Activistas tailandeses demandan tratamiento anti Hepatitis C para los pacientes con VIH

Tailandia – La terapia para tratar la coinfección por VIH y el virus de la hepatitis C (VHC) en Tailandia tiene mucho sentido desde el punto de vista económico, argumenta Noah Methany en un documento político publicado por el Grupo Tailandés de Acción sobre Tratamientos del Sida (TATAG, en sus siglas en inglés)

El documento subraya la crisis de salud pública que supone la coinfección por VIH y VHC entre los usuarios de drogas inyectables (UDI) en Tailandia y recomienda que el Gobierno local ayude a detener y revertir esta doble epidemia.

Aunque Tailandia presume de un sistema sanitario universal que proporciona atención médica a todas las personas sin ningún tipo de discriminación, los pacientes con VIH coinfectados por VHC, especialmente los que fueron o son UDI, se encuentran con barreras únicas para obtener un tratamiento eficaz, señala el autor.

La mejora del acceso a la terapia antirretroviral en países de ingresos bajos y medios ha aumentado la esperanza y calidad de vida de las personas que viven con VIH. Sin embargo, en la actualidad, muchas se encuentran lidiando con otros problemas crónicos de salud, como por ejemplo la hepatitis C.

La hepatitis C, una infección viral sanguínea, se propaga con facilidad al compartir el material para inyección de drogas y afecta de forma desproporcionada a los usuarios de drogas inyectables.

El VHC se transmite cuando la sangre de un paciente infectado entra en contacto con el flujo sanguíneo de otra persona por cualquier medio. A diferencia del VIH, el virus de la hepatitis C puede sobrevivir fuera del cuerpo durante largos períodos de tiempo, lo que hace que su capacidad de infección sea diez veces mayor que la del virus de la inmunodeficiencia humana, indica Methany.

El virus de la hepatitis C es la principal causa de enfermedad hepática en el mundo. Puede progresar de forma silenciosa de fibrosis (una cicatrización ligera del tejido del hígado) a cirrosis (un grado elevado de cicatrización). Las personas con cirrosis corren un riesgo superior de sufrir cáncer o fallo hepático. Los pacientes con VIH tienen un sistema inmunitario más débil, por lo que el VHC progresa con mayor rapidez que en el caso de los que no tienen el virus de la inmunodeficiencia humana.

La enfermedad hepática terminal se está convirtiendo en una causa cada vez más importante de muerte entre las personas con VIH. Además, Methany subrayó: “El VHC complica el tratamiento anti-VIH, ya que puede llegar a triplicar el riesgo de padecer toxicidad hepática relacionada con los antirretrovirales“.

Existe una ausencia general de conciencia de la enfermedad entre la comunidad médica, así como entre las personas en situación de riesgo. El diagnóstico, manejo y tratamiento son complejos y costosos, y se consideran las principales barreras para mejorar el acceso al tratamiento.

“Resulta increíblemente irónico que hayamos cambiado de forma drástica el pronóstico del VIH (una enfermedad que actualmente es incurable) sólo para ver cómo las personas coinfectadas fallecen por complicaciones con la hepatitis C, una enfermedad que sí podemos curar“, declaró Tracy Swan, del Grupo de Acción en Tratamientos (TAG) de Nueva York [EE UU], la editora del documento.

Los UDI pueden también enfrentarse a otros problemas a la hora de intentar acceder a la atención médica, como la denegación del tratamiento, o la discriminación en el mismo, así como la falta de confidencialidad.

La OMS calcula que el 3% de la población mundial, es decir, unos 180 millones de personas se han infectado por VHC, y otros tres o cuatro millones se infectan cada año, muchas de las cuales no son diagnosticadas.

Este organismo de Naciones Unidas estima que en el sudeste asiático viven 32,3 millones de personas con VHC. Se presume que entre dos y nueve millones de UDI viven en la región Asia-Pacífico, de los que unos 750.000 estarían infectados por el VIH. Pese a que hay pocos estudios epidemiológicos sobre la prevalencia de la coinfección por VIH y VHC en Asia, se considera que el 60-90% de los usuarios de drogas inyectables tienen el virus de la inmunodeficiencia humana.

Según datos de la OMS y ONUSIDA, un total de 610.000 ciudadanos tailandeses viven con VIH/sida. Se calcula que entre el 5 y el 10% adquirieron el virus por el uso de drogas inyectables y al menos la mitad de todos los UDI de Tailandia tienen VIH/sida.

La Asociación Internacional para la Reducción de Daños calcula que hasta el 90% de los usuarios de drogas inyectables tailandeses se han infectado por VHC, señala Methany.

Para determinar la infección por VHC es necesario aplicar un proceso que consta de dos pasos. La primera parte consiste en una prueba de anticuerpos que evidencia si una persona está infectada, o si lo ha estado. En caso positivo, es necesario realizar una prueba de carga viral para determinar si la infección es crónica o no. También es preciso conocer los niveles de enzimas hepáticas para poder monitorizar a las personas infectadas por este virus. La duración del tratamiento viene determinada por los resultados de las pruebas genotípicas. Methany indica que aunque hay por lo menos seis versiones genéticamente diferentes del virus de la hepatitis C, los genotipos 1, 3 y 6 son los más habituales en Tailandia.

Hoy en día, el estándar de cuidado consiste en un tratamiento de entre tres y doce meses con una combinación de dos fármacos, interferón pegilado (IFN-PEG) y ribavirina (RBV). A pesar de que en general la tasa de éxito del tratamiento es del 50%, la respuesta varía de un paciente a otro y está relacionada con el genotipo del virus.

Ribavirina está disponible como fármaco genérico, mientras que las dos versiones de interferón pegilado aún están sometidas a patente. Los costes actuales del tratamiento de la hepatitis C suponen, aproximadamente, 38.000 dólares por un ciclo de 48 semanas de tratamiento, lo que es prohibitivo para muchos sistemas sanitarios. En Tailandia, estos fármacos no están disponibles en la Lista Nacional de Fármacos Esenciales, por lo que no están incluidos en el programa de cobertura universal del país.

A modo de réplica respecto a los argumentos relativos a que el tratamiento de la coinfección por VHC y VIH en Tailandia resulta tan caro, los autores citan dos estudios que evidenciaron que la terapia de las personas con ribavirina e interferón pegilado era rentable y aumentaba la esperanza de vida.

Los investigadores demostraron que tratar a los pacientes tailandeses con VHC (genotipos 2 y 3), en comparación con no darles ningún tratamiento, supuso un ahorro a lo largo de su vida de 556.862 baht (16.784 dólares). Noah Methany argumenta que no sólo es la obligación constitucional y moral del país de proporcionar tratamiento a los pacientes con VHC, sino que también tiene sentido desde el punto de vista económico.

Methany propone las siguientes recomendaciones políticas para abordar los problemas a los que se enfrentan los tailandeses que son (o fueron) usuarios de drogas inyectables y están coinfectados por VIH y VHC.

· Ampliar de forma inmediata los programas de reducción de daños basados en pruebas que promuevan el acceso a material de inyección limpio o jeringuillas estériles, que prevengan nuevos casos de infección por VHC.

· Aumentar el apoyo a la implicación de la sociedad civil tailandesa en las campañas de sensibilización sobre el VHC mediante la promoción del desarrollo de capacidades y la educación de activistas, pacientes, proveedores de atención sanitaria y artífices de políticas.

· Proporcionar acceso universal a la prueba gratuita del VHC y ofrecer pruebas diagnósticas de seguimiento de forma rutinaria a los UDI que den positivo al VIH.

· Ofrecer una recopilación de datos a escala nacional sobre la incidencia y prevalencia del VHC entre las personas tailandesas con VIH/sida.

· Incluir el interferón pegilado y la ribavirina en la Lista de Medicamentos Esenciales de Tailandia y la OMS.

· Desarrollar directrices nacionales en tailandés a partir de las mejores prácticas internacionales sobre el tratamiento y atención del VHC.

· Aumentar el apoyo político a la Organización Farmacéutica Gubernamental (GPO, en sus siglas en inglés) tailandesa para que pueda elaborar versiones genéricas de interferón pegilado y ribavirina.

· Aumentar el apoyo político para que las autoridades gubernamentales tailandesas puedan aplicar las flexibilidades legales de los acuerdos TRIPS (tales como las licencias obligatorias y la importación paralela) para poder acceder a un tratamiento anti-VHC más económico.

AIDSMAP – octubre 2010 – Nota completa

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