Cirrosis hepática es la primera causa de muerte en la población chilena entre los 45 y 60 años

  • Principalmente por abuso de alcohol, hepatitis, sobrepeso y obesidad

Por María Victoria Massardo – La cirrosis hepática, enfermedad crónica e irreversible del hígado derivada de una agresión externa, tiene un alto impacto en la salud de los chilenos. Según datos del Ministerio de Salud, ocasiona cuatro mil defunciones al año, liderando las tasas de mortalidad a nivel latinoamericano, y es la primera causa de muerte entre los 45 y los 60 años.

¿La razón? De acuerdo a un estudio multicéntrico realizado el año pasado en nueve hospitales y clínicas del país, donde se estudió a 3.153 pacientes con esta patología, se demostró que el origen de esta situación es por abuso de alcohol (39% del total), seguido de la hepatitis por virus C (14%), hepatitis autoinmune (10%) y el hígado graso (9%), trastorno que se presenta en personas obesas, diabéticas y con factores de riesgo cardiovascular.

En dicha investigación, el 52% de los pacientes eran hombres y el promedio de edad de los enfermos era de 58 años.

Detener a tiempo

En la medida que la cirrosis avanza el paciente comienza a sentir una serie de molestias como decaimiento, baja de peso, coloración amarillenta de los ojos y piel, entre otros síntomas (ver infografía).

El problema es que una vez que se presentan dichas complicaciones, la sobrevida del paciente va disminuyendo progresivamente y muchos fallecen en los siguientes 3 a 5 años de realizado el diagnóstico en esta fase, asegura el doctor Rodrigo Zapata, presidente de la Asociación Chilena de Hepatología.

Por eso, es fundamental la detección y prevención precoz, acota. “Hay que quitarle la connotación estigmatizante que ha tenido en Chile esta patología  y recordar que de cada 100 cirróticos en Chile más del 60% no son por ingesta de alcohol, sino por otras causas que también se pudieron haber prevenido o eventualmente tratado a tiempo“, dice el especialista quien también es gastroenterólogo de Clínica Alemana, Universidad del Desarrollo y Hospital Salvador.

Es recomendable que la población se realice chequeos de salud con perfiles bioquímicos, ya que estos exámenes son capaces de detectar alteraciones que reflejan daño hepático.

El mejor  tratamiento es la prevención de la enfermedad, enfatizan Ismael Correa y Carolina Heredia, de la unidad de gastroenterología de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes. “De no haber sido posible evitar la cirrosis, el siguiente paso es tratar las complicaciones que son la aparición de líquido en la cavidad abdominal (ascitis) y la rotura de las várices. Si a pesar de todas estas medidas no se logra detener o compensar la enfermedad, se puede trasplantar el hígado por uno sano“, aseguran.

Sin duda el llevar una vida saludable constituye el pilar del tratamiento, sostiene el doctor Carlos Rodríguez, gastroenterólogo y cirujano endoscópico digestivo de Clínica Vespucio. La idea es que el paciente realice deportes, tenga una dieta equilibrada, combata el sobrepeso y evite las situaciones de riesgo de hepatitis como el uso de drogas tóxicas y el alcohol en exceso.

Más educación y difusión

Aún falta mucho por hacer para combatir este mal y reducir las altas tasas de cirrosis en Chile, por ello, es necesario una educación masiva sobre lo dañino que puede ser el alcohol, ciertas drogas y algunas conductas de riesgo de enfermedades contagiosas que son prevenibles como la hepatitis B y C, destaca el doctor Zapata.

Además hay un trecho que caminar en torno al acceso equitativo al trasplante, que hoy salva cerca de 80 personas al año con enfermedades hepáticas terminales. Por cada diez personas que se enlistan para trasplante, tres fallecen a consecuencia del largo período de tiempo que hay que esperar para recibir un órgano, explica el experto.

Hay en curso una ley que puede aumentar la donación, pero se necesita una mayor voluntad política, financiamiento adecuado, mejor infraestructura hospitalaria, mayor difusión  del problema a nivel de prensa, hospitales, policlínicos, colegios y universidades, entre otras entidades, afirma el doctor Zapata. “Los trasplantados pueden volver a hacer una vida normal y esta terapia sin duda es salvadora para cirróticos muy avanzados“, dice.

Diario Financiero – 18 agosto 2009 – Nota completa

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Comentarios (3)

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  1. Oswaldo Rangel dice:

    En Guatemala también es una patología alarmante. Empieza desapercibida con el hígado graso que no da síntomas. El paciente empieza a tener los síntomas cuando a avanzado a una esteatohepatitis (hígado graso con inflamación) y muchas veces, sin dieta y sin terapia farmacológica, el daño avanza a fibrosis y finalmente cirrosis. Creo que no sólo chile sino latinoamérica tiene un problema sanitario enorme con el hígado graso.