continuación se sitúan los que tienen que ver con actuaciones que se llevan a cabo en el laboratorio y, en tercer lugar, los asociados a la alimentación enteral.

Los fallos más graves eran, no obstante, mucho menos usuales, y se referían a los aparatos de respiración asistida, los derivados de la sangre que se aplicaban a los pequeños, los catéteres intravenosos y la alimentación dirigida al torrente sanguíneo (parenteral). La equivocación de la vía de administración de fármacos o alimentos se produjo en 52 casos, lo que supone un 1,2% de los errores. Sólo se registraron dos muertes y pocos daños graves, pero las consecuencias podrían haber sido mayores en buena parte de los bebés.

Registros

En los adultos, los fallos más comunes tienen que ver con infecciones, problemas relacionados con la medicación y los procedimientos que se emplean en el cuidado del paciente. La gran mayoría, tal como subrayan los especialistas, no provoca consecuencias graves y se queda en una pequeña confusión de las dosis o en una úlcera postural.

Se estima que en torno al 9% de los pacientes que ingresan en un hospital sufre un evento adverso relacionado con la atención sanitaria, una cifra similar a la registrada en países como Canadá, Francia, Reino Unido o Dinamarca. Sin embargo, casi un 43% de estos errores podría evitarse, según han puesto de manifiesto los datos del Estudio Nacional de Efectos Adversos (ENEAS), promovido por el Ministerio de Sanidad.

Todos los especialistas consultados por SALUD coinciden en señalar que las equivocaciones son consustanciales a cualquier actividad humana y la práctica sanitaria, con toda su complejidad, no es ajena a esta norma. Sin embargo, también reconocen que se puede minimizar al máximo las posibilidades de fallo.

Desde 2006, se han invertido 38 millones de euros en proyectos que impulsan y evalúan prácticas seguras

"En la genealogía de los errores siempre hay un sistema que no está lo suficientemente organizado y estructurado", señala Joaquim Bañeres, vicepresidente del Instituto Universitario Avedis Donabedian, un centro asociado a la Universidad Autónoma de Barcelona, que colabora con distintos organismos públicos y privados para impulsar la seguridad de los pacientes. La clave para reducir al máximo las probabilidades de error está, según sus palabras, en alcanzar sistemas lo suficientemente robustos que permitan que sea algo anecdótico.

Coincide con su punto de vista Carlos Aibar, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Zaragoza y uno de los autores del estudio ENEAS. Según este experto, uno de los grandes enemigos de la seguridad del paciente es la falta de comunicación. "Cuando uno indaga un poco, descubre que es una de las causas subyacentes más importantes", indica .

La mejora de la transmisión de información entre profesionales es, precisamente, uno de los puntos que señala este año el Plan de Calidad del Ministerio de Sanidad, un programa que desde 2006 recoge estrategias específicas para mejorar la seguridad del paciente. Desde su puesta en marcha y a través de convenios con las comunidades autónomas, se han invertido 38 millones de euros en proyectos que impulsan y evalúan prácticas seguras.

Iniciativas de Sanidad

En línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, este año las iniciativas de Sanidad están orientadas a prevenir las infecciones relacionadas con la asistencia y a reducir el riesgo de efectos adversos asociados al uso de medicamentos, cirugía, cuidados del paciente, atención de madres y recién nacidos y, como se señaló anteriormente, los errores debidos a la falta de comunicación.

Estos convenios han permitido que numerosos centros del país hayan desarrollado sistemas de prescripción electrónica -una iniciativa que elimina en gran medida el riesgo de error asociado a la elaboración de recetas a mano- o la implantación en los quirófanos de ‘check lists’ que permitan comprobar de forma rápida y sencilla que todo el procedimiento se realiza de forma correcta.

"El objetivo es difundir las prácticas cuya eficiencia ya se ha comprobado e identificar nuevas iniciativas que favorezcan la seguridad", explica Concha Colomer, subdirectora general de la Oficina de Planificación Sanitaria y Calidad del Ministerio, quien avanza la próxima creación de una base de datos que permita la puesta en común de estas prácticas entre profesionales.

Hoy, muchos procesos de investigación de un evento grave terminan con la identificación de un culpable

Entre otras estrategias, Sanidad también está preparando un sistema nacional de notificación de todos los efectos adversos, no sólo relacionados con los fármacos. Esta herramienta, que ya existe en países como Dinamarca o Reino Unido, no pretende tener un carácter punitivo, según remarca Colomer, sino "establecer las bases para que aprender cualquier error sea posible". Todavía en fase piloto, comenzará a probarse a partir de septiembre en dos comunidades autónomas aún por decidir.

Carlos Aibar reconoce que registros como el citado pueden ser muy útiles, pero advierte que su puesta en marcha no es sencilla. "Hay que establecer cómo se va a gestionar la información recibida y cómo va a poder ser utilizada por el profesional. Además, es fundamental garantizar la confidencialidad y que no se va a perseguir al que señale un error", apunta.

Según indica este experto, hoy en día, muchos procesos de investigación de un evento grave terminan con la identificación de un culpable. "Al margen de las implicaciones legales, es necesario analizar por qué se ha producido ese fallo y plantear las medidas para evitar que se vuelva a producir".

En este sentido, subraya que, en la mayoría de las ocasiones en las que el error conlleva un daño importante para el paciente, el profesional es una segunda víctima. "No hay nadie que quiera equivocarse adrede. Pero todo el mundo comete errores".

El Mundo – 17 julio 2009 – Leer la nota completa

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